Un brindis por ella

Adios, vida mía.

Me dabas tanto que en su momento fui incapaz de tomarle la medida exacta.

Ahora que te lo llevas y se aleja sin remedio para siempre, puedo ver sus contornos como vería los de un planeta inaccesible a través de los miradores de mi nave espacial.

Sus dimensiones me abruman.

Es increíble que una sola persona pueda llenar el Universo así.

Que pueda llenarlo, al menos, como tú lo llenaste para mí. Convertiste el espacio tiempo en una fiesta y hoy, más que nunca, soy un astronauta perdido.

Perdido en el dolor, trato torpemente de trazar un rumbo plausible a través de este borroso valle de lágrimas.

No lo hay, maldita sea.

Las cartas mienten, los mapas astronómicos son dibujitos, el futuro está detrás y no delante. Delante sólo hay muerte, abismos de nada, el espanto de estar vivo, un frío y un silencio que estremecen el alma.

Salve, Regina, mater misericordiae
Vita, dulcedo, et spes nostra, salve.

‘Esperanza nuestra’. No, no, no. Qué más quisiera. No me sale la Salve, esa llamada de socorro.

Ad te clamamus, exsules, filii evae.
Ad te suspiramus, gementes et flentes
in hac lacrimarum valle.

‘Te llamamos a ti, gimiendo y llorando, desde lo más hondo de este valle de lágrimas’. No, no, no. Yo no te llamo. Tengo el corazón lleno de blasfemias.

Eia ergo, Advocata nostra,
illos tuos misericordes oculos
ad nos converte.

‘¡Eh! Echa para acá esos ojos bondadosos, abogada. Míranos, por favor. Dedícanos un minuto, ya sabemos que estás muy ocupada. Un minutejo sólo: estamos solos y aterrados. Y más perdidos que el pobre hijo de Charles Lindenbergh’. ¡Qué clamor desesperado llega desde el fondo del espacio tiempo! Es un rumor constante, un run-run que llena, como el eco del big-bang primordial, cuanto existe. Es extraño, un rastro callado de chatarra que orbita los continentes del mundo. Y los instrumentos no lo detectan.

Pero yo sí.

Es una impresionante cantidad de toneladas de dolor y de vacío. El excipiente de millones y millones de muertes, sembrado por el mundo a través de los años y los milenios. El llanto sin consuelo de generaciones enteras. Todo a la vez. Vivo y claro. Ensordecedor.

Es increíble el dolor que cabe en la Creación. El dolor del parto, el dolor de riñones y también el dolor de la puta conciencia, el peor de todos.

Darse cuenta es lo que más duele de todo.

Joder, Bowman, hay que ver qué mañanitas de sábado gastas. Estás más loco que una puta cabra. O a punto. Y más solo que Pulgarcito. Salvatierra no contesta y la Virgen María está secuestrada por Rouco, así que ve sacando las miguitas. Y la puta escopeta, malditos pajaritos.

Adiós, mi amor, para siempre.

Va a ser difícil vivir aquí. Lo está siendo ya.

En cambio, el día que me toque será fácil saltar y abandonar la nave.

Vaya lo uno por lo otro.
Dejar un local en el que tú no estás, no será complicado.

Un beso. Y gracias por todo.

Hasta pronto (total, van a ser dos días: está ya todo el pescado vendido)

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6 respuestas a Un brindis por ella

  1. Grognard dijo:

    Una abraçada.

  2. Siana dijo:

    Un brindis por ella. Un abrazo Bow.

  3. Brindo contigo. Un abrazo
    Ada

  4. Antonio dijo:

    Un abrazo muy fuerte y mucho ánimo!!!!

    K.

  5. bowmanpoole dijo:

    Señoras, señores
    Muchas gracias por estar ahí
    Seguimos empujando

  6. L dijo:

    Cómo no brindar (y no llorar) por algo tan bello y tan grande…

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