¡Rojos! ¡Asesinos! ¡Rojos idos fuera!

Se dice que cuando Dios creó el mundo, concedió a los hombres una serie de virtudes.

– Hizo a los suizos ordenados y cumplidores de la Ley.
– A los norteamericanos, emprendedores y audaces.
– A los hindúes, sabios y observadores.
– A los ingleses, persistentes y estudiosos.
– A los japoneses, trabajadores y pacientes.
– A los argentinos, nobles y valerosos.
– A los italianos, alegres y románticos.
– Y a los franceses, cultos y refinados.

Al llegar a los españoles, el Buen Dios se volvió al Santo Arcángel Gabriel, que tomaba nota de sus planes, y díjole con satisfacción:
“Los españoles van a ser inteligentes, buenas personas y, si te parece, mi buen Gabi, también del Partido Popular”.

El arcángel, meditabundo, meneó negativamente la cabeza:

“Buenas virtudes son esas, pero con todos los respetos, Señor, no encaja. Si a todos los hombres concediste dos virtudes sólo ¿por qué tres a los españoles? ¡Prevalecerán sobre los demás mortales y el mundo será Troya!”.

Sonrió paternal el Creador con las manos en los bolsillos.

“Cierto es, Gabriel”, replicó a su Arcangélico Emisario. “Pero España es cara a mi corazón y es mi divino deseo hacer especial concesión a la tierra de María Santísima, mi Madre Inmaculada, que la protege con su patronazgo. Los españoles disfrutarán, pues, de tres virtudes.

Y punto.

Y para impedir que se envanezcan con tanta merced, haremos una cosa en atención a ti que tan acertadamente has razonado, oh arcangélico Gabriel. Y es ello que cada español sólo pueda beneficiarse de dos de estas virtudes a la vez”.

“Así “, prosiguió el Buen Dios, “el español que sea del Partido Popular y buena persona no podrá ser también inteligente.
El que sea inteligente y del Partido Popular no podrá ser, en cambio, buena persona.
Y el que a más de inteligente sea buena persona no podrá ser, por desgracia para él, del Partido Popular”.

“Será un puto rojo”.

“Declaro creada de este modo la estirpe de los rojos españoles, gente maligna, réproba y descarriada, incompatible con el Partido Popular y Conmigo y que nacerá del tronco maldito de Lucifer, de la raíz señalada de Caín y de la condenada de Judas Iscariote, estirpe de larga descendencia cuyo empeño fundamental será joder, morder la mano benefactora que los da de comer y poner en evidencia, en fin, los desatinos de sus Amos y Señores Naturales en vez de empeñarse devoatamente en ocultarlas. O seáse, gentecilla descreída, repugnante y sanchopancesca que -por cierto- mucho juego ha de dar en la Tierra antes del fin de los tiempos”.

Suspiró Dios Nuestro Señor, fatigado del trabajo y del discurso. Y apoyando su Divina Mano sobre el hombro apacible y santo de su colaborador, concluyó sus razones con estas palabras.

“Háganse, mi buen Gabriel, mi fiel y leal colaborador, todas estas cosas que he expresado con mi Verbo y con ellas descansemos ya, que bien merecido lo tenemos después de trabajo tan duro -y  que presumo estéril- como ha sido la infausta ocurrencia que en mala hora tuve de crear españoles en vez de ponerme a crear, que sé yo, suecos por ejemplo. En fin: que sea lo Yo Quiera y que mucha suerte a todos. Amén”.

Y diciendo esto, el Creador de Cuanto Es se diluyó cansado en la eternidad y el arcángel Gabriel cerró para siempre las puertas del cielo a la estirpe condenada de los rojos españoles.
FINE

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Una respuesta a ¡Rojos! ¡Asesinos! ¡Rojos idos fuera!

  1. Grognard dijo:

    ¿Da ud. permiso para colgar un enlace (en el facebook) a esta parábola?

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