Nos vamos poniendo viejos

El pasado mes de junio, Charlie Watts hizo setenta tacos.

Setenta.

Su colega Bill Wyman, el stone más mayor (y hace años retirado) los cumplió hace mucho.

De Brian Jones, mejor ni hablamos.

Arriba, Mick Jagger. En medio, Bill Wyman a la izquierda y Charlie Watts a la derecha. Abajo, cabecita con cabecita, Brian Jones y Keith Richards. Las verdaderas, auténticas, originales e incombustibles Satánicas Majestades. Su ‘No satisfaction, no, no, no…’ no es ya una canción. Es un himno que vale tanto para un roto como para un descosido.

En cuanto a Mick Jagger y el ‘incombustible’ Keith Richards (que ya rebasaron -y muy bien rebasada- la edad de jubilación) los cumplirán en un par de años.

Parecía que no iba a llegar nunca y, mira, ya está aquí.

El fin del tiempo, digo. Y también el de una generación feliz y deseada, nacida de las cenizas de la segunda guerra mundial y criada en la opulencia de los sesenta. Una generación mimada que no conoció la incertidumbre ni la angustia económicas sino el coco de la bomba atómica y el cuento de la ‘guerra fría’.

Y que se rió de los dos a mandíbula batiente.

Esa generación mecida en la cómoda hamaca del hoy llamado ‘estado del bienestar’ (la contundente respuesta occidental a la acechanza del diablo soviético) se desmelenó en los sesenta, cuando alcanzó la mayoría de edad, rebelándose contra los últimos restos de formalidad decimonónica heredados por sus padres, los recios y severos supervivientes del terremoto de la Segunda Guerra Mundial. Gente que había sufrido lo indecible y que estaba, en consecuencia, para pocas bromas: no en vano había dado el existencialismo, la ‘lost generation’ y los abstractos. Gente pasada de vueltas que sabía lo que valía una ducha diaria, un buen corte de pelo y la cortesía de un ‘buenos días’ a tiempo, no entendía todas aquellas mariconerías hippies de los hijos de las flores ni de la imaginación al poder.

Para ellos, lo único que había que exigir que subiera al Poder era La Justicia. Y va que chuta.

Lo más potable que nos han dejado sus hijos, los chicos estos de mayo del 68 y del make love not war -hoy alegres setentones europeos- es la libertad y la igualdad sexuales, la abolición del prejuicio racial y la relativización de la presunción nacionalista, hoy limitada a un juego, a una convención útil para dar sentido a los eventos deportivos exclusivamente y que -quiero creer- nadie se toma demasiado en serio fuera de las gradas de los estadios.

No es herencia pequeña, así que no nos ríamos tanto de ellos. Bob Dylan, John Lennon, los Stones, Jane Birkin  y, en España, Raphael, Felipe González, Adolfo Suárez, SM El Rey, Enrique Ruano y también los abogados de Atocha (cuyo hijito -salvaje, injustamente no nacido- estaría hoy cumpliendo treinta y tantos años. ¡Ay, Jonás, que cumpliste veinticinco años en el año 2000….!)

Gente, en todo caso, con bemoles.

El mundo no volverá a ser como ellos lo conocieron. La revolución de las telecomunicaciones, la caída del telón de acero y el advenimiento de internet nos han preparado un circo de tres pistas que exige gran espectáculo. Y me temo que no estamos muy preparados para darlo.

La que se nos viene encima, en consecuencia, va a ser de órdago.

La última vez que hubo una crisis económica mundial a lo bestia -del tipo de ésta- la cosa acabó como el rosario de la aurora (guerra civil española y II GM).

Rafael Sánchez Ferlosio -hermano mayor de todos estos (o hermanito pequeño de sus padres)- lo profetizó, amargo, no hace tampoco tanto.

‘Vendrán más años malos y nos harán más ciegos’

No puedo evitar, en este punto, que me venga a la memoria la frase, creo que del viejo y taimado Talleyrand, que Bernardo Bertolucci puso al frente de su ‘Prima della revoluzione’.

“Quien no haya conocido la vida anterior a la revolución nunca sabrá de que va eso de la dulzura de vivir”.

Mucha suerte a todos.

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Una respuesta a Nos vamos poniendo viejos

  1. Siana dijo:

    Buena entrada Comandant. Gracias.

    Yo me alegro de haber visto a estos incombustibles Rolling tres veces en concierto. Y ver al Jagger pegando unos brincos tremendos por todo el escenario. Pero sí, claro, el tiempo también les llega a ellos..

    Espero que la que se nos viene encima con todo tan revuelto a nivel social nos pille a todos fuertes y en forma. Sé que vendrán tiempos mejores, sin duda.

    Petons!

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