Juana La Maliciosa, cinco de la mañana

Después de dos años, casi tres, consagrados a Juana La Maliciosa, ese escrito denso, intenso y extraño va a ver la luz. La neura me impide dormir y, por primera vez en la vida, lo que me impide dormir es una neura grata. Por primera vez en la vida, y por una complicada concatenación de circunstancias personales, me he lanzado a escribir más de tres páginas seguidas y, por primera vez también, sin una motivación profesional. Sólo la benemérita confabulación de un grupo de buenos amigos me ha empujado a conducir aquel impulso inicial hasta el final. Ha sido su fe lo que me ha llevado al límite. Si me puse a escribir no fue con la intención de concluir nada coherente, expresarme ni, mucho menos, acabar publicando. Sólo pretendía huir, no pensar y conjurar un dolor inexpresable que me destruía. Soy de natural vago, perezoso e indolente, así que me resulta difícil imaginar en mí la ambición suficiente como para culminar trescientos folios coherentes, un ejercicio de voluntad comparable al que hace falta para subir el Anapurna. Mi fe en las virtudes de la voluntad es nula, así que escribí como hubiera podido beber, hacer crucigramas o tomar los calmantes que aún duermen intonsos en el cajón de las medicinas, en su momento prescritos por médicos amigos y bienintencionados. Sencillamente, sólo volcado en la construcción del apasionante y atormentado derrotero vital de Juana me exaltaba en vez de hundirme en una tristeza desoladora que me anulaba hasta extremos preocupantes. Había que salir del pozo y me limité a dejarme llevar por el tobogán de sensaciones que experimentaba al enhebrar la peripecia vital de un personaje que, como yo, buscaba una salida a su circunstancia.

Aún está por ver si al final realmente he -o hemos- conseguido levantar un todo coherente y medio sensato, aunque algo debe haber, me digo, cuando tanta gente ha creído, más que yo mismo, incluso, en la posibilidad y el interés de hacerlo, primero, y de publicarlo, después. La ambición de publicar es un sentimiento raro y comparable sólo a la de subir una montaña no prevista que de pronto se levanta desafiante delante de uno como la propia Maliciosa se levanta omnipresente delante de Madrid desde el principio del mundo. ¿Y por qué no? Vamos a hacerlo. A ella, la chavala que tanto me quiso, le habría gustado verme culminando ese reto sin sentido práctico. Por otra parte, necesitaba reinventarme, hacer cosas que nunca hubiera hecho antes y que en circunstancias normales, con ella a mi lado señalando el camino, ni siquiera hubiera intentado. Ahora me invade el vértigo de la cima. Hasta ahora había creído que me daría igual que Juana La Maliciosa gustara o no. Nunca pensé en eso. El reto era armonizar su historia una vez volcada en quinientos folios densos e infumables, hacerla creíble conforme a las normas del relato. Ahora quiero, además, que guste, pura vanidad inconsciente que me impide dormir. O no, no es vanidad: es ansia, curiosidad por ver la reacción que provoca la propuesta pergeñada. Son las siete menos veinte, pronto amanecerá y me entra el sueño. Buenos días.

 

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7 respuestas a Juana La Maliciosa, cinco de la mañana

  1. Trinidad dijo:

    Es bueno sentirse ilusionado. Y me encanta que tú lo estés.
    Por cierto, una curiosidad, ¿en la edición del libro aparece tu foto?

  2. Siana dijo:

    Ver estoy aquí hoy me hace una ilusión tremenda. Es un camino culminado, un reconocimiento. El que otros puedan valorar y ver tu trabajo. Un trabajo duro, de años, conjurando al dolor. A la “destructora de mundos y dulzuras”. De trayectorias. Una ilusión verdadera tras toda esa nada es algo que sencillamente no tiene precio. Brinda por ello. Y dedícaselo a Ella.

    Yo brindo por ti hoy, por tu magnífico equipo de trabajo, y te doy mi más sincera enhorabuena. Porque lo mereces. Y eres un escritor extraordinario. “Como la copa de un pino”, citando a Juan Eslava.

    Un abrazo

  3. Comentario del jefe: que le envíes la novela y el enlace para que lo tuitée.Bss

  4. E. dijo:

    Ya ves, la salida de un pozo tiene unos caminos que ni habríamos imaginado. Aún así, quedan unas ganas de llorar perpetuas, increibles. Malditos pozos.

    Nos gustará la novela, seguro. No hay más que leer este blog para ver lo bien que escribes.

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