Una pistola apuntando a la cabeza (2)

‘Bueno ¿y la pistola esa que unas veces te apuntaba y otras no?’ Después de la confesión exijo a Rafa una explicación. Me la da y del susto casi me cago. ‘Fue la noche del 23 F’. El camarero vuelve a servirnos. Y me digo que el Peinado viejo es lo que tiene: que estimula la conversación. ‘¿Y dónde coño estabas tú la noche del 23 F?’ Rafa no me mira: sólo mira el brandy, tostado, aromático, delicado. Una finura, casi agua de la sierra. ‘En mi casa. Con dos policías’. Sigue un largo silencio, roto sólo por el brandy pasándome garganta abajo. Rafa prosigue. ‘Aparecieron a primera hora de la noche y entraron con un sólido argumento’ Y yo ‘¿cuál?’ Rafa agita suavemente la copa y aspira el aroma, no sé para qué: con la mierda que llevamos podría aspirar aguarrás sin inmutarse. ‘Sus pistolas reglamentarias’, añade. Yo me pego otro pelotazo. Y pensar que hay gente que hace trekking y turismo de aventura: el Rafita –mira, oye- gratis y sin moverse de casa. Y prosigue. ‘Se fueron allá las cinco los tíos, justo después del discurso del Rey. Sin decir ni mú en las casi ocho horas que pasamos juntos’. Entonces me represento a la fría y elegante Daya , la mujer de Rafa, una chica danesa –una señora: una chica fue hace treinta años- que toca el piano maravillosamente y que iba para concertista, así como a sus hijos, dos chiquillos y una cría, guapos, resplandecientes y llenos de futuro. Y suspiro. La de vidas que pudieron haber sido de otra manera…. O no haber sido de ninguna. Aquel discurso del Rey (con el del ‘no pasarán’ del 36) debe ser el más importante del siglo XX español (aparte el ‘paz, piedad, perdón’ de Azaña -desde el balcón del Ayuntamiento de Barcelona- aunque por otras razones).

Es tarde y Rafa paga generosamente el desastre que acabamos de cometer a costa de los destilados de las bodegas  Peinado (Tomelloso, Ciudad Real). ‘Yo estaba en el comité organizativo del PCE’, asegura mientras recoge las vueltas. Entonces me agarra del hombro y me mira a los ojos. ‘¿Recuerdas a Faraco, Luna y Valiño?’ Yo sonrío. Quién no. ‘La Romántica Banda Local’. Y tomándome del hombro, Rafa me arrastra fuera del establecimiento canturriando.

Querida Libertad, linda y sensual
¿con quién te acuestas hoy?
¿a quién quieres más?

Yo le acompaño. Enfilamos la calle Claudio Coello camino de la de Juan Bravo y pasamos al pie del convento de los jesuitas de Serrano. Arriba, en la cornisa, aun se aprecia la huella que dejó el coche de Carrero Blanco hace treinta y cinco años, cuando Rafa y yo éramos todavía más niños que ahora. Y canto con mi amigo a grito pelado.

Querida Libertad
¡ven con papá!
¡ven con papá!   
¡ven con papá!       

………………….

No, no somos cínicos, sólo estamos borrachos. Tampoco somos pesimistas: seguimos siendo los mismos optimistas cósmicos que siempre fuimos, sólo que más experimentados. ‘No ponga cara de asco, señora: son mis tripas’ chilla Rafa. ‘Por favor, no me las pise. Gracias’. Hemos pasado por la horma del tiempo, puto tamiz, chino de cocina, batidora de anhelos, agujero negro de todas las ilusiones, devorador de sueños yertos, embalsamados y enterrados, fabricante de mojama con despojos de alma, poeta inútil, generador de dioses, depredador de esperanzas. Probablemente estamos muertos y no nos hemos enterado.

¡Ven con papá!
¡¡ven con papá!!
¡¡¡¡¡¡¡¡ven con papáááááá!!!!!!


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Una respuesta a Una pistola apuntando a la cabeza (2)

  1. Siana dijo:

    Una historia digna de Patente. Gracias por compartirla, Comandante. Esperamos próximas…;)

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