Contra Eslava: lo que va de tío a tía (¿chica o chico?)


 
 
 
 
 
 
Viva la diferencia
 

Observo que cada vez parece más de moda incidir en unas supuestas diferencias físicas entre los cerebros masculino y femenino.

Entre los cerebros.

Semejante tontería -por no decir mamarrachada, que sería lo preciso y exacto- constituye la munición de una ridícula ofensiva mediática encabezada por la PanzerDivisionen TDT cuyo fin último podría ser dotar de teoría y fundamento a una vieja aspiración de los más refitoleros sectores de la carcundia hispánica.

El fin de la enseñanza mixta.

La generalización de la enseñanza laica y mixta es un logro de la transición española que se hizo realidad a principios de los ochenta, cuando llega al poder la izquierda moderada, es decir, el PSOE de Felipe González (para disgusto de los tradicionales detentadores de la enseñanza en España: los católicos. Las órdenes religiosas católicas, vamos. Dicho a la pata la llana: curas y monjas).

Desde entonces, cualquier iniciativa tendente a generalizar el acceso a la enseñanza y de dotar a ésta de contenidos cívicos y metodologías avanzadas (es decir, de calidad) ha sido ametrallado sin misericordia con munición de todos los calibres desde los sectores más inmovilistas de la sociedad española. La LOGSE, condenada al fracaso mediante el vaciado de contenidos, medios y presupuestos, o la llamada ‘educación para la ciudadanía’, tímido intento de homogeneizar la españolidad más allá del delirante mejunje ideológico que es el nacionalcatolicismo hispano y que fue sistemáticamente boicoteado por alteradas asociaciones de padres que veían el Maligno por doquiera.

Ahora se trata de demostrar que la enseñanza mixta, universal e indistinta de niños y niñas escolarizados en las mismas aulas y recibiendo los mismos contenidos es una monstruosidad. El camino: establecer ‘científicamente’ (palabra mágica que vale tanto para un roto como para un descosido) que hay dos clases de cerebros humanos con diferencias físicas insalvables entre unos y otros, es decir, con diferencias tangibles, sistemáticas, evidentes y visibles.

El cerebro masculón y el cerebro femeninón. Uno con una polla como un badajo colgando. Y el otro con un real chichi presidiendo el Universo.

Manda cojones, que diría Trillo (Figueroa) si fuera más persona y menos fifilichis.

…………………………….¡Manda güebos! ¡La cartera!
 
 

Esas supuestas diferencias entre ambas clases de cerebro tendrían numerosísimas consecuencias (aún por demostrar) en el comportamiento y las capacidades de los machos y las hembras de la especie, más allá de las de concebir, inseminar o parir, es decir, más allá de las relacionadas estrictamente con el sexo.

La idea es tan idiota y tan ridícula que seguir insistiendo en ella da como vergüenza ajena, ya que no se tiene de pie la mires por donde la mires, pero la ofensiva es real y sus absurdas elucubraciones, aunque parezca mentira, están calando entre la gente, alguna de ella con título universitario incluso (lo que prueba que hasta el más zote puede ser titulado)

En fin, que lo único que está sobradamente demostrado es que cada vez parece estar más de moda incidir en las supuestas -y absolutamente inexistentes- diferencias que, más allá de la mera sexualidad, daríanse entre hombres y mujeres.

Algún listo saldrá ahora a tocarme los esos inquiriendo muy sobrado que como estoy tan seguro y que a santo de qué hablo tan alto y tan sobrado del tema siendo como soi un gañán indocumentado y sin titulación.

Pues yo se lo voi a decir, hombre, y gratis, ya ves, esta mañana me he levantado generoso. Pues, entre otras cosas, porque no hacen falta títulos ni muchas luces, sino un poco del común sentido que todos gastamos cuando no nos dejamos enredar por los malmetidores profesionales, que cada vez hay más y cada vez arman más ruido. Y es que no hay que discernir mucho para concluir que si entre hombres y mujeres no existen diferencias, más allá de las sexuales, es por una sencillísiima (y evidente para cualquiera que no sea un chisgarabís) razón económica.

Porque esas supuestas diferencias no hacen falta.

¿Qué utilidad podrían tener?

Ninguna.

La Naturaleza, simplemente, no las necesita.

Sí.
No es necesario que ellas sean MÁS intuitivas y maternales y ellos -toooodos ellos por definición y sin excepción posible- MÁS prácticos y expeditivos.

El que sí necesita que esas (y otras diferencias que van apareciendo) existan, por lo que se va viendo (y ahí empezamos a entendernos), es el creciente NeoPuritanismo BienPensante Feminista, Enredadador,  Faxenda y Gilipollesco, cada vez más ufano y crecido y cada vez más dueño del campo a base de barruntar líos que, en realidad, no existen y de llenarlo, en fin, todo de mierda.

Tantos años de lucha por la igualdad y tantos de pedirla y reivindicarla  tercamente en las leyes y en la relación social para ir a parar a una simpática tierra de nadie que se encuentra, curiosamente, a medio camino entre las revistas Telva y Cosmopolitan. Vamos, que chica Telva o chica Cosmo, tú, nena (y contigo tu chico), quedáis crucificados en un puto esquema, en un canon fijo, inamovible, determinado y determinista. Vamos, como en la vieja Sección Femenina Falangista o en el bonito mundo del Beato JoseMaria (que Dios tenga en Santa Gloria).

En resumidas cuentas: no sóis libres (ni, por tanto, responsables).

Y que os den.

En estos tiempos de crisis de identidad (¿qué es ser español? ¿qué es ser catalán? ¿que es ser euskaldún? ¿qué es ser europeo? ¿qué es ser joven? ¿qué es ser humano? ¿qué es ser cristiano? ¿qué es ser creyente? ¿qué es ser madre? ¿qué es ser mujer? ¿qué es ser madrileño?) la nueva impostura feminista reafirma la femininez como una identidad por oposición al tradicionalísimo y mareante Hombre Padre Macho (alfa o beta, que más da, pero con pene barrenador), papel que, curiosamente, sale reforzado con este ridículo hembrismo cada vez más crecido y generalizado.

Así, las personas a las que la Naturaleza adjudicó funcionalidad sexual femenina andan cada vez más seria y concienzudamente convencidas de que no hay en la vida nada más extraordinario ni que sea remotamente comparable a la impactante realidad de haber nacido con chichi (y no con pene).

Como decía aquel (ridículo) anuncio de compresas (o de lo que fuere) ‘ejke mencanta ser mujer’.

A mí me parece divino (cada uno se contenta con lo que quiere o con lo que puede) pero no termino yo de ver porqué el hecho aleatorio de haber sido obsequiado por la Naturaleza en la divertida lotería genética con una mayor proporción de estrógenos que de testosterona pueda resultar particularmente excitante y, sobre todo, más excitante que lo contrario. O más excitante, en otro orden de cosas, que haber recibido más o menos cantidad de melanina, somatostatina, somatotropina, prolactina o cualquier otra mierda bioquímica.

Con ser una persona más o menos normal -sea cual sea el reparto genético y hormonal que le haya caído a uno en suerte- ya tiene uno bastante trabajo y va razonablemente servido. Particularmente, encuentro ridícula la suposición de que, más allá del sexo (que no es poco) haya grandes diferencias entre un macho y una hembra. Es más, que haya alguna. La Madre Naturaleza viene demostrando que es económica y que todo lo que hace lo hace por algún motivo de ineludible necesidad. Y como no hay motivo ninguno, fuera del sexo, que exija capacitaciones diferentes para los individuos de cada sexo, estimo que es que esas capacitaciones, simplemente, no existen… desde el punto de vista de la Naturaleza, claro.

Otra cosa es que nos pongamos flamencos y nos metamos a inventarlas. Y a inventariarlas.

Ese complejo trabajo de impostura intelectual me recuerda al de inventariar los Nombres de Dios, así como otras fantasías parecidas que se han discutido, considerado y baremado durante siglos sin llegar a parte alguna. Para muchos es necesario que existan esas diferencias entre el sexo masculino y el femenino (más allá aún de la realidad sexual) como para otros es necesario que existan Dios, el Señorío del Real Madrid y el castigo para los malotes.

Y eso que lo único cierto es que los entusiastas de la diferencia, salvo tonterías y gracietas supuestamente irónicas, no han aportado nada.

Pero es que nada.

Ahora Juan Eslava Galán se apunta a la moda con un libro bien documentado y lleno de datos, Homo Erectus. Sin la más mínima intencionalidad o interés ideológico, ese libro incide -hasta donde he leído- en esta hipótesis de la diferencia más allá del sexo. Y como prueba se aporta la evidencia hormonal: el trabajo de la testosterona, por un lado, y el de los estrógenos, por otro.

El Mediterráneo.

Al fin y al cabo, lo de las hormonas es un hecho que determina de manera irremediable, ya en el fetillo, el sexo que tendrá el ser humano que salga de ahí.

O sea, que seguimos donde estábamos. En el sexo.

Reivindicar ahora el carácter absolutamente condicionante del hecho hormonal más allá del sexo es poco serio porque, al final, no es más que reivindicar el carácter condicionante de la diferencia sexual de toda la vida y que sólo es eso, precisamente: sexual. Particulamente me rebelo contra la idea (no expuesta explícitamente por Eslava) de que una mujer NO pueda ser agresiva ni velluda jamás. Jamás: los encantadores estrógenos lo impedirían siempre, siempre, absolutamente siempre, del mismo modo que la ausencia de alas bloquea en ella, irremediablemente, la posibilidad de volar.

Igualmente me rebelo contra la idea de que ningún macho pueda hacer dos cosas a la vez nunca, por más que lo intente, ya que la divertida testosterona se lo impidirá al anular determinadas conexiones cerebrales que, en las hembras, en cambio, en ABSOLUTAMENTE TODAS las hembras, funcionan como un tiro siempre y sea cual sea la circunstancia.

Y es que tanto ‘nunca’ como ‘siempre’ son períodos de tiempo excesivos. Y ‘todos’ y ‘todas’ son, igualmente, cantidades demasiado grandes.

Quiero destacar aquí una vez más que Eslava NO afirma explícitamente, insisto, que una mujer NO pueda nunca hacer bien tal y cual cosa (ser campeona de ajedrez, por ejemplo, como ha afirmado -precisamente- un campeón de sexo masculino, eso sí, en privado, en un reciente campeonato) ni que un hombre NO pueda nunca tampoco hacer tal y cual otra.

No.

Lo que pasa es que el sesgo de las graciosísimas afirmaciones que Eslava hace en su libro lo deja sentado (como buen propagandista que es) y abre intencionadamente la puerta a que pueda deducirlo solito el lector que esté dispuesto a creerlo (porque estamos, una vez más, en el terreno de las creencias -de lo que queremos creer- y no en el de los hechos y las certezas tozudas y evidentes más allá de las creencias).

Que Franco y su cuadrilla fueron una pandilla de aventureros golpistas sin escrúpulos, por ejemplo -y aliados de Hitler, para más INRI- es una evidencia histórica para todo el planeta menos para quienes están dispuestos a creer en la buena voluntad de esas simpáticas personas que habrían actuado nada menos que por el bien de España.

Por el Bien de España.

Bueno, pues como en el tema de la criminalidad de Franco y sus secuaces, también en este tema de las habilidades más allá del sexo, pero en función del sexo, es imposible sacar del terreno de las creencias a quien basa toda su concepcion del mundo en la ‘certeza’ de que un tío y una tía son funcionalmente distintos (en el sexo y en más cosas), así como en la de que que Dios creó el mundo con la fuerza de su imaginación (y al cantamañanas de Darwin que lo fumiguen) y en la de que Albertito Ruiz es un gran alcalde porque ‘hace cosas’ vistosísimas (y tontas, mayormente, pero esa es otra historia).

Sencillamente: yendo al límite, llega un momento en el que, en esto de las diferencias más allá del sexo, no se sabe a ciencia cierta de qué rayos estamos hablando.

Y es que las afirmaciones sobre la contundencia del condicionante biológico para las personas de uno u otro sexo sólo son posibles mientras se hable a grandes rasgos: mientras nos movamos en el terreno de la especulación y nos limitemos a dar brochazos demagógicos, imprecisos y facilones (como el toreo de Fran Rivera) renunciando a la Verdad del toreo, a bajar al suelo, a tocar tierra y a aplicarlas a individuos, situaciones y entornos concretos.

Porque en cuanto lo haces, se va todo al garete y la trampa queda al descubierto.

Y es lógico.

La Ciencia no da brochazos.

O es o no es. Punto.

Siempre y en todo lugar, como la ley de la gravedad, la ley de Boyle-Mariotte o la suma de los cuadrados de los catetos.

La Ciencia es universal y sus principios tienen que poder aplicarse desde lo más general a lo más concreto.

En cualquier circunstancia, tiempo y lugar. En cualquier condición de presión y temperatura. En cualquier entorno.

Pero en este tema de las diferencias entre los individuos de uno u otro sexo más allá del sexo seguimos atascados, en el fondo, en el como es (o sea, en el como debe ser… y debe comportarse) un ser humano que es chica y en el como de otro que es chico, obviando la obviedad fundamental de que, al final, jamás hay dos seres humanos iguales ni la de que todos -al margen del sexo que nos toque- necesitamos ambas hormonas -ambas: las dos, el estrógeno femenino y la testosterona masculina, y eso sí que es absoluto- ni que las cantidades y proporciones nunca -nunca- son las mismas en dos individuos distintos, incluso de la misma edad y del mismo sexo.

Todos iguales y todos distintos.

Todos chicos y todos chicas (que no todos machos y todos hembras).

Y esto sí que es rigurosamente científico.

En todas estas tonterías de la diferencia más alla del sexo late siempre el miedo -el pánico- a la libertad y a la responsabilidad individuales, que son las grandes e inevitables Verdades, así, sí: con mayúsculas. El ser humano lo es -humano- porque está diseñado para ser (y hacer) cualquier cosa que quiera. Punto. Naturalmente que hay condicionantes que determinan las limitaciones de cada individuo. Desde la edad (al nadar, por ejemplo) al sexo (ningún macho puede ovular del mismo modo que ninguna hembra puede inseminar. Por no hablar de esa fascinante pirotecnia exclusivamente femenina de los infinitos rosarios de interminables cataratas de orgasmos encadenados, increíble espectáculo capaz de matar de estupefacción -y de envidia, sobre todo- al más macho de los machos). Pero poco más. La Pasabán, sin ir más lejos, ha demostrado que la testosterona se produce cuando hace falta si se está dispuesto a ello (o dispuesta) sin por eso dejar de ser una real hembra más buena que el queso de bola. Y no pocos machos han mostrado habilidades y capacidades asociadas tradicionalmente a las sensibilidad e identidad femeninas sin por eso dejar de ser unos tíos con toda la barba.

………………………………Absolutamente ‘cool’ a 14.000 metros sobre el nivel del mar.
.……………………………..Y sin testosterona.
 
 
 

Dicho lo cual, me está encantando leer el libro de Eslava porque, al margen del sesgo este que introduce el tío con el rollo de las hormonas, está bien documentado y porque, aparte creencias, centra muy bien el estado de la cuestión, hoy (un estado que, queda claro, es patético, por cierto).

……………..Laia Sanz en la Paris-Dakar.
 
 
Teniente Torres, piloto de combate (y no es broma)
 
 

Verónica Rodriguez, novillero.

 
 
Tiene 22 años, es de Cieza y respira torería. La seguimos. Suerte, Vero.
 
 
 
 
 
 
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2 respuestas a Contra Eslava: lo que va de tío a tía (¿chica o chico?)

  1. Siana dijo:

    Yo me parece que el Juanillo es un poco de la broma también😉

    Me parece muy interesante lo que dices. Yo me planteo ahora quizás mucho más que antes…y sí. Pienso también que las diferencias radican en el sexo, y de ahí lo demás, determinado por esa condición biológica. Pero hay mucho mensaje subliminal por modas y otras chorradas para hacernos creer que hay una casilla y comportamiento esperado y adecuado para cada caso. Y esto que dices:

    “Y es que tanto ‘nunca’ como ‘siempre’ son períodos de tiempo excesivos. Y ‘todos’ y ‘todas’ son, igualmente, cantidades demasiado grandes.”
    Es una verdad como un templo.

    Me quedo con esta conclusión que encuncias:
    “El ser humano lo es -humano- porque está diseñado para ser (y hacer) cualquier cosa que quiera”.

    Una mujer, y un hombre pueden hacer lo que quieran. Ser piloto de Iberia o llevar una casa y sacar adelante a los críos, da igual.

    Te dejo algunos recuerdos😉

  2. bowmanpoole dijo:

    Al Eslava, sobre todo, lo que le gusta es enunciar eso de que los tíos no pueden hacer dos cosas a la vez ni las nenas echarle ‘cojones’.

    Pa tocar los esos, mayormente. Pero no se queda en graciosete y se toma muy en serio la cuestión hormonal como fundamento de todo.

    Pero es igual. Gracias, en todo caso, por tu curradisimo comentario.

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