La inexistencia

El tiempo es inconcebiblemente salvaje. El tiempo te confunde y termina por hacerte ver lo blanco negro. En cantidad suficiente llega, incluso, a matarte. El tiempo es un tormento y conviene huir de su abrazo. Lamentablemente isn’ t possible, que diría el amigo americano. Es imposible huir de la cuarta dimensión -el tiempo- como es imposible dejar de tener culo, ideología y malos pensamientos.

Cioran, en un libro de aforimos imprescindible, Del inconveniente de haber nacido (*), fabula sobre esta cuestión de renunciar al tiempo (es decir, al existir). De paso, quita a la muerte en general y al suicidio en particular el halo de malditismo legendario que les dieron los románticos. La muerte sólo sería el remate final de la rebaja que es el hecho de nacer. Y el suicidio, otra pavada ególatra del ser humano, tan excesiva como la invención de Dios. Y es que la muerte, impremeditada o suicida, no resuelve el pecado original del nacimiento. La muerte no borra el transcurso -‘la mancha’- que cada nuevo nacimiento traza en el telón pintado del Universo. Como dijo un poeta en ocasión más lírica que ésta ‘lo que ha sucedido no se puede borrar’. O aquella señorita casquivana con ocasión de la entrega de su honra: ‘lo hecho, hecho está’.

Para huir del tiempo cuando ya ha sido conjurado por el nacimiento, es decir, cuando ya está hecho el mal, el ilustre Cioran recomienda la lucidez. Es decir, dedicarse a perderlo (el tiempo) consciente y premeditadamente en grandes cantidades, renunciando a la vanidad de la invención, de la creación, de la procreación y, en general, de toda clase de acción y proacción, sea ésta la que sea.

La lucidez, pues, no sería más que el advenimiento de una suerte de ascesis tendente a evitar seguir manchando el cosmos con la pedantería de la actividad humana, con la fe en uno mismo, con el afán de influir en el devenir, con la vanidad inane de los juicios de valor y con otra serie de majaderías sin pies ni cabeza.

Cioran, que es fantástico, se toma la molestia de poner en pie todo un sistema filosófico de orden moral (extraordinariamente complejo y referido a otros muchos y variados sistemas) para reivindicar, en suma, la vagancia. Siguiendo a Cioran, lo mejor sería no dejar rastro. Evitar toda definición, cualquier calificativo y asumir la situación como viene: sin colgarle una etiqueta.

Es muy oficinesco eso de andar calificando y clasificando las cosas, todas las que suceden, así como todas las personas. Como muy rancio, antiguo y español. Y católico, también. Un auténtico juicio de Dios, esa suerte de demiurgo enloquecido que permite imponer cualquier moral y justificar cualquier cosa. Desde el exterminio genocida de pueblos enteros (‘en el nombre de Dios’) hasta la pena de muerte para un solo individuo (‘que Dios se apiade de su alma’). Y todo ese monumental montaje se ha puesto en pie a lo largo de más de dos mil años de prieta historia occidental a pesar de que Dios, sencillamente, no existe, que es que tiene cojones.

La sociedad humana marcha divinamente sin Él y sin toda la parafernalia de curas, papas, sacramentos, ritos, ceremoniales y demás zarandajas, así como sin la de sus santos sucesores (de los que hablaremos otro día). En resumidas cuentas: sin un inmenso tinglado perfectamente articulado pero más inútil que un legionario romano en el cerco de Stalingrado. Y es que Dios ya no tiene más sentido que expresar una concepción del mundo que se desmigaja sin remedio. Bueno, y ser seña de identidad también -etiqueta, estandarte y símbolo- de una casta social vieja: los tenderos de la Tierra. Esos que sin cortarse un pelo se proclaman ‘creadores de riqueza’. Santos varones.

Al tendero le asusta la indefinición, la ausencia de relojes y que el personal no pase por vicaría. Por eso rehúye la sorpresa y pone etiquetas sin parar a todo lo que se mueve. Pájaro. Tren. Ratón. Sulfito. Cuatro menos cuarto. Mujer. Aparentando seguridad, se mira constantemente en el espejo y formula delirantes definiciones de sí mismo, una tras otra, que es el puto colmo. Yo, yo, yo, yo: un pequeño dios, un demiurgo de barrio, un imbécil acrisolado.

Este mendrugo, harto de mirarse en el espejo, asegura que esa esencia superimportante, hiperpoderosa y preexistente a la que llama Dios se lo ha sacado TODO de la manga, empezando por el mar y las estrellas y acabando por los sarpullidos. Eso incluye a los seres humanos, que esa SuperCosa habría tenido a bien concebir ‘a su imagen y semejanza’, nada menos, toma modestia, y que por eso tenemos que estar todo el día discurriendo chorradas como pequeños diosecillos creadores que, en el fondo, no hacen otra cosa que proseguir la Obra de Dios, o sea, ‘Operación Triunfo’, Las Pirámides de Egipto, los cruceros por el Mediterráneo, la aspirina o la taza de water, que es uno de los inventos más grandes de la Humanidad (como sabe cualquiera que haya tenido que cagar de campo).

Conclusión, que así estamos, llenos de fatuidad, nacionalismo, fallas, gestualidad, arte, orgullo, expresionismo, creatividad, religiosidad, style, municipalismo, ingeniería, fachendosité, fe y, en fin, egoticidad. El ‘yo’ es inevitable pero dar pábulo a sus delirios es manifiestamente grosero. Un ‘star-system’ miserable, exhibicionista, paleto, doméstico, municipal y acretinado.
 
Cioran, que estimó la discreción como la más grande virtud de estos tiempos, añoró no pasar más desapercibido y glosó los Santos Evangelios bendiciendo a los discretos. ‘Bienaventurados los discretos porque no te darán la paliza’, escribió en un momento de lucidez. Y concluyó con una hermosa jaculatoria. ‘Oh, amada indefinición, a ti me entrego, rendido incondicionalmente a tus pies (o a lo que sean las peanas esas) para siempre’.

Volvamos, pues los ojos a San Ciorán y hagamos del mundo un lugar un poco más abierto, relajado, relajante e indefinido. Para lograrlo basta estarse quieto y no hacer absolutamente nada. Pocos santos, profetas, líderes y demás patulea han prometido tanto a cambio de tan poco. A cambio de quietud. Quietud ante todo. Quietud…

Y ahora, eternidad (que es la consecuencia de la ausencia de tiempo): Modugno. ‘Nel blu di pinto di blu’

(*) Del inconveniente de haber nacido. EM Cioran (Taurus, 1981)

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16 respuestas a La inexistencia

  1. Lenka dijo:

    Me aterró descubrir que mi hermano adolescente (huraño y depresivo, como casi todos los lúcidos) andaba leyendo a Cioran. Me aterró que mi hermano idolatrara a aquel que quiso haber sido hijo de verdugo, o que aseguraba que todo lo que es engendra tarde o temprano la pesadilla. Cómo era aquella otra? Mi propósito es matar el tiempo y él terminará matándome a mí. Se está bien entre asesinos. Le conozco de oídas, de las charlas deprimentes con mi hermano y con mi padre. El viejo se quitó por salud mental. Yo lo evité por lo mismo, ya llevamos mucho pesimismo en los genes. Mi hermano sobrevivió, y, cosa curiosa, se hizo más optimista. No sé si por sobreesposición o porque se enamoró como un becerro. Resultó un alivio. Cioran siempre me ha dado miedo. Supongo que me aterraba estar de acuerdo con él. Así que hice como en la peli, caminé hacia la luz, jejeje. Por cierto, es curioso que con su visión catastrófica de la vida, su deseo de total exterminio (consideraba al ser humano y a él mismo un error) aborreciera el suicidio y muriera de viejo. Un depresivo catastrofista, hundido pero terco. O resignado, pura abulia. No lo sé. Siempre intento entender a las personas (mi peor defecto, posiblemente), pero la personalidad de este hombre me supera. Quizá porque nunca se pareció a nada ni a nadie. Quizá porque tuvo la osadía de no terminar como un vulgar quejica o un cobarde. Como cabría esperar (y parece que eso hacemos siempre con los demás "esperar algo de ellos") No lo sé, es una lucidez abismal y terrible que me espanta.

  2. fran dijo:

    Pájaro. Tren. Ratón. Sulfito. Cuatro menos cuarto. Mujer.Independientemente del discurso ese trozo te quedó de artaud parriba. O de un hijo cafre del ionesco y girondo.Cioran tenía visión láser y por eso mimaba a la contradicción como quien cultiva bonsáis raros. A mí nunca me pareció amargao. Detrás de ese culto al tedio había una retranca cojonuda. Y más detrás, una mala baba cósmica y encantadora. Visión láser. Por cierto, comandante. Felicíteme a su vanidá, que debe estar encantada con tanta visita. Y no tema, que no hay planes (por ahora) de convertir esta nave en una ginecocracia opresiva. Tómeselo como mero seguimiento cautelar, no sea que se le pase por la cabeza (volver a) dejarnos.

  3. Rogorn dijo:

    Yow, B, ¿nos dejas poner esto en la plaza que nos hemos montado?http://elperistilo.blogspot.com/

  4. Siana dijo:

    Si viajásemos a la velocidad de la luz, Comandante, nos veríamos libres de ese yugo. Lamentablemente, a día de hoy, it\’s impossible. Movida por la curiosidad eché mano de un par de libros al azar del Sr. Ciorán. Pesimismo exacerbado. Un poco heavymetales tales enseñanzas. Y él al cabo no optó por la solución final. Lo que me ha gustado es lo de la quietud, pero no la interpreto como él (no hacer absolutamente nada), me hago una interpretación que me sirve a mí: aprender a parar y no tener remordimientos. La quietud como una forma de felicidad. No te permite huir del tiempo, pero sí hacerlo más tuyo. De todos modos, dejar patentes esos pensamientos escribiéndolos no es en cierto modo querer trascender un poco al tiempo y burlar la inexistencia? O tal vez no fuera esa la intención de Cioran, es que me faltan datos jejeje. Pero se me ocurre lo de la contradicción que menciona la Princesa. Dice Marc Levy lo siguiente: “Cultivo la ingenuidad como quien cultiva un jardín. Ser cínico es fácil. Ser ingenuo no es peligroso, lo peligroso es ser ignorante. No es lo mismo luchar por la paz en un mundo de guerras que creer que en el mundo reina la paz. Siempre he creído que el cinismo es una forma de pereza. Jamás he conocido a ningún cínico que fuese tan inteligente como él se pensaba, pero sí a gente extremadamente naïf mucho más lista de lo que parecía”.

  5. Sonia dijo:

    Por diversos motivos que no vienen al caso, esto de Marc Levy que has escrito, Sianeta, me viene al pelo para una cuestión personal mía conmigo misma: "Siempre he creído que el cinismo es una forma de pereza. Jamás he conocido a ningún cínico que fuese tan inteligente como él se pensaba". Volviendo al señor Ciorán, también coincido con Siana: escribir libros y plasmar todos tus pensamientos por escrito no me parece la forma más adecuada de inactividad, y de querer pasar desapercibido ¿Quizás tenía un punto de cinismo aquí el colega? En todo caso sí es cierto que habéis despertado mi curiosidad y aunque despertar mi pesimismo es sumamente peligroso, tal vez me acerce, pero solamente de puntillas, a alguno de sus libros. Aunque cada vez que alguien lea algo suyo, se removerá en su tumba, si es cierto lo que proclamaba. ¿Alguna recomendación para una neófita?

  6. Ambrosio dijo:

    Fuera \’Del inconveniente de haber nacido\’ (Taurus, 1981) no he leído nada de Cioran jamás. Así que no puedo ayudar a Sonia. En cuanto a las suposiciones que se han hecho por aquí de que el cinismo sea una forma de pereza y la de que los cínicos se piensan inteligentes (más inteligentes, al menos, de lo que realmente son) recordaré a la parroquia que la pereza, tradicionalmente, sólo ha conocido detractores (la doctrina moral de la Iglesia Católica, por ejemplo, tiene la pereza como pecado capital) mientras que la frenética actividad generadora de tiempos ha tenido todo tipo de adeptos. Gente tan inmoral, vanidosa e inmodesta entre ellos como los conductores de pueblos Adolfo Hitler, Benito Musolini y José Stalin (que esos si que se pensaban a si mismos inteligentes). Añadir, por último, que la intención moralizante está muy lejos de Cioran y la de polemizar con los señores visitantes del blog, de las mías.Besos

  7. Siana dijo:

    Reconozco que ha sido osado por mi parte hacer interpretaciones de alguien, cuya obra desconozco, y de su intencionalidad. En fin. Quede claro que tampoco he pretendido inducir polémicas con ello. Faltaría plus de de los pluses!! Besotes al comandante y a todos los tripulantes.

  8. jack dijo:

    Joé. Qué arisco.

  9. Lenka dijo:

    Seguramente metemos la pata hasta el codo, máxime los que no nos hemos atrevido (aún) a leer a Cioran. Hablamos de oídas, por lo que otros nos contaron de lo que ellos a su vez entendieron. Habrán entendido bien o mal? Supongo que no hay forma de saberlo. Ni con Cioran ni con la Tellado, si me apuran, y disculpen el abismo que me permito abrir. A lo mejor sólo Cioran entendió a Cioran, o ni eso. Seguramente sólo Reverte entendió a Alatriste, pero recuerdo haberle oído decir en una ocasión que le fascinaba hasta qué punto otros (ajenos) tergiversan, completan, redondean, entienden o desentienden, detestan o aman, imaginan, se apropian del personaje de alguien. Cómo incluso pueden hasta llegar a derroteros insospechados por el propio autor, irse por peteneras del todo. Cómo algunas afirmaciones de lectores le resultan radicalmente opuestas a lo que él imaginaba y algunas le dan qué pensar y hasta le aportan grandezas que él no llegó a prever. O miserias y conflictos que cada cual quiso entender, agregar o inventar. Nunca creí en la verdad universal, ni siquiera en la de los mensajes (menos que nada en esa) Nos regalan personajes, o ideas, y todo lo pervertimos siempre, para bien o para mal, todo lo contaminamos de nosotros, de lo que somos o nos gustaría. Eso es lo que tiene, de bueno y de malo, de mágico, creo. Ahora bien, seguramente la verdad de Bowman sea más verdad porque está más documentado. Que yo, al menos. O no, a lo mejor nada que ver. En cualquier caso, si se nos pone mohíno no le comento más, hala. (Me encanta verle también por El Peristilo, pero si se le va a subir la fama a la cabeza, lo mando amorosamente a hacer puñetas. No me cohiba con su sapiencia, que luego no me atrevo a hablarle. Coñe). Ah, y polémica ninguna, Sianeta. Con lo guapo que ye aprender de todos.

  10. jack dijo:

    Ves?Arisco.

  11. Sonia dijo:

    Señor Bowman no se nos enfade, que sólo eran comentarios sin más, ninguna intención de polemizar, sólo de "hablar".Besicos.

  12. Ambrosio dijo:

    Arisco. Palabra sonora, eufónica y significativa. No tanto, claro, como las palabras ‘quietud’ e ‘indefinición’.‘Arisco’ evoca un objeto poco dotado, escasamente tierno, erizado de púas. ¿Hiriente?‘Áspero e intratable’, a jucio de la RAE. Lo contrario a un beso, a una nota de Sinatra, a un delicado pañuelo de seda.Yo mismo.No es agradable, cierto, pero si inevitable: con tanta bella alguien tiene que ejercer de bestia. Un beso a todas. Preciosas.

  13. Lenka dijo:

    Decididamente tiene usted el carácter de un hosco erudito catedrático condenado a dar clases en un colegio de señoritas. Y lo peor es que parece que le encante. 😉

  14. Ambrosio dijo:

    \’erudito catedrático condenado a dar clases en un colegio de señoritas\’juá juá juáni erudito ni catedráticoahora, lo de la condena a dar clases -o lo q sea- en un \’lo q sea\’ lleno de señoritas hasta el borde no fuera castigo sino ledicia… ooooooooooooohhhh….Aquí, por cierto, naide mete la pata hasta ningún sitio como no sea yo, que soi un trasto (bastante \’hosco\’ y \’arisco\’, eso sí). Y si nadie la mete, tú menos que naide (y no estoi siendo irónico sino hablando muy en serio). Si en algo creo -y dios lo sabe- es en Lenka Laleti (y en la Sianeta). Y un poco menos en la Rackham, que es un encanto, eso así. Mi Princesa Punkarra. En cuanto a esa divertida expresión, \’la verdad de Bowman\’, vete corrigiendo porq si hay un mentiroso compulsivo soy yo.Lametones por doquierPerro Bowman Repuñante Y Vomitivo

  15. jack dijo:

    Un poco menos, dice.Vale, vale…..Por cierto. 14 comentarios. No te lo crees ni tú…. esto sestá convirtiendo en el sitio más fásion de tola red de redes.

  16. Siana dijo:

    Estará Usted satisfecho Comandante con tanta mujer a bordo. Vaya, vaya con el alegre Ciorán (vaya no de “ir”) 😉

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