Bon jour, mon amour

Todos los chicos y chicas de mi edad
van por la calle de dos en dos
Todos los chicos y chicas de mi edad
saben bien lo que es ser feliz….

Sí, salvo yo, que voy solo por las calles
penando de amor
porque nadie me quiere ni se acuerda de mí….

Por fin se largaron -Helene y el gilipollas de Marcel- y pude comerme mi tortilla en la paz solitaria de la intimidad de la casa de Monsieur LeComte, donde no había tele -ese siniestro invento capitalista- y donde lo único que pude ponerme fue morriñoso al recordar los garbanzos -duros- de mi madre y los chistes -deleznables- de mi padre en las oscuras tardes dominicales de invierno, cuando el aire helado de Guadarrama se abate sobre las calles de Madrid y sobre los corazones de los madrileños. Lo que se abatía sobre París aquella noche era un aire húmedo y cálido del sureste. Había luna nueva -vamos, que no había luna ninguna- y como no me daba la gana encender la luz, una lagrimilla se me vino al ojo en la oscuridad, pero -eso sí- la dominé como los buenos y me eché a dormir un sueño inquieto, desmadejado y nulo.

Ah, las noches de París.

Mi sueño desapacible y trufado de añoranzas se vio interrumpido por unos ruidos bruscos. Porrazos, gemir de muebles y voces. En francés.

    -Ah no. No, no, no y no….

Y pataplón.

    -¿Es que tú has pensado en ello como una posibilidad talmente?

¡Clinc! ¡Clanc! ¡Plon! ¡Cras!
Naturalmente, me incorporé, soñoliento y desconcertado (más que asustado). El follón sonaba muy cerca.

    -¿Ah, no? ¿Ah, no, sagrado coño del nombre del cielo? Es todo como tal vez demasiado melodramático ¿no es?

Miré la hora. Las tres de la mañana. Más que en París, debía hallarme en un suburbio de Nápoles.

    -Ah, no, mi dios. Ah, no, señor mío.

Y tan cerca que sonaba el lío: como que era la voz de Hélène. Y también la de su maromo. Me quedé de piedra. ‘¡Vaya bronca!’ Hacía calor y, como sudaba, me levanté para ir al vater (y a beber agua, de paso). No encontraba el interruptor y en la habitación a oscuras casi me dejo la rodilla contra una silla.

    -¡Ah…!

Por fin di con la puerta, la abrí y en la penumbra del pequeño recibidor me saludó Marcel, cordial y sonriente (y, eso sí, desnudo como un becerro).

    -Ah, buenos días, David. ¿Qué tal, cómo te va? -me saludó con toda naturalidad.

Yo estuve al nivel.

    -Muy buenos días. Talmente bien, vamos. Muy placentero.

Lo más normal del mundo: encontrarte de madrugada al amante de tu compañera de piso deambulando en cueros por el pasillo de casa.

    -¿Vas a mear? -me pregunta.

Y yo.

    -No, no, no -señalé la puerta de la cocina y proseguí en español- iba a masturbarme en la cocina.

    -Ah, la cocina. Sí, sí, sí….

Sonreí y volví a hablar francés.

    -Lo hago cada madrugada. Es muy bueno para la circulación. Oxigena las arterias…

A él le daba lo mismo: como si me tiraba por la ventana. Me metí en la cocina, me serví un vaso de agua y bostecé medio dormido (apoyado en el fregadero para no caerme si me dormía del todo). Por fin salí de nuevo al recibidor dispuesto a mear de una santa vez, así hubiera una procesión de Semana Santa en el baño. Afortunadamente, Marcel había desaparecido y pude desahogarme con un poco de intimidad.

Volví al catre y tras dormir de un tirón otro par de horas, sonó el despertador. Las cinco. Lo apagué y de nuevo me arrastré penosamente al baño. Mi destino esta vez era la ducha. A través del ventanuco abierto, el alba intentaba teñir de rosa los tejados de París.

Un cariñoso jefe de personal me esperaba a las ocho en punto en Ivelinnes-Sur-Seine, un suburbio industrial donde Cristo dio las tres voces. Me había olvidado comentar que en los tablones de anuncios de La Sorbona también me había buscado, además del apartamento, un curro.

Un ‘bulot’.

Por primera vez en mi vida iba a ser asalariado. Y en París: un puto inmigrante, vamos.

De lujo, pero inmigrante.

Lo dicho. Tous les gars et les filles de mon âge….

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2 respuestas a Bon jour, mon amour

  1. Siana dijo:

    Oh, Comandante. Sabor agridulce. Por un lado entiendo los momentos previos de soledad y añoranza. Esa cancioncilla que nos ha puesto como banda sonora a este episodio es como se sentía? Sin embargo lo que está viviendo -reviviendo- es muy emocionante. Va a ser intenso, lo presiento. Vaya con el Marcel, tal vez ahí empezaron –o continuaron- sus meteduras de patas con Helena. Vaya escenita de cine (francés). Me troncho con lo que le dice camino del cuarto de baño! .Y su primer bulot a esas horas intempestivas… Qué sucederá en Ivelinnes? (jo, cómo suena. No sé por qué mi mente se ha imaginado como escenario los suburbios de las pelis de "Full Monty" y de las "Cenizas de Angela")? Y de qué trabajaba?Genial este episodio. Moltes gràcies! Besotes. Pd. me encanta la chica que canta, de hecho me he puesto varias de sus canciones que estaban en el youtube. Muy bonitas. Me recuerda un poquito a la Jeannette y la esposa de Sarkozy.

  2. Lenka dijo:

    Nuestro pobre Maese melancólico… cuando la murria ataca es devastadora, la jodía. Igual soy tonta de remate, pero, no sé por qué, siento que la nostalgia en París debe ser como más gorda. Qué sé yo. Será que me parece que el escenario acompaña… Uy, uy, uy, el Marcel acabará resultando tan capullo como imaginábamos. Broncas y porrazos a altas horas de la madrugada… nada bueno. Fïate tú de los Tarzanes Cachitas. Estaba enfurruñado porque Helenita le negaba el débito? Eso sería buena señal pa usté, Don Bowman…Cómo sigue? Qué tal su primer currele gabacho? Le pidió consuelo la tierna y bella francesita?? Cuéntenos, que estamos en vilo total!!

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