Hoy hace 50 años: ‘Tranquilícese. Soy soviético’.

Hace cuarenta y dos años, un mes antes del mayo francés, un Héroe de la Unión Soviética evitó saltar en paracaídas de su avión averiado y se estrelló con él, como sólo hacen los buenos, dirigiéndolo antes a una zona deshabitada.

Fue el 27 de marzo de 1968.

Aquel Héroe del Proletariado no era cualquier piernas. Aquel Héroe del Proletariado era una leyenda. Aquel Héroe del Proletariado era nada menos que Yuri Gagarin, uno de los iconos más mediáticos y señalados (y representativos también) del siglo XX.

El primer ser humano en romper el techo del cielo, saltar al espacio exterior y ver el Planeta desde fuera, envuelto en la película azul de la atmósfera.

El primer astronauta.

Gagarín fue lanzado, a bordo de la Vostok I, el 11 de abril de 1961. Hoy hace, exactamente, cincuenta años.

……………..Un Héroe de carne y hueso para un pueblo de carne y hueso: puro materialismo dialéctico.

Su muerte, en 1968, no fue realmente como pretendió la propaganda soviética, gallarda y heroica, ni como la leyenda pretende aún hoy (‘de haber saltado en paracaídas, su MIG 15, descontrolado, se habría estrellado contra una escuela’). Pero tampoco fue apestosa y miserable, como han pretendido las leyendas a la contra, las negras, que tan leyendas son como la otra: Gagarin ni siquiera iba bebido ni mucho menos mermado por una depresión que debería haberlo incapacitado para volar. Sólo fue un accidente estúpido, azaroso y prosaico relacionado con algún incidente mecánico que pudo provocar una decisión poco afortunada y, finalmente, la caída del aparato sin que Yuri ni su acompañante, Vladimir Sirioguin, pudieran hacer nada para evitarlo ni, casi, casi, darse cuenta de que se mataban.


Pero, ya se sabe, los Héroes del Pueblo no pueden fallecer como fallecemos los demás, a lo tonto, sino a tono con su aura, a lo grande, dando espectáculo y alimentando, en fin, su leyenda. Y la de Gagarin es de las grandes, la de un Hijo del Pueblo, obrero metalúrgico que cumple su sueño de viajero estelar, una hermosa leyenda de los años sesenta y las primeas revistas ilustradas con grandes y vistosas imágenes en color de los The Beatles, Marilyn, Vietnam, Castro, Kennedy, los hippies y, como no, el propio Gagarin, el primer hombre en el espacio.

Pueblos del mundo, uníos: hace cincuenta años ¡…y el tío Fidel ya existía!

Hoy que tenemos permanentemente en órbita -a bordo de un cacharro de cierto pelo como la Estación Espacial Intermacional (ISS, International Space Station)- toda una tripulación internacional que se releva y abastece con tanta regularidad que ya ni es noticia, es fácil que el impacto emocional que tuvo en su momento aquel vuelo de una sola órbita que efectuó la Vostok I se nos escape. Eran tantas cosas las que se hacían por primera vez que era difícil creer que alguna no fallara. Empezando por los materiales que se iban a someter a unas condiciones realmente irreproducibles a nivel del suelo. Sólo el hecho de mantener el habitáculo herméticamente aislado y, a la vez, ventilado, es una hazaña tecnológica habitual hoy en el día a día de la aviación comercial, pero que entonces era un experimento. Literalmente.

También se especulaba sobre las sensaciones que se experimentarían a esas velocidades -27.000 kms hora- y en estado de caída libre -es decir, de ingravidez- durante tanto tiempo (menos de dos horas desde el despegue hasta tocar suelo de nuevo).

De todo aquello queda el principio de una época. La de la conciencia de un solo mundo, la de vivir en un planeta minúsculo y vulnerable -el tercero a partir del Sol- el hogar de esa rareza que es la especie humana y dos frases. Una, grandiosa y sencilla, en órbita. ‘Veo la Tierra y es azul’. Y otra, chusca y también sencilla, la que le soltó el flamante astronauta, arrastrando su pesado paracaídas y vestido con su escafandra y su aparatoso mono naranja fosforito de viajero del espacio, a la primera persona que se encontró al volver, una anciana campesina del Kazajistán, literalmente espantada ante la visión de aquel torpe androido dando tumbos por la estepa. ‘Tranquilícese, madrecita’, dijo el gran Gagarin, sin duda entrenado para enfrentarse a estas situaciones. ‘Soy soviético’.

Una curiosa imagen, ciertamente histórica, de 1965. Gagarin, el vicepresidente USA Hubert Humphrey y el Primer Ministro francés Georges Pompidou entre los astronautas norteamericanos White y McDivitt, entonces recientes protagonistas de este otro icono del siglo XX.

El astronauta norteamericano Edward White abandona la Gemini IV en junio de 1965 y se da un paseíto por el experior. La imagen la tomó su compañero James McDivitt desde el interior de la cápsula.

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Una respuesta a Hoy hace 50 años: ‘Tranquilícese. Soy soviético’.

  1. Siana dijo:

    Si es que en el fondo vamos todos en el mismo barco. Una pelota azul que se mueve por el Universo a una velocidad de vértigo. Sólo de pensarlo entra eso, vértigo.

    Por aquí nos seguimos cabreando por todo, organizando guerras mundiales y particulares, y preocupándonos por chorradas. Y el Universo sigue inmutable.

    Nos tendrían que dar a todos la oportunidad de salir algún momento, verlo todo desde fuera, y relativizar de una vez.

    Molan estas entradas Comandante: se aprenden cosas. Petons.

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