El llanto de John Wayne

John Wayne lloró una vez en público. Fue la noche del 7 de abril de 1970, en el viejo Dorothy Chandler Pavilion, de Los Ángeles, donde se celebraba la cuadragésimo segunda entrega de los premios Oscar.

Un barbudo y sonriente Clint Eastwood de cuarenta años y que no era aún ‘Harry el Sucio’ ni nada de lo que significa hoy Clint Eastwood, sino una cosa muy rara y difícil de clasificar, entregó el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa a los productores de ‘Z’ (creando, por cierto, un problema a la severa censura española de la época).
01 April 7th 1970 oscars
Frank Sinatra entregó a un Cary Grant de sesenta y seis años, ya retirado y con el pelo blanco, un Oscar honorífico por toda su carrera. El viejo galán y ex acróbata londinense se emocionó y hasta soltó una lagrimita que el público del mundo esperaba e, incluso, deseaba ver.
Cary Grant receiving 1970_03_honorary_grant_presenter_sinatra_big
Al que nadie esperaba ni, desde luego, deseaba ver lagrimear era a John Wayne. Los hombres no lloran y El Hombre por excelencia en el mundo entero era entonces John Wayne, o sea.

Feo, fuerte y formal, con sesenta y tres años entre pecho y espalda, se encontraba en la cumbre del estrellato cinematográfico mundial. Aún así esperaba comiéndose las uñas a que Barbra Streissand revelara el nombre del ganador de uno de los premios gordos de la noche.

El Oscar al mejor actor protagonista.

Tenía motivos John Wayne para comerse las uñas. Nunca había recibido ningún Oscar, aunque parezca mentira. Tampoco había subido nunca al escenario de un teatro y la crítica discutía sus cualidades actorales. Para colmo, en 1970 se llevaban el ‘hippismo’, la ‘yerba’, el ‘engagement’ y los ‘losers’. Por el patio de butacas del Dorothy Chandler Pavilion andaban Robert Redford, Jack Nicholson, Goldie Hawn… gente nueva, joven, guapa, de escuela y con mucho método, no como él, que encima era viejo, feo, gordo y mataba indios. En fin, que no estaba de moda entre la ‘intelligentsia’. Nunca lo había estado, por otra parte, salvo cuando treinta y tantos años antes se había subido al pescante de ‘La diligencia’. Lo de recibir su primer Oscar estaba crudo, pese a llevar cuarenta años galopando por las pantallas de los cinco continentes, haber asistido al nacimiento del sonoro, haber sobrevivido a la amenaza de la tele y haber visto la entronización del color y la desaparición definitiva del blanco y negro.

Realmente había sobrevivido a mucho y el viejo John Wayne, nada ‘cool’, estaba allí como de muestra, en plan monumento viviente o curiosidad zoológica, más tieso que un palo entre modelnos hipiosos y opositores a Vietnam que fumaban hierba por las esquinas. Un auténtico fósil viviente al que todos habían visto de niños sacudir manotazos a los pobres indios, en realidad una especie de ‘hippies’ que pretendían vivir en paz y armonía con la Naturaleza acosados por fascistas militantes como el bestia de Custer o el propio Wayne. John Wayne era ‘El Vaquero’ por excelencia, vieja gloria, tómate algo abuelito y no marees, ya como de retirada.

Un ser de otra época al que tocaba ahora sobrevivirse a sí mismo. O no. En sus oídos, todas las campanas debían sonar a muerto y las músicas más alegres, a réquiem.

Llegado el momento, la bárbara actriz y cantante, entonces una joven estrella de Broadway apenas naciente para el cine, se adelantó al estrado y con ese chorro de voz que Dios le dio leyó los nombres de los cinco candidatos al Oscar al mejor actor principal. Los de tres consagrados -el propio Wayne más dos prestigiosos caballeros británicos, Richard Burton y Peter O’Toole, agárrate a la brocha, Shakespeare y todo eso- y los de dos treintañeros pintones y formados en los escenarios neoyorkinos que coprotagonizaban al alimón ‘Vaquero de medianoche’, película de moda, con tema fuerte y tal –la prostitución masculina- que finalmente triunfaría en aquella velada con tres Oscars (creando otro problema a la censura española). Los dos treintañeros eran Dustin Hoffman y un chico rubio muy guapo que se llamaba Jon Voight y que con los años ha terminado siendo el padre de Angelina Jolie.

Total, nada.

Recitada la lista, la Streissand agarra el sobre, lo abre y suelta de corrido. <<El Oscar para el mejor actor protagonista es para John Wayne en ‘Valor de ley’>>. ¡Sorpresa! Sí, señor, John Wayne incorporando a un personaje, Rooster Cogburn, que cuarenta años después ha recreado Jeff Bridges para los Cohen.

El gigantón de Iowa, Marion Robert Morrison, se levantó con una sonrisa de oreja a oreja y, probablemente incrédulo, subió al estrado a decir unas palabras. Entonces ocurrió el milagro, el extraño milagro. Rooster Cogburn tuvo que hacer un visible esfuerzo para no echarse a llorar. <<Wow!>>, exclamó llevándose una mano a los ojos, incapaz de impedir que se le escapara una emocionada lagrimita. Sabía lo que había costado aquello. Y el público del mundo, estupefacto, contuvo el aliento.

El monstruo era humano.

a Oscars 1970-04-07

http://www.imdb.com/event/ev0000003/1970

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5 respuestas a El llanto de John Wayne

  1. Siana dijo:

    Me ha encantado. Yo siempre le vi un lado tierno al gigante de Iowa. Tienes que hacer más entradas dedicadas a cine Bow. Un abrazo.

  2. bowmanpoole dijo:

    En su libro sobre John Wayne, magnífico pese a las erratas y la infame maquetación, Juan Tejero afirma que John Wayne lloró en otra ocasión, aunq se encerró en el water para hacerlo tranquilo y a gusto. Aún así, y pese a q se relavó la cara, los presentes se lo notaron cuando salió.

  3. Siana dijo:

    Men cry. Y los duros a veces más. No hay nada malo en eso, todo lo contrario. En cualquier caso, es algo que entiendo que es mejor hacer en soledad. Me alegra que el texto del libro sea bueno, lo que siento es lo de las fotos, y la maquetación 😦 Un besote

  4. Rubén dijo:

    Gracias por esta entrada. Me ha recordado a mi padre, que se le parecía mucho. De niño siempre lo identificaba, y me enfadaba cuando lo mataban en alguna de sus pelis.

    Como habéis dicho, yo también le vi siempre un lado tierno al gigantón.

    • bowmanpoole dijo:

      Un abrazo, hombre. Esta tarde precisamente echaban por Telemadrid ‘Ladrones de trenes’, una de las últimas de Wayne. Si no es de las mejores, tampoco de las peores. Bueno, gracias por estar ahí. Un saludo.

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