Mademoiselle Hélène

Sépase que antes, incluso, de que Madame Sarkozy se pusiera a maullar aporreando una guitarrica habían existido ya -y existirán siempre- Françoise (Paqui) Hardy y la británica chiflada (o sea, Jane Birkin) que no es francesa de nacimiento pero que en Francia -en París- encontró la atmósfera que necesitaba su alma alocada. Tanto es así que desde el primer momento fue adoptada como producto nacional (neto, que no bruto).

Ambas damas (la Hardy y la Birkin) pertenecen a la larga tradición de francesitas dulces y lánguidas (y también muy fieras) que hoy representa Audrey Tatou y cuyos ejemplares no existen en la realidad pero que animan mucho el mito de Francia en general y de París muy en particular. Una tradición que va desde la BB (que enseguida perdió languidez, echó carácter y se nos italianizó un poco) hasta la rubia Deneuve o las más recientes Isabelle Adjani, Emmanuelle Béart, Emmanuelle Seigner (señora de Polanski), Sophie Marceau, Valérie Kaprisky, Carole Bouquet (¡qué apellido, mon Dieu!) y, sobre todo, la encantadora pelirroja Isabelle Huppert  (musa de Chabrol y Godard, ahí es ná) enigmática belleza salpicada de pecas que, como todas, hoy es una abuelilla (o casi).


Valérie Kapriski, una señorita de toma pan y moja.


Sophie Marceau: sólo apta para golosos

Los americanos también han echado su cuarto a espadas en el mito de la francesita, que no es -contra lo que muchos piensan- creación exclusiva de los franceses. Jean Seberg, por ejemplo, sólo era otra americana más: rubia, glamourosa y de busto importante. Pero los chicos de la ‘nouvelle vague’ tuvieron la audacia de aplastarle la teta, cortarle el pelo (a lo ‘garçonette’, o sea, ‘a lo chicazo’) y ponerla a vender el ‘Herald Tribune’ por los Champs Elysees enfundada en una simple camiseta blanca y en unos ‘jeans’ pitillo. Y así, gritando con acento americano ‘Herald Tribune, Monsieur, Herald Tribune avec les nouvelles d´aujourd-hui!’, Jean Seberg ingresó en la inmortalidad.


Jean Seberg, una gansa adorable en ‘Al final de la escapada’ (o en ‘Hasta el último aliento’, si prefieren, que con ambos títulos se conoce la peli en español). O en ‘A bout de souffle’‘, si prefieren el título original francés, o en ‘Breathless’ (que es como se dice esta peli en inglés). En fin, que lo digas como lo digas, es una peli imprescindible.

Otras americanas que han hecho de ‘francesita’ en alguna que otra ocasión han sido la holandesa Audrey Hepburn (musa de Fred Astaire y de los existencialistas en ‘A Funny Face’) y la delicada bailarina Leslie Caron (francesa de verdad)  que antes de ser ‘Gigi’ fue la pareja de baile de Gene Kelly sobre la fuente de la mismísima Plaza de la Concordia en la tonta, mágica e inolvidable ‘An american in Paris’ (en la que Gene Kelly dio una inolvidable lección de inglés a los golfillos parisinos).


Emmanuelle Seigner, la turbia personalidad que puso ‘Frenético’ a Harrison Ford


Emmanuelle Béart: dos ojos como para llevar a un Museo.

‘Señor ¿es que busca usted un apartamento para alquilar?’ Me volví y casi me caigo de culo. Entre la ‘foule’ (muchedumbre) que llenaba el enorme recibidor del secretariado de estudiantes, en la Sorbona, se había destacado una chavala que me sonreía. Una multitud compuesta por estudiantes procedentes de medio mundo se agolpaba ante los corchos llenos de tarjetones con ofertas de apartamentos para alquilar. Yo, que formaba parte de esa muchedumbre, parpadée. ‘¿Perdón?’ Paciente y divertida, la chica era todas las francesas posibles: Françoise Hardy, Jane Birkin, Audrey Tatou, Brigitte Bardot, Catherine Deneuve, Isabelle Adjani, Emmanuelle Béart, Emmanuelle Seigner, Sophie Marceau, Valérie Kaprisky, Carole Bouquet, Isabelle Huppert, Jean Seberg, Audrey Hepburn y Leslie Caron. Sí: lo mejor de cada una de las quince.


Isabelle Adjani: altiva y (gran)diosa.

‘¿Es qué es usted americano?’ Y yo. ‘Ah, eh, no, pues no, no, pas du tout, para nada, o sea, que no, vamos’. La chica, para qué mentir, tenía dos ojazos negros y chispeantes que hubieran perdido al mismísimo Ulises. ‘¡Ah, inglés!’, exclama la tía. Yo estaba cada vez más jodido y desconcertado: lamentaba profundamente no ser siquiera neozelandés, cualquier tipo de anglo con tal de no defraudarla porque defraudar a una chavala como aquella bien podía estar penado con la guillotina (entonces, por cierto, vigente). Pero las cosas son lo que son. ‘No, perdón, vamos a ver, yo lo que soy es español, señorita, ejem. Es lo que hay. ¿Por qué me le pregunta?’. Ella entonces se rió como un cascabel. ‘¿De veras? Ah, por Dios, mira que es ello interesante, verdaderamente, quien lo diría ¿sabe que es usted bien divertido? Y los españoles, jamás: ellos tienen un sentimiento trágico de la vida ¿no lo es? Unamuniano, más bien’. Yo casi me caigo al suelo después de semejante ráfaga. Lo último, además, no lo entendí. ‘¿Perdón?’ Ella lo repitió –’ounamounien’- y yo lo entendí por fin pero como lo que entendí no podía ser (o sea, que una nena como aquella hablase de don Miguel), puse cara de higo. ‘Yo no comprendo pas’. Y ella, con su risa musical. ‘Ah, que es usted divertido, mi Dios. Ounamounien, de Michel Dunamunó ¿lo comprende usted, qué?’ Y yo. ‘Ah, claro, claro, sí, sí. Unamuno, rector de Salamanca, la agonía du christianisme, le sentiment tragique de la vie, como no, oui, oui, oh la la la la la….’ Jodó: ligar con motivo de Unamuno. Eso sólo puede pasar en un recibidor de La Sorbonne. Si no lo veo no lo creo, pero que barato venden almacenes san mateo. Tal cual.


Audrey Tatou, actual representante de ‘la francesita’. Como primera medida, la joven auvernesa ya ha vuelto tonto al James Stewart de esta época: Tom Hanks.

Afortunadamente, ella cambió de tercio y volvió al principio de la conversación. ‘¿Es que usted busca un apartamento para alquilar?’ Y yo. ‘Helas, justamente, vualá, sí, sí., sí….’ La chavala, que reunía la fuerza de la Hardy, la dulzura de la Birkin, la franqueza de la Tatou, el descaro de Brigitte, el señorío de la Deneuve, la altivez de la Adjani, los labios de la Béart, el turbio misterio de la Seigner, la frescura de Marceau (Sophie), la melancolía de la Huppert, el mirar divertido de la Seberg, la alegría de Audrey Hepburn, la frescura de ‘Gigi’ Caron y, como no, el encanto animal de la Kaprisky, me apuntó con un papelito. ‘Pues yo pienso que ya usted lo ha encontrado el vuestro apartamento, si es que le parece bien. Mire, mire’. Yo desplegué el papelito, que era una tarjeta de las que se clavaban en los corchos del secretariado de estudiantes. Incluso conservaba el agujero y la marca de la chincheta con la que, según todos los indicios, había estado sujeta al corcho hasta hacía cinco minutos. Proponía un apartamento con dos habitaciones que se alquilaban (por separado y a cambio de no sé cuantos francos cada una) sólo durante el verano, con derecho a cocina, water y ducha dentro del mismo apartamento para uso exclusivo (y no en el descansillo de la escalera, es decir, compartidos con el resto del vecindario como era habitual) y metro a la puerta. Sólo para gente seria (como yo). Había que contactar con Monsieur Jules LeComte, profesor de latín en La Sorbona.


Carole Bouquet (qué apellido, por Dios!) descubrimiento de tío Luis (Bounnuel) para su peli ‘Ese oscuro objeto de deseo’ (mucho antes de que Channel y 007 ‘For your eyes only’ siguieran la senda abierta por el aragonés).

Yo no conocía bien París, pero el appartement sonaba céntrico y tranquilo. ‘Ah, pues él parece bien ¿no es?’ La chavala asentía sonriendo. ‘Pues llámele al señor LeComte ya. Ese apartamento que él ofrece es una ganga ¿no es? y seguro que él está muy solicitado. Vamos: ahí tiene un teléfono’. Y señaló una bateria de cabinas, todas ocupadas, aunque de una de ellas salía en ese momento un chico negro de dos metros de alto. La moza me apremió. ‘Allez, allez… (alé, alé, o sea, venga, venga)’. Yo entré en la cabina, llamé al tal Jules LeComte, que se mostró amable y encantador, y que me informó de que la otra habitación ya la tenía comprometida con una chica que le había llamado hacía sólo un rato. Salí de la cabina feliz como una perdiz y con los dedos índice y anular hice a la chica, que esperaba fuera, la uve de la victoria. Ella exclamó ‘¡Bgavó! ¡Enhorabuena! Y bienvenido a casa. Soy su nueva compañera de apartamento. Me llamo Hélène ¿cuál es el vuestro prenombre? (*).

(*) Nom: apellido.
Prenom:
nombre ‘de pila’ (bautismal).


Y ya para terminar, Isabelle Huppert, ‘poil de carotte’: cada peca, patrimonio nacional francés (y que viva la zanahoria)


En 2009, Isabelle Huppert ha cumplido 56 años (dos menos que el escritor español don Arturo
Pérez-Reverte, así, a ojo) y un gran sueño: presidir por fin el Festival de Cannes.
Su hija Lolita,
treinta años más joven que ella, cumplirá en 2012, año del centenario del ‘Titanic’,
la edad que tenía
su madre cuando ella nació. ¿Le dará entonces
Lolita la alegría de convertirla al fin en una Auténtica
y Real Señora Abuela? Todo se andará. Jodó.

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10 respuestas a Mademoiselle Hélène

  1. Lenka dijo:

    Mirá vos, ahí están algunas de las míticas. Me encantan Adjani y Marceau, habría matado por ser como cualquiera de ellas. Siempre me ha parecido que tienen un poco cara de monjas guapas y otro poco de lobas. Una cosa así como tremenda. Tatou es otro estilo, pero la tipa es de las que enamora a la cámara, la perfecta vecinita, la novia ideal, un encanto con patas, una cara inolvidable. Tampoco me importaría parecerme mínimamente, pa qué negarlo. Lo dicho, que yo quería ser francesa de pequeña, que me parecía el colmo de la sofisticación, pero siempre he tenido alma de camionera. Algo falla. Jodó, Maese, anda que no. Menudo ataque frontal el de la fgancesita. Cómo sigue, cómo sigue??? Ya me imagino que no le lió a usted tan descaradamente pa luego jugar al mus en las tardes de lluvia… Menudo Don Juan!!! (Y usted queriendo ser neozelandés, habráse visto…)

  2. Siana dijo:

    Pedazo mujeres. Todas diferentes, todas atractivas, cada una luciendo su fuerte: la mirada, las pecas, el pelo, el cuello cisne, el busto….pero sobretodo la personalidad y el alma, que supongo que es lo que hace que se conviertan en símbolos. La Seigner es para mi gusto especialmente bella. La Seberg también (curioso caso de una damisela vigilante de la playa convertida en un estereotipo completamente diferente y sin embargo icono). En cuanto a Marceau, madre mía, cuánto poder. Audrey tiene esa inocencia juvenil y ese par de ojos negros, no tan dramáticos como los de Béart, pero sin duda bellísimos. Y Kapriski es la señora. Así que si esa joven que le ofreció a Usted un apartamento era una mezcla de todo aquello no me extraña que Hélène le descolocara, y encima hablando de Unamuno, nada menos. Le sedujo ella a Usted! La nacionalidad no tuvo nada que ver, como ve. Como a Lenka, me sucede que también me gustaría parecerme ni que fuera un poco a alguna de esas impresionantes mujeres. En fin, c’est la vie. Les viene de casta a las francesas. Vaya, desde luego Comandante, estas historias suyas en La France son muy interesantes. Continúe, háganos el favor!!Y gracias por contárnoslo.

  3. Siana dijo:

    Por cierto, no ha olvidado Usted mencionar en esa lista a juliette binoche?

  4. Ambrosio dijo:

    Pues sí. Un diez para ti y un cerapio para mí. Inquietante la Binoche ¿que no? ¿La viste en \’La Herida\’, de Louis Malle, provocando una tragedia sin abrir la boca? ¡Qué tía! Es lo q tienen las \’dulcecitas\’ calladas de ojos grandes. La Adjani, la Béart, la Huppert y la misma Deneuve (imprescindible la \’Tristana\’ -también inquietante- que Bounnouel le sacó de las tripas cuando era jovencita). Y luego hay quien asegura que las chavalas le gustan calladas. \’M gustas cuando callas…\’ Jodó.

  5. Siana dijo:

    Sí, la vi en "Herida". Perturbadora aquella película, verdad? desgarradora. Cómo arrastra a Jeremy Irons! él ya que de por sí tiene una expresión de sufrimiento. Aquello es una pasión animal ya. Y bueno, también sin apenas abrir boca hace lo propio en "Rendez-vous". Borda esos papeles. femme fatale a lo mejor sin pretenderlo. Y luego la ves con esa dulzura tan natural en Chocolat. A mí me gustó especialmente en "El paciente inglés".

  6. Lenka dijo:

    Bravo, Siana, ahí has estado fina. Ya decía yo que echaba de menos a alguien. Ah, la Binoche. Otro gran ejemplo de mujer de esas que te deja pensativo: "pues en realidad no sé qué tiene, pero algo tiene, vaya que sí". No la describiría como bella exactamente, pero copón bendito que si hay algo. Mayor mérito todavía eso de "tener algo" que todos ven y nadie se explica. Porque dos ojazos, o unos labios carnosos, o unas curvas de escándalo están ahí, ante el careto de cualquiera, pero ese "qué sé yo"… es otro tema. Eso lo tiene quien lo tiene, sea guapo, feo o regular, y ni se opera ni se aprende. La Binoche tiene "de eso" a toneladas. Se le sale por los poros. La miras y ya está. La pones junto a una Marceau o una Adjani, o cualquiera y no te la llegan a eclipsar. Y, además, es de esas que si sale en una peli, la ves. No sabes si será buena o mala, pero sale la Binoche. Creo que todas estas tienen algo en común más allá de la belleza y la "francesez". Y es que son de esa clase de mujeres de las que les pones la vista encima y piensas: "qué habrá ahí detrás?", sin que te quepa duda de que hay algo. La clase de mujeres que todas queríamos ser (y no lo logramos, maldición!!!)

  7. Siana dijo:

    Exactamente, Lenka! es justamente esto que has dicho: "pues en realidad no sé qué tiene, pero algo tiene". Y persigues saber qué es ese algo que te atrae tanto, aunque precisamente ahí está la gracia y el misterio. En no llegar a saberlo y que ese algo permanezca. Recuerdo ahora que Binoche hizo hace un tiempo una campaña para no sé qué perfume y precisamente la atracción se versaba en lo que tú mencionas. Creo que algunos lo llaman tener "ángel"…

  8. fran dijo:

    La Huppert una abuelilla? Jodó. Debe tener la edad del reverte. Repito, ¿la Huppert una abuelilla?. Jodó.

  9. Lenka dijo:

    Y sabes qué más, Siana?? Que, además de ese indudable "ángel" que tienen las mujeres como Binoche (famosas o no) se les suma un encanto especial. Y es que Adjani, o Marceau, tienen el aura del mito, de la cosa inalcanzable de puro bella, uno no se imagina ni en sueños que pueda tener una vecina como Adjani o ver a la Marceau haciendo cola en la panadería. Pero a Binoche, con todo su encanto y su glamour, uno SÍ se la imagina perfectamente como esa vecina que tiene suspirando a todo el bloque, hermosa, elegante, con "ángel", pero posible, maravillosamente posible. Y claro, el mito tiene su aquel y su halo de misterio, pero lo cotidiano, lo real, goza precisamente del encanto opuesto: el ser o parecer "alcanzable". Uno no se imagina que encontrará el rostro de Adjani en la peluquera del barrio, o en la maestra de los críos (y todo pudiera ser, aunque se nos hace más improbable) pero sí se imagina que esos rostros de su calle, de su vida, podrían ser como el de Binoche, y que, obviamente, al topártelos te quedarías… "oh, la, laaaaaa!!"

  10. Siana dijo:

    Cierto, Lenka, Binoche es de esas mujeres más cercanas, sin el aura del mito inalcanzable, pero con todo el encanto. Ese no sé qué que la hace misteriosa. Recuerdo cómo describía Terenci Moix a Cleopatra (no sé por qué ahora he recordado eso) como una mujer normal que en un momento dado desplegaba una fuerza, un poder de atracción imposible de resistir. Ese encanto del que hablamos igual debe ser suma de muchos detalles…supongo que hasta de la forma de moverse. Ahora me ha venido a la cabeza una actriz que a mí me encantaba y creo que reunía en versión moderna muchos de esa divinidad francesa, aunque ella es inglesa: Catherine McCormac. Arriba el Comandante sigue hablando de bellezas, a ver a ver…

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