Ideas de bombero

 

No debe ser fácil ser bombero. Un trabajo imprescindible cuando todo se ha hundido, nada tiene remedio y se hace un hueco la desesperanza. ¡Tranquilos! -se dice después de un desastre- Ya están allí los bomberos.

Los bomberos actúan después de un terremoto, de un fuego, de una inundación, de un accidente de tráfico o de aviación, cuando caen cornisas o aviones y como último recurso cuando te olvidas la llave en casa o hay un gatito que no sabe bajar de un árbol y no hay manera humana de subir a buscarlo. Un oficio, pues, inhumano.

De dioses.

Loor y gloria a los bomberos, un cuerpo de señores corrientes -y ahora también de señoras- cuya misión es resolver lo irresoluble como sea. A costa de su vida, incluso. No hay seguridad para el bombero, te pongas como te pongas. Su trabajo, al fin y al cabo, es entrar ligerito y con alegría a ver que pasa donde todo el mundo sale despavorido.

Hace ya veinticuatro años en Madrid, calle de la Montera, había unos grandes almacenes -los Almacenes Arias- donde hoy se encuentran los cines Acteón, que ardieron como la tea. El peligro de que ardiera la manzana entera -desde allí hasta la mismísima Gran Via, la plaza del Carmen y la calle Tres Cruces- era real. Asi que los bomberos entraron con la decisión fatalista que los caracteriza y la estructura del edificio colapsó contra todo pronóstico. En un instante, cinco pisos se vinieron abajo estrepitosamente, como un castillo de arena en la playa, pillando a diez bomberos en sus escaleras. Murieron los diez, a ver. ¿Y saben una cosa? No hubo manera de saber cuantos  exactamente hasta que no se recuperaron los cadáveres, veinticuatro horas después. Y es que el espectacular incendio que paralizó Madrid había provocado que los bomberos que libraban aquel día se presentaran espontánea y responsablemente en sus cuarteles y, claro, la prisa y la urgencia no permitieron establecer registros precisos de quien estaba y quien no ni de quien había entrado y quien permanecía de retén.

No es raro, pues, que los niños los vean pasar fascinados a bordo de esos coches raros que piden imperativamente paso para llegar a un lugar incierto y resolver con imaginación, audacia y talento lo que no hay un Dios que resuelva. Y, claro, presos de un impulso valiente y entregado, los niños quieren ser bomberos, lo único noble que se puede ser hoy día. ¿Quién coño puede querer ser broker, vendedor de seguros o asentador de hortalizas? Respetables oficios, ciertamente, a los que uno llega, bueno, porque a algún lado hay que llegar. A bombero, no. A bombero se presenta uno con decisión, sangre fría y un par.

La misión del bombero es salvar lo insalvable -y que sea lo que dios quiera- y si los niños quieren ser bomberos, las señoritas sueñan con ser salvadas por un bombero. De lo que sea, pero que sea un bombero quien las salve ataviado con casco a modo de yelmo y manguera a modo de espada. Ahora que hay bomberas, yo también sueño que me salva una bombera bella, audaz y sabia. De lo que sea. De la acechanzas de la vida, de las trampas del tiempo, del espanto de la muerte.

Hay que respetar, estimar y aplaudir a los bomberos, coño. Darles seguridad, confort vital, señal de aprecio humano y de respeto cívico.

¿Qué sería de una sociedad sin bomberos?

Por eso me he escandalizado esta mañana al pasar delante de un puesto de bomberos, en Madrid, y encontrarme la triste pancartada que se ve al final de este texto en vez de un grupo de simpáticas señoritas y de hombrones risueños, uniformados y fortachones, compartiendo alegremente bocatas a la espera de lo que siempre -te pongas como te pongas- termina sucediendo.

Una desgracia

Así que pórtate bien, gallardo Gallardón, no me seas malote ni me hagas de sufrir al bombero, que no lo merece, es entregado y nunca exige más de lo que se le debe. Una sociedad que no se enorgullece de su Cuerpo de Bomberos -que no lo cuida, no lo mima y, en paralelo, no le exige todo exigiéndose también todo a sí misma- es una sociedad muerta.

Así que viva siempre el Muy Leal y Honorabilísimo Cuerpo de Bomberos de Madrid. Y los de todas partes.

Honor y prez.

 

 

 

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Una respuesta a Ideas de bombero

  1. Miguel angel cespededes benitez dijo:

    ser bomberos es un orgullo y un héroe y sólo los verdaderos amigos lo entiende!!!! gracias Dios por estas personas. . . . .

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