Sobre don Arturo Pérez-Reverte

 

 

…………….Genio y figura

No tiene uno demasiadas oportunidades de cambiar impresiones con jóvenes. Tampoco interés. Ni con jóvenes ni con nadie. Al fin y al cabo, cada vez hay menos impresiones interesantes que cambiar. Ya no acertadas: me refiero a impresiones personales, originales y divertidas.

En estos tiempos, nadie tiene una impresión propia de nada. La impresion de lo que sucede se compra ya elaborada. Es cómodo, fácil y rápido. No hace falta romperse la cabeza cosiderando esto y analizando aquello ni dar vueltas a un montón de variables complejas, difíciles e inmanejables. Puede uno dedicarse así a mirar su afortunada imagen en un espejo mientras se dice ‘pero que guapo eres, cabrón’.

Total, que no queda nadie con quien hablar. Y es lógico. Nadie piensa. ¿Para qué? ¿Para qué molestarse en hacerse una composición de lugar si se puede comprar ya hecha por capacitados profesionales?

Cualquier construcción escenográfica de lo que sucede, la que a uno más le guste, se puede adquirir en el super completamente equipada de fábrica, con su atrezzo, sus extras y sus efectos especiales (malos y previsibles, eso sí) a medida y adaptados al punto de vista, las circunstancias familiares o el entorno social que se prefiera.

La modernidad es lo que tiene. Que uno amuebla el cerebro lo mismo que el apartamento de la playa, el portal de casa o cualquier otra mierda igual de inane. Vivimos unos tiempos en los que hasta los editorialistas de prensa, los tertulianos de la radio y los catedráticos universitarios parecen de cartón piedra.

Diseñados, no creados.

¿Qué va uno a esperar, pues, de la gente corriente sino virtualidad prefabricada cuando los periódicos parecen tebeos y la comida, pasta de papel? Salvo los desastres, los tiranos y los hijos de puta -y, aleluya, también los deportistas- todo es inconsistencia, vaciedad y holograma.

Genio y figura

Qué lejos estamos de sólidos e imprevisibles fenómenos como el torero don Antonio Chenel -grande, lleno y macizo- del que se decía que toreaba como vivía, o como el alcalde Tierno, que después de crear un estilo, rompió el molde. O como el también irrepetible don Fernando Lázaro Carreter -sí, el de ‘El dardo en la palabra’- catedrático (severo) que fue de Teoría de la Literatura en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid y director de la Real Academia Española, institución que en sus manos viajó con alegría y rigor hasta el siglo XXI. Contaré de él una anécdota inédita -al menos, no la he leído en ningún lado- y que define bien su carácter estricto y exigente. A las nueve de la mañana del 24 de febrero de 1981 -con una noche delirante a su espalda, Madrid vacío y el Congreso ocupado aún por Tejero- Lázaro se presentó tan terne en su clase, como debe ser. Ante los audaces (y escasos) alumnos que, como él, habían tenido los santos huevos de subirse hasta la Ciudad Universitaria en mañana tan excepcional, el polígrafo aragonés exclamó ‘nuestro deber es hoy estar aquí. Pero, con la que está cayendo, comprenderán y excusarán ustedes que no tenga el ánimo ni la frialdad necesarios para dar mi clase’. Y sin más explicaciones, puso un transistor sobre la mesa, lo encendió y allí en el aula recibieron él y sus alumnos, guardando aliviado silencio, las primeras noticias sobre la claudicación de los conjurados y el triunfo de la democracia.

………………………………………Genio y figura.

Claro que ya no hay golpes de estado (afortunadamente) y todo ocurre siempre en otra parte (afortunadamente también), mayormente en la pantalla, pero no estaría mal que, a pesar de todo, empresas,  pensadores, capitalismo, profesionales, religiosos, investigadores, dirigentes, filósofos, especuladores, sindicatos, periodistas, científicos, ‘emprendedores’ y, en fin, las personas en general, hiciéramos un esfuercito por ser lo que creemos ser, nada más -o, al menos, lo que decimos ser, que tampoco es tanto pedir- y no otro tropezón perdido en un caldo insustancial. Con un poquito que pusiéramos cada uno bastaría para que el potaje ortopédico de figuras de cera irreconocibles en el que chapoteamos tuviera un poco más de sabor. Particularmente, añoro seres reales -aún inmorales, pero con un poco de verdad dentro- en vez de esas impostadas manufacturas con forma de juguete de plexiglás o de espantapájaro teledirigido que se están adueñando del mundo y con las que no hay manera de saber a qué atenerse.

Parece, en todo caso, que aún hay lugar para la esperanza (que dirían los meapilas), gente con puntos de vista ajenos al estereotipo y con la que se puede conversar esperando el milagro de oír algo exclusivo.

Charlaba yo el otro día en plan informal con un joven aparentemente atolondrado cuando salió a relucir en la conversación el escritor español Arturo Pérez-Reverte. Un poco fachilla, malmetí para ver que pasaba. Lo que pasó fue que mi contertulio saltó ágilmente por encima del manoseado lugar común para sorprenderme con una visión inédita del fenómeno mediático. ‘¡Qué va!’, rió con ganas. ‘Un tocapelotas’.

En efecto: un mágico, necesario y auténtico ‘tocapelotas’, me dije maravillado. Eso es Reverte.

Me acordé de esta anécdota el domingo, leyendo en ‘El País’ un artículo de Enrique Vila-Matas (un escritor, por cierto, que Arturo Pérez-Reverte ha confesado alguna vez seguir). En su artículo, cita Vila-Matas al novelista Italo Calvino (El barón rampante, El vizconde demediado, El caballero inesistente), gran agitador de la impostura (como maquis que fue, es decir, combatiente de la impostura fascista con las armas en la mano).

El verdadero oficio de la literatura -habría escrito Italo Calvino, según Vila-Matas- consiste en escribir de tal manera que los demás se pongan nerviosos; en provocar reacciones. Si no, uno se duerme.

Efectivamente. ‘Si no, uno se duerme’.

Y me digo que, en este terreno, Lázaro Carreter, Vila-Matas, Italo Calvino y Reverte constituyen un póker de ases.

Saben como evitar que se duerma uno.

Y es lógico.

Ninguno es de plexiglás.

elpais: surfear/dijo/Pauls

 

 

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2 respuestas a Sobre don Arturo Pérez-Reverte

  1. Trinidad dijo:

    Gracias, caballerow.

  2. Siana dijo:

    Y más gracias. Por esto especialmente:

    “pero no estaría mal que, a pesar de todo, empresas, pensadores, capitalismo, profesionales, religiosos, investigadores, dirigentes, filósofos, especuladores, sindicatos, periodistas, científicos, ‘emprendedores’ y, en fin, las personas en general, hiciéramos un esfuercito por ser lo que creemos ser, nada más -o, al menos, lo que decimos ser, que tampoco es tanto pedir- y no otro tropezón perdido en un caldo insustancial”.

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