Catalanes

Llámase así a unos señores que se empeñan en hablar catalán -como se ha hecho siempre allí, en Cataluña- así como en que se siga haciendo en el futuro.

Da un poco de corte hablar de futuro con la que está cayendo, pero el futuro es lo que tiene. Que siempre llega, como el sarampión, así que conviene prepararle acomodo.

Hay una realidad simple y más que contrastada. El español -la lengua española- empuja por diferentes y variadas razones, ya económicas, ya sociales, que ahora no vienen al caso. El caso es que si en la escuela se pone el castellano como lengua vehicular (que denominación tan apestosa, lengua vehicular) el catalán se acaba en veinte años (por decir algo). Pero si se pone, en cambio, el catalán como lengua vehicular lo que pasa es el denominado bilingüismo. Como nadie (salvo, por lo que se ve, los miembros del TSJC, que de Leyes sabrán la ostia pero que de lingüística no tienen NPI) quiere que desaparezca la lengua catalana -ni toda la tradición cultural asociada a ella, que es muchísima- pues no hay más que hablar.

Si los catalanes siempre han hablado catalán ¿cuál es el problema de que quieran seguir hablándolo?

Es un problema de voluntad.

Volitivo.

Vamos, que quieren hablar  su propia lengua sin por ello dejar de hablar castellano. Y están en su perfecto derecho, además, vaya si no, digan lo que digan Marianioco el Corto, Pedro Jota y toda la jeremiada.

Particularmente, no m gustaría tampoco que desapareciesen el gallego o el vasco, pero si los propios gallegos y vascos -digan lo que digan ellos mismos- se empeñan en que desaparezcan ambas lenguas (mediante el sencillo procedimiento de, simplemente, no querer usarlas), la cosa tiene mala solución.

Cuando digo ‘no querer usarlas’ no me refiero a un acto consciente del hablante -a una negativa- sino a que, simplemente, vasco y gallego no terminan de convertirse en lenguas de uso común. Nada más. La falta de prestigio de la lengua gallega, incluso entre quienes la tienen como lengua materna, permite augurar un futuro funesto para el gallego.

El caso del catalán, en cambio, es el contrario. Vamos, q es la lengua de las elites, la que hablan los Raventós y los Codorniu en las suyas posesiones vinícolas y los Cangalleda en las sus mansiones de Pedralbes y en las sus torres de la Vall D’ Anxiona.

En cuanto a la lengua vasca, su problema es bastante más complicado que los que aquejan a las otras dos lenguas españolas que no se usan en todo el territorio nacional. Primero, el uso del vasco en su zona no está, ni de lejos, tan arraigado y asumido como el del catalán en la suya. El catalán aguantó razonablemente bien la embestida del franquismo, por ejemplo. Pero el vasco, que está incluso menos arraigado que el gallego, desapareció del mapa. El arraigo del catalán es tan hondo (por razones de peso que sería muy largo exponer aunq, en esencia, están expuestas ya en el párrafo anterior), que ya en los años sesenta, veintitantos años después de la guerra y de la entrada triunfal de Yagüe en Barcelona a sangre y fuego, lo usaban incluso muchos franquistas, inconscientemente y sin poder evitarlo: era su propia lengua, sencillamente. En cuanto al vasco, tiene además el inconveniente de no ser una lengua romance, lo cual convierte su aprendizaje y uso para los adultos que no la conocen en una ardua conquista personal. Pero las nuevas generaciones -gente de veinte años- han crecido con él en la escuela y ya lo conocen y usan con naturalidad, aunque siga siendo -insisto- una lengua que no acaba de arraigar en el día a día y que a mi modo de ver (y en esto concretamente puedo estar equivocado) ya es demasiado tarde para que lo haga, aunque vaya usted a saber.

Y es que allá en los altos de Neguri, los Urrandicotxa no usan el vasco para negociar con los Peroterreaga ni para tomar el aperitivo con ellos en el Ercilla, sino para dar órdenes a sus casheros.

A los que se asustan de lo que pasa en Cataluña les diré que en el siglo XXI, la unidad lingüística ya no es imprescindible para la unidad nacional…. si es que tal cosa tiene sentido todavía (que esa es otra), al menos tal y como se formulaba en el siglo XIX. Marx -que no sucedió en vano- desmontó el complejo entramado nacionalista de los revolucionarios liberales europeos (y no digamos la mierda armada con desechos de tienta por los reaccionarios españoles) como un relojero desmonta un reloj, mostró sus tripas al mundo y fue, finalmente, un globalizador ‘avant la lettre’.

Hoy, fenecido el internacionalismo proletario marxista, el que se ha hecho internacional finalmente ha sido el Capital, o sea, la Pasta y su máxima expresión, que es el mercadeo puramente especulativo, tócate los cataplines. Para el Dinero ya no existen las fronteras (ni la vergüenza, pero esa es otra historia). En el siglo XXI, en fin, el Dinero no tiene patria. Así pues, las nacionalidades se reducen a un problema de voluntad, de sentimentalidad y de fidelidad a un mundo, a unas tradiciones y a unas formas culturales.

Si España quiere ser algo y llegar a alguna parte debe, a mi juicio, asumir con urgencia una idea de sí misma + rica, abierta y cosmopolita que la tradicional (la inventada por los reaccionarios absolutistas fernandinos para hacer frente al constitucionalismo gaditano).

Una idea plurilingüista. Más: un orgullo plurilingüista.

Es decir, un reconocimiento de la realidad.

O no seremos nada (que es lo que vienen consiguiendo desde Trento, lo menos, los fantasiosos postulados reduccionistas, irreales y sin futuro que pueden tener su origen remoto en el mismísimo Padre Mariana y que vienen repitiendo machacones a través del tiempo -y sin saberlo, en muchos casos- los absolutistas, los carlistones, la CEDA, los fascistas, los franquistas, los independentistas, CIU, PNV, Pedro Jota, el parido de Rosa Díez y todo el Partido Popular en pleno con González Pons soltando mamarrachadas a la cabeza).

A mí se me ocurre que la mejor manera de acabar con tanta tontería (y arrancar de manos de los independentistas la bandera de las lenguas) es la de ponernos todos a usar las tales lenguas. Si la españolez no tuviera reparos en expresarse en vasco, por ejemplo, y en enorgullecerse de la lengua vascuence con satisfacción inflada ¿qué bandera-ideario-reivindicación le quedaría al redentorismo inependentista?

Ninguna.

Así ondeaba esta tarde, alegre y volandera, la Senyera sobre la calle de Alcalá (con la falda almidoná y los nardos apoyaos en la cadera, va y viene la senyera y sonríe resalá). Y nadie ha tirado piedras ni se ha burlado ni nada.

Los catalanes son españoles y entre ellos hay, por tanto, una buena porción de gilipollas victimistas. A esos tontos de los cojones dedico estas fotos, tomadas junto al Círculo de Bellas Artes, enfrente justo de de la sede central del Instituto Cervantes y a sólo cincuenta metros de La Cibeles y de la nueva sede del  Ayuntamiento ruín de Gallardón.

Quiero con esto decir que en Madrit, que por algo es la Capital d´Espanya, no nos comemos a los pobres catalanes crudos ni los despreciamos ni nada de eso. Nos tiene un poco escocidos, eso sí, que el esqueleto de la Selección Española de Furbo (Campeona del Mundo para más befa) esté en el puto Barça y no el  Real Madrid, como toda la vida, así como que los muñidores de ese escarnio hayan sido madridistas tan reputados como Fernando Hierro o don Vicente del Bosque que, encima, salieron del Real Madrid tarifando con la actual presidencia. La evidencia de que el puto amo sea, hoy por hoy, el Barça de los cojones (de Guardiola) y que ni Mourinho ni nadie hayan podido hasta ahora discutirlo nos hace sangrar. Pero quietos paraos que todo se andará, por la gloria de mi madre, que no hay mister grosero (ni presi fatuo) que perdure ni mal que cien años dure.

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3 respuestas a Catalanes

  1. Triniá, la de la Puerta Reá dijo:

    Jajajaja. Divertido párrafo final y una gran entrada, Caballerow.

    Un abrazo.

  2. Siana dijo:

    Me ha gustado lo que has escrito Bow. Muchas cosas de las que pienso están aquí, otras las estoy reflexionando en estos días.

    Visca Madrid ;)!! i gràcies!

  3. Siana dijo:

    Per cert, els explicaré als amics això que feu a Madrit, especialment aquells que alguna vegada m’han dit que “a Madrid ens odien” i no poden creure que a la Cibeles també es reuniexin cules.

    Una anècdota. L’altre dia va venir per Barcelona la meva cosina, i el seu fill (un nen de 4 anys) s’havia passat la nit d’abans plorant perquè venia a Can Barça. I no volia passar més temps aquí del necessari, pels de La Masia. Pobrissó.

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