Ya se van los meapilas

Ya se van, contentos y felices, por donde han venido. Han visto a la Virgen (Nuestra Señora), al Papa y a Jesús Sacramentado. Han confesado sus culpas, lavado sus almas sucias y entonado el Señor Mío Jesucristo (Dios y Hombre Verdadero) a la sombra de los castaños de El Retiro. Han conocido Madrid, se han cansado hasta la extenuación, han pasado sed y, sobre todo, un calor de verdadero infierno (que para muchos ha sido novedad nunca hasta hoy experimentada) y han jurado volver a verse no sé cuando en el río de Enero (Rio de Janeiro) a la sombra también del Papa de Roma.

Una aguerrida religiosa venida de dios sabe donde muestra con su actitud decidida y su sonrisa despejada la fuerza de una Fe capaz de mover real y verdaderamente montañas.

Tanbién han podido conocer de cerca a los temidos comecuras españoles, una especie de brontosaurios antiguos cuyos agresivos (y más que justificados) exabruptos ponen a prueba la fe más sólida. El comecuras español es el anticuerpo social generado inevitablemente por la infección trentista; sus entrañables blasfemias, sus intemperancias, el recuerdo de que aquí, al otro lado -a este lado- sin curas, Gracia Divina ni nada, se está también la mar de bien. Tan bien, como poco, como ahí, a ese otro lado donde la gente no para de darse golpes de pecho todo el santo día impetrando la salvación eterna.

Dos gringos graciosetes encaramados a las columnas del Banco de España, en la calle de Alcalá, el pasado viernes (nota chusma: la nena, para que voi a decir otra cosa, estaba de toma pan y moja).

Yo me pregunto, ante este despliegue -ciertamente impresionante- de poder porqué coño la Iglesia Católica no se planta y, sencillamente, para de una puta vez la hambruna de Somalia (y todas las demás hambrunas del mundo, de paso). Y que no me digan ahora los católicos posibilistas  (¿creyentes?) que eso es IM-PO-SI-BLE.

NO lo es.

No lo es para quien ha podido paralizar la Capital de España, así como movilizar y traer hasta ella más de un millón de personas procedente de las cinco partes del mundo, alojarlo, alimentarlo y, sobre todo, darle de beber durante una larga semana plagada de actos aquí y allá.

Así que menos rollos, Benedicto, y más dar fruto. Que los demás, al menos, somos ateos y no andamos todo el puñetero día con Dios en la boca.

Animosos creyentes avanzan con fervor infinito a oír La Palabra en boca del sucesor de Pedro. Pienso que con semejante grey -‘la piel del tambor’- la Iglesia Católica podría cambiar el mundo. Pero, francamente, no la veo muy por la labor. En fin, ‘que buen vasallo’, etc, etc, etc.
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Una respuesta a Ya se van los meapilas

  1. Ivan dijo:

    Por desgracia no se para el hambre en Somalia, pero de momento quien lo está mitigando es precisamente la Iglesia dentro de las posibilidades, através de los mas de 5000 religiosos misioneros con hospitales, comedores, dispensarios, escuelas… en muchos casos perdiendo la propia vida en pos del pueblo al que han ido a ayudar. Son los gobiernos los que impiden el progreso de sus pueblos. Y si, siempre tenemos a Dios en la boca porque es El, el que da sentido a ese estilo de vida que hace que una persona se dé sin mas a los demás. No importa que seas ateo, agnostico o lo que quieras, solo pido que se respete al margen de creencias (respecto a tu ateismo) la labor social y asistencial que desarrolla la Iglesia.

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