Una mañana deliciosa

 

Este relato se publicaba ayer en la edición de provincias de un periódico. Por su interés, lo reproducimos aquí .

 
El otro día, el viernes pasado, me levanté temprano, me monté en el coche y a las nueve me presentaba en Madrid. Me llamo Antonio y vivo en Almansura, donde poseo algunas tierras y negocios. Tiré el vehículo en un parking de la capital, pillé un taxi y me fui para la Basílica de Jesús, donde tenía lugar la anual peregrinación y besapié de la Santa Imagen que, si se le pide con fervor, concede al peregrino una gracia. La cola era inmensa, de centenares de metros, y me explicaron que llegaba hasta la calle Atocha, donde incluso se habían producido conflictos de orden público que los municipales habían sabido resolver con autoridad, eficacia y sin  violencia.

La cola estaba flanqueada por decenas de puestos con los típicos recuerdos: velas, estampas, llaveros, que les voi a contar, y adquirí un bonito rosario con la imagen milagrosa para mi madre así como un pañuelo morado monísimo para Conchi, que es mi novia y que además de devota es algo coquetuela, criatura. También repartí unas monedas entre los menesterosos que allí solicitaban alguna caridad de los fieles. Busqué después a uno de las personas de los barrios populares madrileños, tipos de sainete y faca entre los que cada vez hay más extranjeros, y que durante días se plantan en la puerta del templo guardando el puesto sin más fin que ganarse honestamente unas pesetas. Tras breve y amable negociación, pagué generosamente a una de ellas -no me gusta transar con gente de baja estofa- y me instalé en la cabeza de la cola, en la misma plaza de Jesús, esquina a Cervantes, justo enfrente de la entrada de personal del Hotel Palace, dispuesto a acceder a la imagen milagrosa. En amena conversación con una señora de Cuenca con mucha clase, una pinta magnífica, que venía a pedir suerte para su hijo en unas oposiciones, y con un matrimonio de Almendralejo -muy educado y atento, por cierto- aguardé unos veinte minutos hasta que pude acceder al interior de la famosa basílica que ocupa el solar de la capellanía del antiguo palacio ducal de Medinaceli. Me recibieron los sones del órgano interpretando una pieza, pienso que de Bajt, o así, y guardé mi cola en los pasillos laterales. Los cofrades de la Archicofradia Primaria de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesus Nazareno, que así se llama, vigilaban el buen desarrollo de la mañana y debieron sacar a una pobre mujer que sufrió un desmayo. Los señores de Almendralejo me explicaron que se trataba de una anciana muy humilde y muy devota de Parla -una población cercana a Madrid- que se había pasado la noche al relente para poder acceder al templo. “Sin duda habrá ganado una indulgencia”. Les respondí que sí, que seguro. “La piedad y la penitencia siempre merecen recompensa”.

Un pequeño revuelo anunció entonces la llegada de la Familia Real. “A ver quien viene este año”, musitaba la muchedumbre. “No creo que venga Letizia, con todo lo que lleva la pobre”. A La Mujer le preocupan mucho estos temas. “Ni Cristina con su esposo. Están muy atribulados estos días”.  La duda se desvaneció enseguida cuando pude entrever a SAR la Infanta Elena saludando a la concurrencia entre un revuelo de sotanas, sayales franciscanos y guardaespaldas. “Qué elegante y qué señora”. Yo no lo dudo, pero aunque no es este lugar para ello, pienso que el progreso de España pasa por una República moderna y actualizada. Hemos de tomar ejemplo de las cosas buenas de los Estados Unidos.

Marchó la realeza y nosotros, el pueblo, seguimos avanzando hasta el altar mayor. En pocos minutos me encontraba ante la santa imagen del Nazareno que en los últimos trescientos años han mancillado todos los enemigos de España y de la Religión, desde los moros hasta los los rojos. A sus pies, postrado de hinojos, un joven musitaba oraciones con los brazos en cruz. Besé el pie de la imagen sin pedir nada, pues nada necesito (salvo el perdón de mis muchos pecados) y salí de nuevo a la calle para desayunar café con picatostes bajo la cúpula del Palace.

Una mañana ciertamente deliciosa, genuina y muy, pero que muy española.

La Infanta Elena rinde culto al Cristo de Medinaceli                                                                      La alcaldesa de Madrid visita la Santa Imagen y le pide trabajo para todos los españoles 
La historia de la Santa Basílica de Nuestro Padre Jesús, en Madrid                                           La historia de la imagen milagrosa de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli                               La historia de la Archicofradía Primaria de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús

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3 respuestas a Una mañana deliciosa

  1. Grognard dijo:

    Bon dia.
    El día que publique ud. un libro lo compro.

  2. bowmanpoole dijo:

    Bon dia
    Moltes gracies, senyor

  3. Siana dijo:

    Tendría Ud dos compradores.

    Interesante artículo, Comandant. Petons.

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