Juana La Maliciosa ¿Las cosas son como pasaron o como las recordamos?

Un amigo ha tenido la ocurrencia de escribir sobre ‘Juana La Maliciosa’ en su blog. Se conoce que nos aprecia (aunque, no sin elegancia, llame ‘tastarra’ al pobrecito Bowman). Las andanzas de la pobre Juana, en todo caso, no parecen haberle disgustado.           Juzguen ustedes.

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‘Juana la Maliciosa’ es la primera novela del debutante David Bowman, alguien a quien conozco personalmente, pero que no ha querido contar gran cosa sobre sí mismo en cuanto a biografía de autor y demás, así que nos saltamos ese paso y nos metemos directamente en el libro que ha escrito. Solo decir que a pesar de ser novato en esto de ser publicado, no es ningún yogurín en cuanto a edad, sino un paisano con vida suficiente a las espaldas, y espaldas suficientes para cargar vida en ellas.

La novela cuenta (y nunca mejor dicho, ya volveremos sobre ello) la historia de Juana Pérez-Acosta Arteaga, una guapa chica de 17 años, de buena familia madrileña (ambos padres médicos), que va pasando de la adolescencia a la juventud… sobre todo en el terreno sexual. Porque sí, señoras y señores, esta novela está catalogada como “erótica”, por ponerle alguna etiqueta editorial, y tiene una buena cantidad de escenas de sexo, narradas con sumo detalle, que aunque en alguna ocasión pueda parecer demasiado abundante, no lo es, ya que cuando van pasando una tras otra, se da uno cuenta de que necesita saber todo eso, y en todo el mencionado detalle, para entender a Juana y su álter ego, Petra. Debido a unas difíciles circunstancias familiares que no hace falta explicar en reseña, a Juana le coincide la edad que tiene con una creciente belleza física que provoca atención hacia ella, y con una soledad, sobre todo interior, que marcan sus primeras relaciones físicas (y puede que las futuras de por vida), así como las vidas de quienes se cruzan con ella.

Una de las grandes peculiaridades de esta novela es la forma en que está contada: se supone que el autor nos cuenta lo que a su vez le contó uno de los hombres de la vida de Juana, durante una larga conversación de sobremesa, tarde, noche, madrugada y amanecer en la terraza de un par de bares en Ibiza. Y esta “forma” (en su significado de “manera formal específica de escribir un texto”) es importante, porque durante la novela no vemos lo que ocurre, sino que nos llegan las cosas tamizadas por el relato de varias personas. En alguna ocasión lo que leemos es lo que el autor recuerda que su contertulio le cuenta que a su vez Juana le contó a él de lo que en realidad le pasó a ella. Es un triple tamiz que le añade varios tonos de subjetividad al relato, y que convierten a la manera en que como seres humanos sabemos y conocemos las cosas en uno de los temas subyacentes del libro. ¿De qué podemos estar seguros en esta vida? ¿Las cosas son como pasaron o como las recordamos? ¿Cada vez que contamos alguna historia no estamos revelando más sobre nosotros mismos en nuestra forma de contarla que sobre las personas de la que trata? El mismo narrador a menudo se hace la observación para sus adentros de si todo esto que le está contando el cincuentón barcelonés Jaume, a quien apodan el Gran Tagomago, será verdad o si se está inventando parte. O todo, ya puestos. ¿Y por otra parte, hasta qué punto importa si es verdad o no?

A medida que Juana va acabando el colegio, siendo formalmente mayor de edad y empezando la Universidad en Madrid, va conociendo a gente que invariablemente se siente atraída físicamente por ella. Su tipo de belleza aparece repetidamente descrita en el libro, así que mejor que quien tenga curiosidad, lo lea en detalle. Esta atracción lleva a relaciones con otros diversos personajes, todos los cuales parecen ver a Juana como un ser primero hermoso y sexualmente deseable, y en la mayoría de los casos, por no decir en todos, casi nada más… incluyendo a veces a la propia Juana. Una de las cuestiones que debatir sería, por ejemplo, qué parte de culpa podría tener Juana en lo que le acontece. Es cierto que es muy joven, pero no es tonta (lee buenos libros de literatura y estudia medicina con nota), y hay varias ocasiones en las que las razones para liarse con algún determinado personaje no se limitan a la atracción física que también ella pueda sentir. Es fácil verla como una víctima a veces, pero ahí puede haber mucho que comentar.

Y ya que se habla de debate, decir que es un libro que da mucho juego para debatir, no solo en torno a la propia Juana y los demás personajes, sino en torno al inagotable tema de las mujeres (y los hombres también, pero sobre todo las mujeres), del amor, del deseo, del dominio, del poder, de lo que se quiere y se persigue en la vida y de muchas otras cosas de alcance. Estoy seguro de que el propio autor se aviene a discutir sobre todo esto en internet (y el viernes 6, sábado 7 y lunes 9 de junio en persona en Madrid, durante la presentación pública del libro y durante dos rondas de firmas en la Feria del Libro), así que quien caiga en las redes de Juana, que nunca ha dejado insatisfecho a nadie, puede pedirle fácilmente cuentas al maestro Arquero (jeje).

A todo esto, hay que decir que la sexualidad del libro está bastante alejada, según creo yo, de fantasías internacionales como ’50 sombras’ y demás. Es un relato hispano, y aún más, mediterráneo, entendiendo el Mediterráneo como algo que llega hasta Madrid a base de que tantos madrileños hayan ido allí a remojarse, e incluso de que nativos de sus orillas hayan tenido que irse a vivir a Madrid, para siempre volver en cuento pueden. Hay detalles universales que podrían ocurrirles a Juanas de todo el mundo, pero se nota que bajo la capa de “escocés profesor de Filología Hispánica” con la que se disfraza al narrador, el señor Bowman conoce los tipos, tipazos y tipejos de esta piel de toro, y como resultado el relato -y Juana- acaba sabiendo a nosotros, lo cual es un plus.

En resumen, que a no ser que el lector se sienta un incomodado en mayor o menor medida por la parte sexual del libro, la sensación que le entra a uno es la misma que siente el narrador según van pasando las horas y el Gran Tagomago continúa hablando entre coñac y cervezas: si en algún momento el ánimo flaquea, no puede uno resistirse a quedarse un poco más para saber qué más pasó y cómo acabó lo de la Juana y el Jaume. El libro está escrito sin capítulos, narrado de un tirón en 375 páginas, y se me ocurre que de la misma forma que la mejor manera de releer el ‘Ulises’ de Joyce es hacerse un Bloomsday o de releer ‘Luces de Bohemia’ es hacerse una Noche de Max Estrella (consúltense si no se conocen), la mejor forma de leer (o releer) ‘Juana la Maliciosa’ es pillarlo por banda una tarde de asueto, a ser posible en una terraza donde se conozca al camarero, y leerlo de corrido, con las paradas que mande la naturaleza y la sed, hasta acabarlo de noche o a la mañana siguiente, según la velocidad de cada uno. Es decir, experimentarlo como el trasunto literario de David L Bowman lo experimentó. Del Madrid pijo a Ibiza pasando por Denia y Barcelona.

http://blogorn.blogspot.com.es/2014/06/juana-la-maliciosa.html

 

Para saber más sobre Juana:

https://www.facebook.com/groups/1446521142259567/1451715695073445/?notif_t=group_activity

https://www.facebook.com/juanalamaliciosa

http://edicionesdelserbal.com/libro.php?pag=juana_maliciosa

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