Perché realizzare un’opera d’arte quando è così bello sognarla soltanto?


Pier Paolo

Mi segundo fin de semana en París lo pasé solo.

Hélène se había marchado a su pueblo y, por mi parte, pude haber llamado al mexicano Raoul o a algún otro contacto de los que tenía y haberme corrido una juerga con ellos practicando el arriesgado deporte del conocimiento de nuevas amistades. Pero no me apetecía. Ni volver a ver a la impúdica amiga exhibicionista de Raoul ni tratarme más de lo necesario con españoles ni con hispanoparlantes en general. Por la misma razón evité también el lenitivo fácil de buscar conversación en las librerías y habituales antros de encuentro entre españoles que se abrían en el Quartier Latin. Así que celebré jubilosamente solo mis primeros ocho días en Francia.

Un fin de semana solo en París cuando eres joven y feliz, a pesar de no tener nada (salvo una vida por delante y el mundo por casa) es la felicidad total. Huelga decir que aquellos días mis posibilidades económicas eran magras y se dividían en pagar el alquiler (cuantioso) asistir a manifestaciones políticas y culturales prohibidas en España (cosa fácil: en España TODO estaba prohibido y anatemizado. Incluso pelártela) y a alimentarme (lo estrictamente necesario para no caer redondo: o sea, poco).

A alimentarme sin gastar me ayudaba (en días laborables) el comedor de la ‘usina’. A mediodía me ponía como Truman y allí hacía la única comida seria del día. El comedor de la blanchisserie era un comedor autoservicio y sólo tenías derecho a pasar con la bandeja una vez, pero esa vez no había límite (siempre que no fueras escandaloso cargando, claro). Aun así, todos éramos razonablemente escandalosos pues funcionaba entre nosotros una suerte de ‘solidaridad de clase’ y dedicábamos gran parte de la comida a negociar con los compañeros. ‘Media baguette por una ensalada’. ‘¿Sólo media baguette? ¿Estás loco tú, o qué? ¡Mira que ensalada! Mírala bien porque en tu pueblo no tenéis lechugas como éstas. Y pepinillos ¿eh?. Esto lo menos vale una baguette entera. Y pierdo ¿que no?’

Por la mañana, al salir de casa, me conformaba con un tazón de leche y un chusco de pan duro del día anterior. Y si tenía cinco minutos más, una manzana o una pera. Por la noche, bebía agua, distraía el apetito y si la cosa se ponía chunga, mordisqueaba pan. Los días de fiesta mayor, huevos fritos o en tortilla (que nunca se apellidaba ‘francesa’) y siempre con patatas (o sea, avec des frites)


Un mito

La sensación de apetito, en cualquier caso, era permanente y cuando cruzaba por St Germain camino de alguna librería o sala de exposiciones y veía las (prohibitivas) terrazas de los ‘bistrots’ abarrotadas de parisinos exquisitos y ‘gourmands’ charlando animadamente en torno a mesas rebosantes de apetitosos manjares (gruesos filetes normandos, fuentes con montañas ‘des frites’, pescados enteros, doraditos y sabrosos) me conmovía hasta el centro del alma, me entraban ganas de llorar y me sentía arrasado por una profunda añoranza de España, de mi casa y, en fin, del confort.

Pero como no hemos venido a este mundo a llorar, me consolaba mirando aquel bullicio europeo y cosmopolita que me acogía y del que era parte, las copas verdes y luminosas de los platanos del ‘boulevard’, los escaparates interminables de las librerías así como la programación de la semana en el ‘pariscope’ (que merecería una vida para abarcarla completa) y el sol volvía a llenarme el alma, ya que no la tripa.

Y es que, claro, el fin de semana no había usina.

Eso significaba, por tanto, que tampoco había comedor ni comida fuerte del día… salvo que me la hiciera yo en casa, para lo cual tenía que comprar. Y eso hice por la tarde, al volver casa, donde Hélène ya no estaba. El comercio parisino ya entonces era moderno y podías comprar comida -incluso pan- hasta tarde. Pero como a mediodía había comido como un salvaje (allá, en Yvelinnes) guardé la compra para los dos días de soledad que tenía por delante y me largué al centro, donde me inicié en las películas del malvado Pier Paolo Pasolini. El malhadado cineasta italiano era entonces un fenómeno mundial del que todo el mundo se hacía lenguas. A mí, su ‘Decameron’ me pareció una obra de arte. Aun hoy veo a Pier Paolo, eternamente vivo, encarnando al pintor ‘discípulo del gran Giotto’, buscando modelos para su pintura al fresco del refrectorio de los frailes y preguntándose, ante una obra que se le antoja magra al confrontarla con la intensidad de lo soñado, perché realizzare un’opera d’arte quando è così bello sognarla soltanto?


Pier Paolo (Pasolini), maestro de Bertolucci, encarnando al ‘discípulo del gran Giotto’ en ‘El Decameron’.

De algo parecido se había quejado Hitchcock ante el micro de Truffaut en ‘El Cine según Hitchcock’, uno de los mejores -sino el mejor- texto sobre cine que se haya escrito nunca. El viejo león se lamentaba ante el niño mimado de la crítica (algo así como Spielberg entrevistado por Amenábar) de la necesidad de rodar, montar, sonorizar, etc cuando lo divertido, lo excitante, lo interesante es la preparación. Lo realizado, venía a decir el rey del ‘suspense’, nunca está a la altura de las expectativas. La materia es basta y por más que la limes, chirría.

De la bastez de la materia no me cabía ninguna duda. Atardecía sobre los tejados de París, Nôtre Dame se cubría de rojo y en vez de ponerme soñador me hundía atrapado por el apetito y la melancolía. Afortunadamente, estaba bien preparado para afrontar esos momentos y cuando me atacaban un apetito y una melancolía invencibles aplicaba la regla del tío Manolo (el hermano de mi madre) y que dice ‘contra la pena, cena’. Así que buscaba alguna pequeña ‘boutique’ (tienda) de las muchas que abrían sus puertas en las calles transversales del ‘Quartier Latin’, especializadas todas en atender ‘etudiants’ sin una perra gorda, compraba una genuina ‘baguette’ crujiente y recién hecha y una botella de leche y me iba a esperar el atardecer en los ‘quais’, sentado en el borde del Sena con los pies para fuera, entre el Pont St Michel y el Petit Pont, frente a Nôtre Dame.

Los turistas ‘ricos’ que pasaban cenando con orquesta y baile en los espectaculares ‘batomuches’ me saludaban y ya les saludaba a ellos mordisqueando mi baguette y mostrando mi botella de leche, consciente de cumplir un importante papel turístico. Algunos me fotografiaban y yo era absolutamente feliz.

Como a René Clair, París me pertenecía porque, en realidad, pertenece a todos. Paris nous appartient.


Pier Paolo, tras la cámara, en el set del refrectorio
durante el rodaje de ‘El Decameron’

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7 respuestas a Perché realizzare un’opera d’arte quando è così bello sognarla soltanto?

  1. Sonia dijo:

    "Des frites", je, je. En Paris no he estado, pero sí que estuve un mes en Reims, allá por el año 1992, más o menos, y menudos bocadillos de frites me metía para comer, lo que ellos llamaban "Baguette Americaine", usease, una baguette rellenita de patatas fritas, así, tal cual, con mayonesa si acaso. Ahora que lo pienso es una asquerosidad, pero es lo que comía todos los días. Los restaurantes eran prohibitivos para una pobre estudiantilla.

  2. Trinidad dijo:

    Y poco a gusto que estaba nuestro héroe con su baguette y su botella de leche a la intemperie. Aunque París no le llenaba el estómago, si que le llenaba de felicidad algunas veces, que ya es mucho. Saludos, bow.

  3. Siana dijo:

    Y la felicidad concentrada en un cena improvisada contemplando el Sena, con su baguette y su botella de leche. Todo un mundo por descubrir, en libertad. Bonito episidio. Petons, Bow.Jeunesse engendre la jeunessePaul Eluard J\’ai été comme un enfantEt comme un hommeJ\’ai conjugué passionnémentLe verbe être et ma jeunesseAvec le désir d\’être hommeOn se veut quand on est jeuneUn petit hommeJe me voudrais un grand enfantPlus fort et plus juste qu\’un hommeEt plus lucide qu\’un enfantJeunesse force fraternelleLe sang répète le printempsL\’aurore apparaît à tout âgeA tout âge s\’ouvre la porteEtincelante du courageComme un dialogue d\’amoureuxLe coeur n\’a qu\’une seule bouche.

  4. Ambrosio dijo:

    Gracias, reina. Bonito de veras. Romanticón. Y un rato difícil de traducir (o imposible, como toda la poesía francesa desde la \’saison en el enfer\’). Yo me he liado la manta a la cabeza y he hecho una traducción mía, libérrima y NADA académica. Si alguien quiere matizar o hacer una observación, será bienvenida. La juventud genera juventud Paul Eluard Fui como un niño y como un hombre: conjugué apasionadamente verbo ser y mi juventud con el deseo de ser hombre. Uno se pretende, cuando joven, hombre-niño. Yo me quisiera niño-hombre: más fuerte y más justo que un hombre y más lúcido que un niño. Juventud, fuerza fraterna. La sangre repite y repite la primavera, la aurora te alcanza constantemente y a [cualquier edad. A cualquier edad se abre la puerta deslumbrante del valor. Como en un dialogo de enamorados, el corazón no tiene más que una sola voz.

  5. jack dijo:

    ¿Porqué no hombre chico y niño grande? Pregunto.

  6. Ambrosio dijo:

    Pues…. No hay ninguna razón. Porque sí. O porque no. Petit homme es eso, hombre pequeño, joven (no bajito, creo). Traducir eso como \’hombre-niño\’ se me antoja menos confuso, más cerca del espíritu de todo el poema. Con \’gran enfant\’ pasaría lo mismo: niño crecido, hecho, maduro pero que sigue siendo niño. Traductor traidor. No hay manera de atrapar la poesía potente en una traducción. Ahora, respondiendo, veo que en petit homme y grand enfant hay una contradicción muy chocante y buscada. Porque en el francés coloquial son habituales las expresiones homme grand o grand homme y petit enfant. O sea gran hombre, hombre corpulento, hombrón y niño, niñito, niño pequeño. Pero trastocar adjetivos y sustantivos (manteniendo tan cerca, además, las nuevas construcciones) a mí me genera la imagen, eso, de un niño hombre (donde niño es sust y hombre, adj) y de un hombre niño, igual. Pero es una imagen muy personal: no tg la certeza de que a todo el mundo le funcione igual. Tal como dices tú, quedaría así:Uno se pretende, cuando joven, hombre-chico. Yo me quisiera niño grande: más fuerte y más justo que un hombre y más lúcido que un niño. Y gracias por escribir. M dais vidilla. Gracias de veras.

  7. jack dijo:

    No. Definitivamente a todo el mundo no le funciona igual. Y sospecho que tanto una como otra pondrían malito al Marías.Yo me quedo con la mía: las palabras compuestas con guión enmedio me molestan desde que me topara con un repelente coste-beneficio nosédónde. Y no se me ocurre nada con menos espíritu poético.Mi contradicción era la siguiente: chico y grande es lenguaje infantil; hombre y niño lenguaje adulto. Y me gustaba.Ya sabía que no me la ibas a comprar.Boas noites.

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