Pero ¿qué te hemos hecho, Nacho?

¿Qué te hemos hecho? ¿Por qué nos tratas así?

Nosotros te queremos. Eres nuestro Hombre, nuestro Líder, nuestro Señor Presidente. Y tú te empeñas en maltratarnos, en herirnos, en sodomizarnos sin piedad una y otra vez.

¿Es que no oyes nuestros ruegos?

¿Es que no oyes nuestros gritos heridos, nuestra pena ni nuestro dolor?

Te pertenecemos, Nacho. Pero, por favor, no nos porculices más, anda.

Porfi.

Es que ya estamos dados de sí, ¿sabes? Y como sigas hincando, reventaremos.

Porque esto que nos haces no se hace, Nacho.

Mentir.

¿No tienes madre, Nacho? ¿Hijos? ¿Espíritu Santo? ¿No crees en Dios y en la Santa Madre Iglesia? ¿Por qué mientes entonces?

Yo me avergonzaría de tener un amigo como tú. De hecho, me avergüenzo de tenerte que tener como Presidente y también me avergüenzo de mis conciudadanos, que con su voto han colocado un mentiroso al frente de nuestros destinos.

¿Por qué te empeñas en negar los hechos, lo que pasa, lo que acontece y sucede? ¿Por qué niegas que tu objetivo último sea jodernos vivos? ¿Por qué niegas tu pretensión de destruir el sistema nacional de salud, dejarnos sin nada, tirarnos desnudos e inermes a la calle y entregarnos maniatados a la voracidad depredadora de las multinacionales de la salud?

¿Por qué si no has sacado a ostias del sistema sanitario público a esos seiscientos ancianos sin apellidos, árbol genealógico ni perrito que los ladre? ¿Eh? ¿Por qué? ¿Por qué nos quitas a seiscientos sabios, a seiscientos justos preñados de saber, experiencia y entrega? A seiscientos, como el mítico coche de hace seiscientos mil millones de años. No a uno ni a dos, no, ni siquiera a seis ni a sesenta. No. A seiscientos que no son seiscientos mil porque no los hay. Los seiscientos, justo, en cuyo saber reposa todo el sistema, las vigas maestras de la profesionalidad, la ciencia y, sobre todo, la técnica de la seguridad social española.

Pero ¿qué te hemos hecho 2

Desde luego, si yo quisiera, y pudiera, destruir el sistema igualitario de salud español haría eso exactamente, así como otras cosas que estás haciendo con meticulosa precisión, como si siguieras un manual de derribo controlado. Que lo sigues, no me cabe duda a estas alturas. De otra manera, no tienen explicación tus salvajes desmanes. No puedes ser tan imbécil.

Intuyo, además, que esos seiscientos deben ser seiscientos incorruptibles, como los médicos aquellos de Getafe cuyo único crimen fue una impecable profesionalidad, sí, la calidad técnica de su trabajo… y su negativa a someterse a los mandatos ideológico-económicos de tus perros de presa, Nacho, y de los perros de presa de tu Jefa de entonces, que en aquel tiempo no eras tú el Jefe, sino un correveidile que se preparaba para acceder al Trono de la Comunidad de Madrid, esa que alardea de ‘excelente’ y de ser ‘la suma de todos’. La suma de todos, Nacho. ¿Por qué mientes?

Pero ¿qué te hemos hecho 3En fin, Nacho, Nachito, Nachete, que Dios te perdone, porque lo que es yo, estoy demasiado hasta los cojones. Y no te voy a perdonar.

Con sincero rencor, anda y que te ondulen.

http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=1408246

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