Petit Doinel


El actor Jean Pierre Leaud como Antoine Doinel en ‘Antoine et Colette’Un día Hélène me llamó así, ‘Petit Doinel’.

-No te enfades ¿sabes que tú eres que lo eres porque lo eres mi ‘Petit Doinel’?

-Coño, Hélène, por Dios, no, hombre, no, caramba, seamos serios, por favor te lo pido -soyons serieux, moi je t´en prie- haz un esfuerzo ¿quieres?

Hélène, las cosas como son, se lo tomaba todo muy en serio, no hacía falta pedírselo. Quizá por eso tenía un sentido del humor bárbaro. Yo, tonterías de jovencito, iba simplemente a piñón fijo y, sin saberlo ni ser muy consciente de ello, entendía el amor como una religión.

-Es que eres como Doinel, Bowman. (pronúnciese ‘duanel’) Tan estricto, tan riguroso, tan obsesivo… y tan divertido. Me gustas por eso. Me haces reir (tu me fais rigoler, toi)

Yo no me reía nada. La comparación se me antojaba hiriente a pesar de que Antoine Doinel fuese un buen amigo parisino que me acompañaba muchas veces en mis paseos por los barrios y calles más populares de su pueblo. Entusiasta, dicharachero, impulsivo, muy buena gente y entregado, sobre todo, a las chavalas. A tope, sin reserva ninguna. Doinel constituye la mejor compañía que puede uno echarse para patear París (y, bien pensado, para patearse la vida entera también, sin límite alguno…)


Jean Pierre Leaud y Claude Jade en una imagen promocional de ‘Besos robados’

La risa cascabelera de Hélène me perseguía por toda la casa mientras  imitaba los gestos y actitudes del buen Doinel.

-Ah ¿es que es usted que es quien realmente parece que es? Es ello chocante, luego, ¿no es que lo es?

Y se desternillaba sola.

Doinel, en realidad, no es persona sino personaje y los iniciados pronunciamos su nombre siempre con una sonrisa reverencial: es imposible hablar de Doinel sin sonreirse. Ese nombre, para cualquier aficionado al cine de cualquier rincón del mundo, constituye una referencia mítica (aunque ese aficionado no haya visto enteras Las Cinco Películas, sí, las cinco películas de Antoine Doinel. A mí mismo me falta una, la última, aunque, en cambio, puedo presumir de tener en la retina las otras cuatro, incluida la ‘difícil’, la que muy pocos han visto, la segunda, titulada ‘Antoine y Colette’ que dura sólo veinte o veinticinco minutos y que forma parte de la película colectiva ‘El amor a los veinte años’, un proyecto muy años sesenta consistente en construir una peli larga a base de juntar cuatro o cinco películas cortas rodadas por otros tantos realizadores con equipos de producción distintos pero todas con un hilo conductor común).

Las Cinco Películas, es decir, las cinco películas que realizó el francés François Truffaut entre 1959 y 1979 con Doinel como personaje protagonista e hilo conductor son éstas:

 Les Quatre Cents Coups (Los 400 golpes, 1959)
 Antoine et Colette, uno de los cinco episodios de L’Amour à vingt ans (El amor a los veinte años, 1962) película colectiva.
 Baisers volés (Besos robados, 1968)
 Domicile conjugal (Domicilio conyugal, 1970)
 L’Amour en fuite (El amor en fuga, 1979)

Todas ellas con el mismo actor protagonista, Jean Pierre Leaud. Un caso extraordinario y único de mucho más que amistad -de relación paterno-filial, más bien- y, en todo caso, de simbiosis entre un actor y un realizador, Esta relación se mantuvo durante veinte largos años en los que el actor pasó de tener catorce años (en 1959) a cumplir los treinta y cuatro (en 1979).

François Truffaut, que nació en 1932, en los tiempos del Front Populaire, tendría hoy 78 años, dos menos que Clint Eastwood y no sé si seguiría haciendo películas, como el mismo tío Clint o como Claude Chabrol (79 años) y Eric Rohmer (recientemente fallecido con 89), sus compatriotas y compañeros de aventuras. En todo caso si sé que en estos últimos veinticinco años Truffaut nos hubiera iluminado con alguna que otra película decisiva.


Hithc y Truffaut en la época de ‘Le cinema selon Hitchcock’

Del poder, la fuerza y, en definitiva, la autoridad y el prestigio indiscutibles de Truffaut dan idea el especial respeto que siempre le profesaron sus colegas, quizá por el recuerdo de su calidad y perspicacia como crítico durante los años cincuenta, antes de meterse a hacer películas. Siendo ya un joven y prometedor cineasta, con sólo tres películas serias a la espalda, François Truffaut fue bendecido por el viejo león, Alfred Hitchcock, que ya en el final de su carrera lo distinguió concediéndole una larga entrevista de varios días (un honor que Hitch nunca hubiera concedido a cualquiera) en agosto de 1962, mientras montaba ‘Los pájaros’, y de la que salió el mejor libro sobre cine que se haya escrito nunca, ‘El cine según Hitchcock’, académico modelo para todas las entrevistas a directores de cine y artistas en general que se han realizado en el mundo desde aquellos lejanos años sesenta.


Truffaut y Spielberg en la época de ‘Encuentros en la Tercera Fase’.

Quince años después, en 1977, un joven Steven Spielberg homenajeaba a Truffaut, ya entonces convertido en un maestro consagrado, dándole un papel en una de sus películas, ‘Encuentros en la Tercera Fase’. Más: ‘El Papel’ de Claude Lacombe, un sabio francés que en la trama de la película es clave para entender lo que pasa.

¿Cuál es el sentido de Truffaut hoy? ¿Qué le dice a un joven de hoy, profesional o simple aficionado? Probablemente, lo mismo que en su momento significaron Rossellini y Renoir para Truffaut y toda su generación. Truffaut puede significar hoy frescura por encima de todo. Y constituir una referencia imprescindible para mantener los pies en el suelo y no perder el norte de lo que es imprescindible.


Truffaut y otro viejo león: don Luis Buñuel.

Cine, al fin y al cabo, no es más que una cámara, una calle, un coche, un chico y una chica. Decidir qué coche, qué calle, qué luz, qué chico y qué chica es la responsabilidad del artista. Y aquí es donde entra ese prodigio de verdad que es Doinel, una creación ‘a pachas’ de Truffaut y de su actor fetiche, Leaud. Sí, porque en el fondo, Leaud no está haciendo otra cosa que interpretar a Truffaut. Antoine Doinel es Truffaut. Como Truffaut., Doinel es un golfillo que de crío bordea los caminos que conducen a la delincuencia. Truffaut siempre dijo que a él le salvó la lectura, y ya es curioso (¿no dicen ciertos triunfadores -en privado, claro- que la lectura es una chorrada y no vale para nada?). Quizá por eso Doinel es un novelero que lleva siempre una novela arrugada en el bolsillo de su (fantástico) abrigo años sesenta y está siempre concibiendo fábulas y, sobre todo, enamorándose de cada chavala con la que se cruza. Como Truffaut, Doinel deserta durante la mili y está a punto de buscarse la ruina. Y, lo mismo que yo entonces,  deambula incansable por París haciéndose sorprendentes consideraciones sobre lo que pasa.

Lo mismo que Bertolucci en los sesenta proclamó que ‘no se puede vivir sin Rosellini’ (una verdad estética y moral indiscutible y que sigue vigente hoy) proclamo yo hoy que sin Truffaut en general y sin Doinel en particular se pierde el oremus y no se va a ninguna parte. Sí: miremos a Doinel, sigamos su senda y llegaremos con humildad a alguna parte.

A ese sitio, en realidad, del que nunca debimos haber salido.

 

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6 respuestas a Petit Doinel

  1. Siana dijo:

    Es muy bueno cuando Hélène…o Paris le lleva a hablar de cine. Siempre se aprende algo nuevo ;)Dejo este par de cosetes que igual le gustan:http://www.youtube.com/watch?v=Vhq46IZrb8Y&feature=fvsrhttp://www.youtube.com/watch?v=Vpd3wyLW4cY

  2. Ambrosio dijo:

    Gracias, reina. M alegra q t gustara. Aquí tienes un ‘hommage’ más real, menos idealizado. Antoine Doinel es más éste: el que ni siquiera la buena de Claude Jade consiguió \’domar\’. Aunque no he visto la última de Las Cinco Pelis (cuando estuve en París, ni siquiera se había hecho), me temo que la ‘saga’ completa sea el retrato amargo de un fracaso.http://www.youtube.com/watch?v=zaOsPMGfXMg&feature=relatedAquí la apertura – los créditos- de ‘besos robados’ con la canción de Charles Trenet \’Que reste-t-il de nos amours?\’ (¿Qué fue de nuestros amores?) de uno de cuyos versos sale el título de la peli. La breve secuencia es un sentido homenaje a la cinemateca francesa legendaria, en los bajos del Palais Chaillot, cerrada en aquel momento por la autoridad competente como represalia por algún acto loco y solidario auspiciado por su director, Henri Langlois. Servidora llegó a conocer aún la Cinemateca en los primeros setenta en este emplazamiento.http://www.youtube.com/watch?v=W8trKTUt0so&feature=related‘besos robados’, tercera peli de la saga que nunca nació como saga, sería la columna vertebral de Las Cinco Pelis y la q define el personaje Antoine Doinel.

  3. Siana dijo:

    Gracias David! Me ha gustado mucho este "hommage" a Antoine doinel, tierno y seductor. La cantidad de besos que reparte! o m´´as bien que roba?! esta misma semana solventar´´e el error de no haber visto a´´un esta pel´´icula (tengo un problema con las tildes). Es una suerte que pudiera usted haber estado en esa Cinemateca de Paris, por cierto. Petons Comandant!

  4. Sonia dijo:

    Lo que se aprende aquí, Dios mío. Debo reconocer que no había oido hablar de Antoine Doinel en todos los días de mi vida. Eso es algo que hay que subsanar, pero ya. Gracias Bow.

  5. Lenka dijo:

    Dios mío, qué ignorancia!! No te sientas mal, Sonia, que no eres la única. Servidora también entra al Espacio de Bowman libreta en mano, cual cándida colegiala aplicándose en sus lecciones. Es un poco coña, Maese, pero no del todo. Una (más) que acabo de aprender. Merci!

  6. Ambrosio dijo:

    Ji jiSois unos caxondosGracias, en cualq caso, por todo

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