Consigna: reírse de los peces de colores

El otro día, con noventa años cumplidos, murió el último soldado de la República. ‘Era esto por lo que luchábamos’, me había dicho una noche de verano, hace veintitantos años, en el Paseo de Recoletos madrileño mientras señalaba la fiesta deshinibida que nos rodeaba.

Los ochenta fueron muy raros. Un taponazo. ¡Champán, champán! Una fiesta larga e interminable en la que todo fue posible. Ni ETA pudo pararla, y mira que lo intentó. Había que descomprimir. Era imprescindible hacer risas. Soltar demasiado miedo acumulado durante demasiado tiempo. Porque durante demasiado tiempo, entre el setenta y tres y el ochenta y uno, todo había estado a punto de irse a paseo demasiadas veces. Es curioso descubrir hoy, al rebobinar, que no se fue por pura voluntad de que no se fuera. Nada más. Alguien me dijo que después, alejada la grisura, estuvo viviendo en una nube durante más de diez años. ‘No desperté hasta la crisis del 93’.

Animó la fiesta una música demente y desacomplejada. Y mucha. No sé si buena, pero tan irrepetible como aquellos años en los que tuvimos la fortuna de protagonizar un sueño.

Por una vez habían ganado los buenos.

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Una respuesta a Consigna: reírse de los peces de colores

  1. Siana dijo:

    Cómo me gustan esas canciones, señor. Me acabé comprando todos los recopilatorios. Benditos años 80.

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