Dos guapos

Que nos vamos haciendo viejos es evidente. E inevitable. Y que se nos van muriendo, cada vez con más frecuencia, colegas generacionales, también. Esta vez ha querido la casualidad que hayan coincidido en las puertas del más allá dos guapos sin más relación entre sí que ésa: la de haber hecho suspirar a nenas que ya no cumplen los cincuenta, unas nenas -debo decir- que hace treinta años se enfrentaron a sí mismas (sobre todo, y a una educación bastante más que rancia que habían -que habíamos- recibido) para romper moldes muy duros y correosos. Algún día tendré que hablar de ellas, las nenas de mi quinta.

Hoy no. Hoy hablaré de dos de sus ídolos. Porque mucho antes de George Clooney existieron -y existirán ya siempre- Quique Curiel, Rojo Bello, y José Conde, el Conde Pepe.

Que nadie se engañe. Si llegaron a lo más alto no fue por guapos, fue por serios, rigurosos, eficaces, currantes y fiables. El comunista Rojo Bello fue prototipo de político y de comunista en el que más de cuatro debieran mirarse. No para copiar su galanura física inmitable, sino su porte moral: su compromiso -excesivo- con el trabajo. Con el trabajo bien hecho. A fondo. Y para copiar también sus increíbles ausencias de cinismo y de oportunismo que hoy, francamente, llaman la atención.

En fin ¡salud, camarada Quique Curiel, rojo, rojazo, rogelio, progre de mierda! (que diría, envidiosa, la faxenda). Sin ti, tu curro y tu bonhomía, la democracia sería hoy menos democracia.

En cuanto al gallegazo Conde Pepe decir, para empezar, que llenó -literalmente- la publicidad y la comunicación comercial española de los setenta y ochenta y que fue también muy solicitado para fotos y pelis comerciales de toda Europa. En los últimos quince o veinte años había iniciado una segunda vida como actor y hay que decir que trabajaba con mucha regularidad así como que lo hacía con la misma seriedad que cuando fue el modelo publicitario number one. Tenía, pues, una larga vida por delante pero La Parca inmisericorde fue a por él y lo mató sin piedad de un zarpazo, y mira que mantenía intachable su apostura don José Conde, el mu jodío. Lo mismo que para Dorian Gray, para él no pasaban los años.

Ya pueden estar contentos ahí arriba. Esta vez llevan dos buenas piezas.

El Conde Pepe, inalterable al tiempo pero no a La Cabrona. Un tío grande por dentro y por fuera.


Quique Curiel, el Bello Rojo, hace treinta y cuatro años, segundo por la izquierda, entre Ignacio Gallego y Ramón Tamames, el día de la legalización del PCE en 1977. Salta a la vista que como guaperas era imbatible. Como currante lo fue también.

 

 

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Una respuesta a Dos guapos

  1. Siana dijo:

    Sí que eran guapos, mucho. Entiendo que fuesen los hombres de aquel momento.

    Estará muy bien esa entrada, Bow. La que vas a dedicar a esas mujeres que se enfrentaron a sí mismas hace un tiempo. Esperaremos.

    Petonets

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