Donde voy yo, ella va conmigo

Durante años fue presencia pero hoy la chavala que un día me miró y me hizo ya no es más que recuerdo. Bien poco, si considero lo mucho que llenaba. Aún así, me sigue haciendo compañía. No estoy solo cuando pienso en ella. Me toma, como siempre, la mano, me habla y me ilumina. La siento en mí, en los hijos, en lo que hicimos juntos y, sobre todo, en esa luz suya que aún brilla en la oscuridad.

El pasado domingo le dimos tierra en el Alto Llano. Impasible, el Moncayo nevado semejaba el túmulo de un dios incapaz de conmoverse.

Hacía frío y pensé en la paradoja de que las cenizas de quien tantas veces explicase el sentido de los desolados versos de la carta que Machado escribió a José María Palacio (‘Palacio, buen amigo…’), fueran a reposar  a diez metros sólo de las cenizas de Leonor Izquierdo (‘A Leonor, Antonio’), esa chavala muerta hace justamente cien años y a la que tanto debe la literatura.

 

 

 

 

 

El antiguo profesor de francés del instituto de Soria (hoy, precisamente, IES Antonio Machado, establecimiento que sigue abierto en el mismo caserón que ocupaba hace cien años) pregunta en su carta a José María Palacio si el severo invierno de las Tierras Altas remite y si en los campos se aprecian de una vez señales de primavera.

¿está la primavera
vistiendo ya las ramas de los chopos
del río y los caminos? En la estepa
del alto Duero, primavera tarda
(…)
Habrá trigales verdes,
y mulas pardas en las sementeras,
y labriegos que siembran los tardíos
con las lluvias de abril. Ya las abejas
libarán del tomillo y del romero.
¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?

Por último, el poeta suplica a su amigo algo que sólo un celtíbero del alto llano numantino está capacitado para entender cabalmente.

Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas,
en una tarde azul, sube al Espino,
al alto Espino donde está su tierra…

La extraña petición adquiere una conmovedora nitidez cuando se desvelan sus claves y se entiende que El Espino es desde tiempo inmemorial el cementerio de Soria, lisa y llanamente.

Pues bien, allí, en una fosa abierta en ese histórico altozano batido por el nortazo depositamos las cenizas de la que tanto quise y quiero todavía porque vive en mí y conmigo vivirá ya para siempre.

Sólo espero ser digno.

Como dejó dicho Machado, que supo un huevo de soledades y ausencias, ‘no todas vais al mar, aguas del Duero’.

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6 respuestas a Donde voy yo, ella va conmigo

  1. Siana dijo:

    Vivirá en tí Bow. Su luz nunca se extinguirá, es imposible. Y ese amor crecerá.

    Un fortísimo abrazo estimat amic.

    Te queremos

  2. L. dijo:

    Largo es el arte; la vida en cambio corta
    como un cuchillo
    Pero nada ya ahora
    -ni siquiera la muerte, por su parte
    inmensa-

    podrá evitarlo:
    exento, libre,

    como la niebla que al romper el día
    los hondos valles del invierno exhalan,

    creciente en un espacio sin fronteras,

    ese amor ya sin ti me amará siempre.

    Escucho tu silencio.
    Oigo
    constelaciones: existes.
    Creo en ti.
    Eres.
    Me basta.

  3. m. dijo:

    Fuiste, eres y serás digno.
    No te quepa duda.

    Aquí estamos.

  4. Trinidad dijo:

    Un fuerte abrazo, Caballerow.

  5. bowmanpoole dijo:

    Muchas gracias
    Estamos jodidos pero vamos parriba.

  6. Siana dijo:

    Endavant. Fer el camí Bow.

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