Nuestro Padre Jesús

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un año más, miles de fieles devotos han colapsado las calles del viejo centro madrileño y a sólo un centenar de metros del Congreso de los Diputados le han pedido a Dios con fé  lo que sólo ellos saben, lo que guardan celosamente en el fondo de sus corazones.

La curación del esposo, el éxito de la niña en la oposición, salud eterna, felicidad, dinero, vaya usted a saber qué otra cosa podría querer la gente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde hace trescientos años se venera en este lugar un Cristo preso y coronado de espinas que se habría tallado en Sevilla en el siglo XVII y que, capturado y vejado por la morisma, sería finalmente rescatado por los santos padres del Trinitario Descalzo a cambio de un buen pellizco.

Llegado a Madrid a principios del XVIII -tras la guerra de Sucesión, cabe imaginar- rodeado de un halo de misterio, mucho prestigio y fama de milagrero, se instaló el Cristo en la capilla del palacio de los duques de Medinaceli, en el mismo sitio donde hoy se alza la santa basílica de Nuestro Padre Jesús (de Medinaceli, por más señas).

Aclamado allí por ex-cautivos y ex-soldados, este Cristo de mirada serena y aire ciertamente imponente fue ganando en la consideración popular y hoy es el día en que todos los primeros viernes de mes acuden gentes de España entera a besar sus plantas y pedirle algún favor.  Se dice que el Cristo de Medinaceli es milagrero  y que lo que se le pide con fervor y fe, lo concede, especialmente el primer viernes de marzo, que es lo que ha sido hoy.

Primer viernes de marzo.

La accidentada historia de esta imagen incluye una aventura en el curso de nuestra guerra. Salvada de la ira anticlerical que recorrió Madrid a raiz de la sublevación bendecida por la Iglesia, fue depositada en los sótanos del Museo del Prado por píos milicianos (recuérdese la tradición que hace a los guerreros particularmente devotos de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli) y de allí viajó en las célebres ‘cajas españolas’ hasta Ginebra, donde se exhibió en la exposición que se celebró durante el verano del 39 en la sede de la Sociedad de Naciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aún hoy, después de tanto viajar, el Santo Nazareno sigue saliendo de su Basílica cada Semana Santa, aunque no sea más que para darse un paseo por las calles del viejo Madrid, donde es aclamado por la multitud con entusiasmo, cariño y fervor.  Pero la verdadera fiesta de la imagen del Cristo Cautivo cobijado originalmente por los Medinaceli es la de los primeros viernes de marzo. Si queréis conocer la verdadera entraña de España, lo que en pleno siglo XXI se oculta de veras en el seno de nuestra sociedad, ya definitivamente europeizada, venid el próximo primer viernes de marzo a la plaza de Jesús.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Puede que no presenciéis un milagro pero es posible también que sea lo más cerca que estéis de uno en toda vuestra vida.

Por éstas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A través de Fucar, la cola se prolonga varios cientos de metros, llega a la calle Atocha, baja hasta la glorieta y gira en la esquina del Hotel Nacional para prolongarse por el paseo del Prado en dirección a Neptuno… para encontrarse con el punto de salida.

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3 respuestas a Nuestro Padre Jesús

  1. Grognard dijo:

    Amén.

  2. Siana dijo:

    Hoy justo ha salido por la tele esto.

    Un abrazote

  3. L. dijo:

    Y cuando lo he visto, confieso que no daba crédito. Esto es España, quién lo duda, pero es una España que ya me cuesta reconocer. O igual es que me jode…

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