Mme Sarkozy

Ha afirmado el gran escritor español Arturo Pérez-Reverte en diferentes ocasiones su amor por Francia. Su simpatía, como poco.

A mí me agrada coincidir en algo, así sea tan mínimo, con el autor de ‘Territorio comanche’ y ‘La sombra del águila’, dos maravillosas novelas que leo y releo con muchos placer y gusto.

Francia es Francia.

Eso sí, por mi parte nunca he sabido explicar esa francofilia tan (paradójicamente) irracional, mi gabachismo irrenunciable, mi devoción por Francia, un país que es mucho más que un sitio.

Sí.

Francia es un concepto, si se quiere, un sitio, claro, pero mental, en todo caso, que conozco más o menos bien y al que no puedo, por tanto, negar sus defectos (que los tiene). Si no muchos, desde luego bien gordos.

Esos defectos, en todo caso, no anulan las enormes virtudes que hacen de Francia referencia universal. Lo que pasa es que uno no sabe explicar esas virtudes bien ni tampoco decir porque gracias a ellas constituye Francia una referencia. Afortunadamente, uno tiene la fortuna de tropezar a veces con imágenes, frases, personas, anécdotas y obras de arte (todo categorías -obsérvese- del género femenino) que explican por si solas el motivo de ese amor desesperado por Francia que uno no sabe explicar (cabalmente y en toda su profundidad e interés) con meras palabras. Me refiero a monstruos maravillosos que sólo en Francia son posibles y que sólo Francia puede producir, como Gustave Courbet y su Origine du Monde -de quienes hablé en una entrada anterior- o como la mayéstática Tour de Mr Eiffel (artefacto al que también tengo dedicada alguna entrada).

O como Mme Sarkozy.

Mme Sarkozy -cachonda, frescotona, vistosa y resultona- es, en realidad, italiana, como Amadeo Modigliani o Marco Ferreri, y también un fenómeno. Tan admirable, increíble, significativo y maravilloso como lo sería la aparición mañana del Halley, o de cualquier otro cometa, en el cielo, fuese el de Francia, Nueva-York o cualquier otro sitio. Mme Sarkozy lo mismo actúa en una peli de Woody Allen, que canta (mal, torpe remedo de Françoise Hardy, Jane Birkin y Sylvie Vartan, las tres juntas), se ríe de los peces de colores y le saca una cabeza a Nico. Un fenómeno, desde luego, y que, desde luego, sólo puede darse dentro de las fronteras de una localización tan igualmente admirable, increíble y maravillosa como es la propia Francia.

Mme Sarkozy -lo mismo que la Tour de Mr Eiffel o ‘L´origine du monde’, de Gustave Courbet- traza una gruesa línea limítrofe entre Francia y el resto de Europa (y no digamos entre Francia y España) y, en resumidas cuentas, entre Francia y el resto del mundo. Una línea decisiva que marca diferencias y delimita un territorio sin nada que ver con los demás territorios del planeta.

Sí, Francia está a un lado. Al otro, el resto del mundo.

Francia es otra cosa.

La mera existencia con toda naturalidad de Mme Sarkozy y de cuanto la rodea habla abiertamente de la excepcionalidad de ese sitio que queda -pásmense- a sólo un día de coche de Madrid y a hora y media de avión. Y ésa es, además, nuestra suerte, la suerte increíble de España: que Francia quede a tiro de piedra.

Porque, al menos en eso, parecemos alemanes.

O suizos.

Nunca le agradeceremos bastante que esté ahí al lado.

Viva Francia.

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2 respuestas a Mme Sarkozy

  1. Antonio dijo:

    ¿¿Has visto esto???

    Meno male che c’e Carla Bruni!!!!!

    K.

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