Paris se met en colère

La primera vez que llegué a Paris hacía un calor espantoso. Había llegado a La Meca y dentro de mí, Mireille Mathieu proyectaba su voz sobre la ciudad más hermosa del mundo.

Une fleur au chapeau,
on veut être libres
a n’importe quel prix.
On veut vivre, vivre, vivre,
vivre libre à Paris.

Yo también iba a vivir libre por fin en la ciudad de las ciudades con una flor en el sombrero a no importa qué precio. La patria de la libertad, extendida ante mí, iluminada como un sueño, me daba alas y si alguien hubiera osado tocarme la libertad, o lo que fuese, me habría puesto  también colérico (como Mireille, que carambas).

Que l’on touche à la liberté
Et Paris se met en colère
Et Paris commence à gronder
Et le lendemain, c’est la guerre.

‘¡Es la guerra! ¡Traed madera! ¡¡Traed madera!!’ En la cinématèque proyectaban ‘Sacco e Vanzetti’ (prohibida en España), así que lo primero que hice fue empezar a vivir aquella libertad recién estrenada lejos de la España cenicienta de la época y correr como un poseído a Trocadero (líneas 6 y 9 del metro) para ponerme en la cola frente a una vista espectacular del símbolo de los símbolos (la Tour de Monsieur Eiffel, cien años ya elevándose al cielo por encima de los tejados más altos de la ciudad) y bajo un sol de justicia (las míticas fuentes de Trocadero estaban llenas de gente que se remojaba los pies, tocaba la guitarrica y se amaba apaciblemente).

Una estampa alucinante y reveladora para quien llegaba de una España triste, cetrina, gris y ensimismada. Por si esto fuera poco, un joven activista que recorría la cola (llena de españoles e hispanoparlantes en general) se detuvo a mi lado y me apuntó con un panfleto. ‘¡Viva la República!’ me espetó con una entonación y un acento que lo delataban sin confusión posible como ‘etudiant’ celtibérico ‘middle class’ (as me) y no ‘emigrant ouvrier’ currante cual bogavante (especie que tendría ocasión de conocer y tratar días después durante varias semanas). Naturalmente, di un respingo instintivo y la sangre me bajó de golpe a los pìes. En mi mundo nadie podía gritar impunemente ‘viva la República’. Es difícil transmitir la carga de transgresión que aportaban entonces esas tres palabras a alguien nacido y criado en aquella España pánfila y francamente fascista que no sabía salir de la órbita de su ombligo y que mentalmente era como Albania. Vamos, que lo primero que sentí fue verdadero pánico pero ¡qué coño! estaba en París y era de verdad libre y no había porqué tener miedo así que tomé el panfleto ciclostilado (primorosamente ciclostilado, diría yo, teniendo en cuenta las mierdas que circulaban por España tiradas en miserables ‘vietnamitas’) y vi fascinado una caricatura de Franco (la primera que veía en mi vida) derribado de un puñetazo por el innombrable (al sur de los Pirineos) ¡partido comunista español!  Con Franco, en la caricatura caía también el infame Borbón, recientemente designado para eternizar el franquismo. No sabíamos entonces que la virtud más alta de la inteligencia es pasar por estupidez, gran lección de SM El Rey, que no en vano nació en el exilio, hijo de un exiliado. Tampoco sabíamos -ni podíamos imaginar siquiera- que en aquel mismo momento, en aquella misma ciudad y a pocas paradas de metro de donde nos encontrábamos los españolitos coléricos, ciertos periodistas, enviados ultrasecretos del Borbón, contactaban con las organizaciones políticas del exilio español en París (la capital de todos los exilios, según cierto poeta que lamento no recordar ahora) con el único objeto de tender puentes informales (y oficialmente inesistentes) pero puentes al fin y al cabo para que sobre ellos empezasen a circular, al menos, las palabras (que son la primera víctima de las tiranías) y detrás, lo que fuese (que ya sabemos hoy lo que fue, y que ‘vive la liberté!’).

Entramos en la sala -cutre, pero mítica- de la cinemateca francesa, se apagaron las luces y en cuanto empezó a sonar el hoy celebérrimo ‘Here´s to you’ en la voz de Joan Baez (primera persona que cantó este himno y que es su intérprete en la BSO de la peli ‘Sacco e Vanzetti’) se montó la de dios es cristo. Había quienes se sabían la letra (sencilla y directa en cualquier idioma) y puestos en pie coreaban con entusiasmo a la Baez.

Here’s to you, Nicola and Bart.
Rest forever here in our hearts.
The last and final moment is yours,
that agony is your triumph

Al grito eficaz e inmediato de ‘viva la libertad’, el patio de butacas se sembró de panfletos que sobrevolaron sorprendidos la pequeña sala del Palais Chaillot. Antes de caer, brillaban un instante en la oscuridad, entreverados con el haz de luz del proyector, e incrustaban su sombra fugaz en la pantalla igual que palomas ofuscadas buscando la salida. Era maravilloso. Los cánticos, los gritos y las siembras de panfletos siguieron durante toda la proyección y hubo quien, en arrebatado rapto cinéfilo, rompió a cantar La Marsellesa (con espantoso acento de Ohio, o de por ahí). El inconsciente acto dadaísta fue acallado con mucho cachondeo por los propios franceses de la sala, cuatro o cinco, que en aquel enloquecido ambiente de alegre camaradería internacional se mostraron poco dispuestos al chovinismo. Los españoles, muy flojitos en idiomas, nos limitábamos a gritar (bueno, yo no: yo estaba demasiado alucinado como para gritar nada) ‘viva la libertad’, ‘viva la república’ y, rotos todos los frenos, ‘muera Franco’ o, de perdidos al río, ‘Franco hijo puta’, contundente fórmula racial que, la verdad, relajaba mucho y era muy aplaudida por aquella fauna ‘gauchiste’ y cosmopolita. Al terminar la proyección se perpetró La Internacional (en español, of course, y encima con sus dos letras, la comunista y la anarquista), no sin fricciones. Así que se oyó ‘traidores’ y también alguna vieja consigna llegada del fondo del túnel del tiempo, ‘¡lo primero, ganar la guerra, cojones!’. Finalmente, los anarquistas desaparecieron camino de les Champs Elysees entonando ‘a las barricadas, a los parapetos, por el triunfo de la confederación’ y se quedaron tranquilos.

La noche se había echado sobre París, una suave noche de verano (i love Paris in the summer) y los ojos me brillaban. Era feliz. ‘Tu sais? Tu est un joli mignon petit espagnol’. En unas semanas cumpliría diecinueve años y me haría mayor de un plumazo.

Quand Paris s’est libéré
c’est la fête à la liberté
et Paris n’est plus en colère
et Paris peut aller danser.

Il a retrouvé la lumière
après la tempête
après la peur et le froid.
Paris est en fête
et Paris pleure de joie!



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3 respuestas a Paris se met en colère

  1. jack dijo:

    ¡Progre!¡Yeyé!

  2. Sonia dijo:

    Si en el fondo es usted un tierno, Sr. Bowman.Quien le iba a decir a usted de aquella que hoy podría escribir impunemente que el Rey parecía estúpido. ¡Anda que no hemos avanzado!

  3. Lenka dijo:

    Hippie!!! Melenudo!!!!Ay, Dios, qué envidia, qué envidia no haber vivido más vidas!!! Suena estúpido de cojones, romanticoide y ñoño. Con Franco ibas tú a querer vivir, que diría mi padre. Atontá. Pero claro, es más fácil envidiar lo que fue guapo. Y creerse a mi padre (que a veces se me contradice) y a la madre de Guaja, cuando claman aquello de: "Contra Franco vivíamos mejor!".

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