Bajo el cielo de Paris


aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa © JackRackham

Sous le ciel de Paris
s’envole une chanson
hum hum
elle est née d’aujourd’hui
dans le cœur d’un garçon.

Sólo empecé a ver París cuando ya era hora de volver a España.

Hora de volver a España y, sobre todo, de comprender de una vez la función administrativa, ruda tarea en la que llevo empeñado desde entonces sin terminar de culminarla satisfactoriamente, y mira que pongo empeño.

Más que empezar a ver París (al fin y al cabo, llevaba ya dos meses allí y ver, lo que se dice ver, lo había visto bien) lo que tenía que hacer era ponerme a mirarlo. Sí, porque lo que no había hecho todavía era reparar en él, que es distinto: lo que no había hecho era mirar París como hay que mirarlo.

Empapándose de tiempo.

Los atardeceres, las palomas en la plaza de los Vosgos, los soportales, los negros, los bateaux-mouches, el atardecer en la escalinata del Sacré-Coeur (o sea, del Sagrado Corazón), el Campo de Marte, las fuentes, el Trocadero (allá arriba, donde Paul Lacroce fotografiaba a Catherine Deneuve para St Laurent), la popa de Notre Dame, las calles de la isla de San Luis y aquella niebla caporal de tabaco que evocaba Alberti en el primer texto que escribió en el exilio.

A través de una niebla caporal de tabaco
miro el río de Francia,
moviendo escombros tristes, arrastrando ruinas
por el pesado verde ricino de sus aguas.
Mis ventanas
ya no dan a los álamos y los ríos de España.

-El saber no ocupa lugar, Bowman, y es lógico: tampoco vale para nada.

No vale, desde luego, para alcanzar la cima del mundo. En la cima del mundo se han sentado notables ignorantes.

-El saber es un globo hinchado, Bowman -lloraba Hélène- Y tienes que saber cuando dejar de hincharlo para que no te estalle en las narices.

Eso decía besándome con los ojos rojos. Yo también tenía rojos los ojos del alma y con ellos lloraba descontrolado porque nadie podía vérmelos. Los ojos de la cara, en cambio, permanecían impasibles.

-Pleure pas… -le dije. O sea ‘no me llores, tía, que tampoco vale para nada’.

Mientras tanto, los americanos nos fotografiaban desde los bateaux-mouches y bailaban al compás de un acordeón ‘Sous le ciel de Paris’ y también ‘Third Man’ al compás de la cítara de Anton Karas. La belleza dulce, apenada y silenciosa de Hélène me conmovía y yo me sentía un escritor de novelas del oeste despidiéndose de su chica en París.

Hasta entonces no había mirado París. Lo había visto sólo, pero no lo había mirado bien ni con detenimiento.

No lo había leído.

No es que aquellos últimos días me hubiese metido un tripi y mi sensibilidad se hubiese potenciado artificialmente de pronto, no, pero lo cierto es que algo había estallado en mí repentinamente al darme cuenta de que había cumplido un sueño, alcanzado una meta que antes parecía inalcanzable y que, en fin, cerraba un ciclo que quedaría marcado en mi memoria por la luz tamizada de París, tan bien recogida por Storaro en ‘The Last Tango’ y por Jack Rackham en la foto que abre esta entrada del bloc.

Lo que me pregunto ahora es si de verdad cerraba un ciclo o es que, más bien, estaba abriendo uno nuevo espontáneamente, sin solución de continuidad, es decir, sin cerrar pomposamente detrás una gran puerta de roble labrada. Y es que en realidad llevo un buen montón de años

deslizándome a través del tiempo como a través de mi casa y moviéndome por los acontecimientos con desconcertante libertad, de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás, al margen de cuando hayan sucedido o de cuando vayan a suceder.

El calendario es una convención.

Una cosa era cierta. En los últimos dos meses había hecho por primera vez dos cosas que te hacen adulto. Me había mantenido con mi propio trabajo y había puesto la mirada en una chavala que la había sostenido con determinación para devolverme, pintada en sus pupilas, otra imagen de mi mismo.

Ahora sabía quien era y también que realmente podía conseguir lo que quisiera.

Lo malo fue, hoy me doi cuenta, que no quería nada.

Sous le ciel de Paris
marchent des amoureux
hum hum
leur bonheur se construit
sur un air fait pour eux.

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Una respuesta a Bajo el cielo de Paris

  1. Siana dijo:

    Verdaderamente hermosa esta entrada. De veras. Felicidades Bow.

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