Fray Tomás, unas islas encantadas y el lagarto de Berlanga.

Paul Bettany, el gran actor británico, exclamaba evocador ‘¡…las encantadas…!‘ -así, en español- en una inolvidable secuencia de la película Master & Commander.
-¡….Las Encantadas…! -suspiraba.
Se refería a las Islas Galápagos, oficialmente Archipiélago Colón y extraoficialmente, ‘Las Encantadas’ (como las mencionan todos los navegantes del Universo) que fue la expresión que usó el primer ser humano que divisó desde el mar las fantásticas siluetas del archipiélago envueltas en jirones de niebla.
-¡Oh! ¡Mirad! ¡Islas encantadas!
Este (excepcional) ser humano fue el humanista español Tomás Martínez (o Enríquez) y hoy -y ya para siempre- Fray Tomás de Panamá (o también ‘de Berlanga’, según en qué lado del charco nos encontremos), uno de los tíos más salaos y más bragados también (y más desconocidos) de todo el ‘santoral histórico’ español. En 1535 navegaba el buen Tomás desde Panamá rumbo al puerto de El Callao en misión especial encomendada directamente por el propio Emperador Carlos V, cuando su barco, arrastrado por la entonces desconocida corriente de Humboldt, penetró en el Pacífico y llegó a una tierra mágica y desconocida, ‘Las Encantadas’ , doscientos noventa y nueve años y unos meses antes, exactamente, de que lo hiciera -ya adrede y con intención- el británico Darwin.

Fray Tomás, recordado en la parte vieja de Ciudad de Panamá.

Es rara la suerte de las Islas Galápagos desde que empezaran a irrumpir en la superficie del mar hace unos pocos millones de años (prácticamente a la vez que, al otro lado del mundo, un antropoide se ponía derecho y se echaba a caminar en dos patas). Y digo rara porque si ‘Las Encantadas’ han visto, por un lado, a los humanos cometer mil tropelías que han puesto en peligro la naturaleza del enclave -tanto geológica como biológica- también han visto como dos seres humanos first quality, el naturalista Sir Charles Darwin y el humanista Fray Tomás de Berlanga, subrayaban la originalidad de tan apartado rincón del planeta después de haber pisado su negra arena volcánica contribuyendo con sus observaciones a preservarlo.

Fray Tomás de Berlanga
N.  1487    † 1551 en Berlanga de Duero, Soria (España)
3º Obispo de Tierra Firme – Castilla del Oro (Panamá) 1534

Precursor del Canal Interoceánico (carta al emperador Carlos I) • Introductor del cultivo del banano en Centroamérica y la isla Española • Descubridor de las Islas Galápagos

Programa de UNESCO
Los jóvenes de la Ruta Quetzal Argentaria
1999 – Año de la reversión del Canal de Panamá.

Y es que, en efecto, en fecha tan temprana como 1535, el entendimiento abierto y curioso del Señor Obispo de Tierra Firme, Fray Tomás de Berlanga, supo discernir ante el paisaje de ‘Las Encantadas’ un lugar bien distinto a cualquier otro, y que si no era el Paraíso se le parecía mucho, como hizo saber a su señor natural, el mismísimo Emperador de toda la cristiandad, en dos folios manuscritos que constituyen la más antigua referencia al archipiélago que existe, incluída una descripción de su especialísima fauna -”… lobos marinos y tortugas y galápagos tan grandes, que llevaba cada uno un hombre encima, y muchas iguanas, que son como sierpes (…) muchas aves de las de España, pero tan bobas, que no sabían huir…”- así como su situación y coordenadas. Esta carta delata a Fray Tomás de Berlanga como persona curiosa, leída y de mérito, características  corroboradas por otros muchos detalles de la biografía fascinante del primer occidental que vió -y describió- pingüinos (ya para siempre ‘pájaros bobos’).

La gran aventura de Tomás Martínez (1487-1551) -que durante sus años de formación en Salamanca no pudo imaginar el singular destino que Nuestro Señor le tenía reservado- comienza en tierras de la actual provincia española de Soria, en una familia de labradores castellanos incrustada cultural y mentalmente (y cronológicamente también) en la Baja Edad Media, allá por los los años de la toma de Granada. Es importante entender esto para calibrar la aventura geográfica e intelectual de este soriano emérito.  Cuando el 1 de marzo de 1493, La Pinta volvió de su aventura y atracó en la boca de la Ría de Vigo, Tomás era un chiquillo de seis años que no oyó el caballo del correo que, proveniente de Vigo, atravesó al galope los campos de su pueblo, río arriba, buscando los pasos del Moncayo para saltar al Ebro. Cuando este correo llegó por fin a Barcelona, donde se encontraban los Reyes de entonces, los Reyes Católicos, abuelos del Emperador Carlos, cambió de arriba a bajo la vida de Tomás, la historia de España y el destino del Mundo entero.

Sólo diecisiete años después, en 1510, Tomás se embarcaba para América ordenado dominico y ya como Fray Tomás. Tenía 23 años de edad y una curiosidad loca. A lo largo de los treinta años siguientes llegó a ser nombrado Obispo de Tierra Firme, ordenó a su discípulo y amigo Bartolomé de las Casas, impulsó la agricultura, creó mecanismos de apoyo social y medió como hombre bueno -a petición de Carlos V- entre Pizarro y Almagro, en Perú. Entre medias descubrió y describió las Islas Galápagos, como recuerda el sencillo y simpático bronce que recientemente le han dedicado en su pueblo, Berlanga de Duero, al pie del castillo.

Tuvo que ser Fray Tomás un tío grande, uno de esos personajes renacestistas, anteriores a la contrarreforma, curiosos, cultos y abiertos a todo. Aparte de que descubrió las Islas Galápagos,  en la wiki anglosajona no se cuenta nada más. Por ejemplo, que entre los escritos y dibujos de Fray Tomás también se encuentra una intuición, una posibilidad y un sueño: los más antiguos cálculos y especulaciones sobre el Canal de Panamá de que se tiene noticia. Fray Tomás recorrió mil veces el istmo (que se encontraba dentro de los límites geográficos de su obispado) y de su puño y letra dibujó y conjeturó hasta el límite de lo posible y lo realista un paso de agua que comunicara ambos oceános.

Pero lo que realmente le ha dado la inmortalidad y ha mantenido vivo su recuerdo y su veneración hasta hoy entre las buenas gentes de Berlanga no son estas tonterías, no, sino, señoras y señores, el Lagarto de Berlanga.

Un caimán.

Sí, el Lagarto de Berlanga, o Lagarto de Fray Tomás, un caimán de más de tres metros que llegó a a Soria hace cuatrocientos años y cuyos restos se visitan y aún se veneran en Berlanga de Duero, donde se conservan la piel y la espléndida calavera.

  • El ‘Lagarto de Berlanga’ pende en la pared principal de la Colegiata de Berlanga de Duero exactamente igual que desde mediados del siglo XVI. En 2006 se descolgó y viajó a Madrid, donde los hábiles y prestigiosos taxidermistas del Museo de Ciencias Naturales supieron devolverle su esplendor original.

Cuando con cincuenta años cumplidos, y más de treinta de servicio en América, el buen Fray Tomás renunció a todo y se volvió a su pueblo, que debía añorar más que nada en el mundo, se llevó con él una parte de aquel trópico al que había consagrado su vida bien lejos de casa y que llevaría ya siempre grabado en el corazón.

Un autentico caimán vivo de los manglares de las selvas centroamericanas que medía cerca de cuatro metros y que dejaría constancia de lo mucho que el buen Tomás Enríquez había viajado y había visto más allá de los mares, en tierras bien distintas de aquellas castellanas que, bajo un cielo luminoso y despejado, le habían visto nacer. Y es que una imagen, una sola imagen eficaz y contundente, vale más que las mil palabras de un viejo cansado relatando lejanas batallas perdidas.

-Yo medié en el Perú entre Almagro y Pizarro, amigo mío. Yo era la mano derecha del César Carlos y lejos de aquí, donde da la vuelta el aire, he visto tortugas como caballos de grandes.

Pero allí, en mitad de Castilla, las Islas Encantadas no le importaban a nadie. ’Vale, sí, ya, ya, Fray Tomás’. En cuanto a Diego de Almagro y Francisco Pizarro, terminaron por ensangrentar el Tahuantinsuyo con una guerra civil imbécil, feroz y sin cuartel.

Tanto viaje para nada.

Eso sí (y a cada uno, lo suyo): el caimán tuvo que ser la sensación de toda la ribera del Duero, desde Aranda hasta Almazán, y dejaría claro entre las buenas gente del ‘alto llano’ que el mundo era ancho, grande y estaba lleno de cosas: en fin, que no se acababa en Berlanga. Tanto que el eco de su leyenda llega aún hasta nosotros cruzando el tiempo. Por desgracia, el caimán añoraba la húmeda y sombría paz que lo cobijaba en las selvas del trópico y un buen día se murió de pena o, más prosaica y probablemente, de frío y sequedad, y hasta de hambre. Conscientes los berlangueses de que, por más y mejor que lo contaran, no les creería nadie, se aprestaron a conservar los restos del lagarto de indias de la mejor manera posible. Y de esta manera ha llegado hasta nosotros por encima de guerras, hambrunas y tragedias colgado encima de la puerta principal de la Colegiata.

En tiempos menos casposos que estos, la notable pieza era muy visitada por niños y mayores de toda la comarca, y aún de Soria y de La Alcarria se asegura que venían gentes a admirar los restos del prodigioso animal. Cuando no había zoos ni Félix, National Geographic, Jane Goodal, Walt Disney ni nada, el ‘Lagarto de Berlanga’ era prueba y evidencia de que el mundo es mucho más grande de lo que parece, así como de que alberga numerosos prodigios. Pero sobre todo dejaba claro que Fray Tomás, uno de Berlanga muy listo, los había visto.

Y si uno de Berlanga que se carteaba con el Emperador los había visto, es que iban a misa. Así que, ya sabes, si vas a Berlanga entra en la Colegiata, admira el ‘regalto’ -el ‘lagarto de Fray Tomás’- como varias generaciones de campesinos castellanos vienen haciendo desde hace cuatro siglos. Y después te pasas por ‘El Torero’, en la plaza, que es un pastelero que en tiempos recorrió vestido de plata el albero de los cosos de España -y aún ‘Las Arenas’, en Bilbao, cuyo redondel no es de albero, como todo el mundo sabe- y le pides ‘lagartos de fray tomás’. Entonces te dará muy ufano una caja de galletas deliciosas y muy divertidas con forma de caimán.

Las hace él mismo.

Buen provecho. Y que el optimismo incurable, la mesurada sensatez y la curiosidad sin límites que adornaron a Fray Tomás te acompañen siempre.

Más que nunca necesitamos hoy aquel espíritu

(y aunque Fray Tomás nunca ha sido proclamado santo -ni lo será: demasiado prosaico- desde aquí impetro su guía, su consejo y su sensatez. Guíanos ¡oh sapientísimo -que no beatísimo- Tomás! y que la luz imperecedera de tu talante práctico, diligente y abierto nos lleve a superar tanta dificultad y a viajar eternamente en pos de la verdad.)

  • La sabia historiadora Estrella Figueras sostiene uno de los dulces de ‘El Torero’, de Berlanga de Duero. La doctora Figueras ha entregado su vida a la causa de Fray Tomás y ha identificado el lugar de la isla llamada Floreana donde  desembarcó con los suyos.
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6 respuestas a Fray Tomás, unas islas encantadas y el lagarto de Berlanga.

  1. Siana dijo:

    Jodó, excapitán de la Discovery. Me ha encantado la historia. Es fascinante!!
    Por Dios que algún visitaré esa Colegiata. Y me comeré uno de esos cocodrilos.

    Otra frasebow: Buen provecho. Y que el optimismo incurable, la mesurada sensatez y la curiosidad sin límites que adornaron a Fray Tomás te acompañen siempre.

    Esto para usted, para viajar un poco, y para todos los curiosos, que benditos sean:

  2. bowmanpoole dijo:

    Vaya, me alegro de que te haya gustado. Es Berlanga localidad digna de visitarse (en otoño o primavera). En las proximidades se encuentra la ermita de San Baudelio, enclave chocante y vistoso (y aún mágico, al decir de algunos). Una construcción convencionalmente románica y realmente inclasificable cuyas (espectaculares, a mi juicio) pinturas murales -arrancadas a principios de siglo- pueden verse hoy en el Museo del Prado (casi ná). También está por allí el (pintoresco) ex-enclave ferroviario de La Rasa, donde viera la primera luz don Marcelino Camacho, hijo precisamente de un profesional de los caminos de hierro. Aparte el castillo palacio de Berlanga, una espectacular construcción, que se yo, del siglo XV, lo menos, domina el horizonte del entorno una silueta formidable, la del castillo de Gormaz, a unos cinco o diez kilómtros de allí, la fortaleza con el mayor perímetro del mundo (que se conserva íntegro), omnipresente en el horizonte de aquellos lugares. Auténtico Fort Apache del Califato, inexpugnable posición avanzada en la ribera norte del Duero, fue escenario de formidables batallas (documentadas, algunas, tanto en latín y buen romance como en la lengua arábiga). También fue base para las razzias veraniegas del musulmán durante dos siglos, lo menos. Dato curioso, el lugar se menciona en el ‘Cantar’ pues, ya en poder de los castellanos (que no de los leoneses, gente ruín -como es sabido- y que no se mancha las manos así se las corten) da cobijo en esa narración al bueno de Minaya (Alvar Fáñez) y a sus primas después del miserable asunto del robledal (el caso más antiguo de violencia de sexo del que se tiene noticia en nuestra bienamada patria).
    Total, que vale la pena darse una vueltita por las Tierras de Berlanga, engullir buen chorizo y mejor cecina local -y torreznillos- o unas chuletillas de lechal local, empujado todo con honesto pan de hogaza y remojado con vinillo de la ribera, algo fuertecillo (dicen que levanta el ánimo pero que hace cantar). Por ejemplo, un Dominio de Atauta, que es de la zona, estimula los sentidos y deja secos los bolsillos (anda la botella por los veinte euricos, ahora, juro por dios que los vale la condenada). ¿Y que tal una visita a la celebérrima Casa Vallecas, local de comer al que acuden los más exigentes y resabiados tragones de toda la península y aun de Alemania y por ahí bajan triperos a ponerse morados. Cierto que hay que estirarse y retratarse (id preparando de cincuenta euros para arriba por barba) ahora… jopestes: una fiesta, ya te digo. Un homenaje. Y nada de fifilicheces. Todo con fundamento.
    Ale, adeu. A disfrutar papeando. Y que Fray Tomás nos ilumine a todos.

  3. Siana dijo:

    Aquel paisaje es formidable. Así lo recuerdo yo también…madre mía. El paisaje y los manjares. Me entran ganas de pillar un tren rumbo todo aquello. Pues te voy a contar una cosa, hombre. Cuando estuve en Soria, recuerdo que un atardecer estuve recorriendo las tierras de Berlanga y en un montículo, en un paisaje de aspecto lunar y sin un alma, como el que has descrito, vislumbré San Baudelio de Berlanga. Hacía muchos años que deseaba verlo, desde que la buena de la Ibarturo nos la explicó. La “iglesia” más extraña de Europa, donde tres cultos conviven en un espacio minúsculo. Como estaba cerrada me fui corriendo hasta la caseta del guarda, que en aquel momento comía naranjas, y le supliqué que por favor me abriera la puerta y el buen hombre lo hizo. Y abrió San Baudel en una visita privilegiada sin ningún otro visitante. Me puse a recorrer yo todas las estancias, a escudriñar rincones, hasta dar con el escondite del hermitaño, aquella especie de cueva donde se dice que vivía el santo. Recuerdo que había jirafas pintadas, camellos, y motivos religiosos. Y aquella sala de las columnas que parecía una mezquita en miniatura. Fue fascinante aquel atardecer. Y sí, sin duda alguna, aquel lugar es mágico Bow.

    Muchas gracias por contarnos más cosas comandante.

  4. Pingback: La Virgen y el Dragón (I) | Viajes con mi tía

  5. Homero Berzza Berlanga dijo:

    SOY UN BERLANGA Y QUIERO SABER TODO DEL APELLIDO BERLANGA Y EL SIGNIFICADO EN GENERAL

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