Todo está mu chungo

Bowman ha vuelto, sí, pero no acaba de encontrarse el pobre. Está como perdido y desacomodado, algo fuera de sitio. Como si, recién salido de una borrachera, se hubiera despertado en una casa no sólo ajena, sino desconocida.

No sabe quién es ni donde está y no acierta a expresarse. Pobre comandante. Así que escribiré yo directamente. El que mueve los hilos.

Mientras Bowman se despereza con la boca pastosa y termina de aclararse (‘¿qué es lo que ha pasado?’ inquiere el cuitado), mi vecino el pianista dialoga con su hijo y le oigo decir por las ventanas abiertas ‘¿y qué tocamos ahora?’ Es lo que tiene el buen tiempo, que se oye todo aunque no siempre se entienda. Y es que hablan en italiano. Mi vecino el pianista no es italiano (ni de lejos: que más quisiera) pero a pesar de ser de la tierra también es ilustrado y viajado. Entre otras cosas, tiene un hijo de cinco años que se llama Luca con una chavala italiana veinte años más joven que él que se llama Rossannna y que es devota de este escritor italiano que ahora no sé como rayos se llama y que escribió ‘El vizconde demediado’, ‘El caballero inexistente’ y ‘El barón rampante’ (que es una novela que me recuerda lo indecible ‘El siglo de las luces’, de Carpentier, vaya usted a saber porqué porque, francamente, no tienen nada que ver una obra y otra). Moncho, que es como se llama el pollo, es pianista, pero no profesional. Se gana la vida con innobles tareas a pesar de lo cual el salón de su casa está presidido por un piano ¡de cola! que ni el del tío Thelonius. En él toca de todo informándonos, de paso, de sus estados de ánimo a los vecinos. Hay días en los que aporrea el piano con alegría innoble y le arranca las notas de ‘La Marsellesa’ que él, Luca y Rossanna canturrían en voz tan alta como desafinada. Otros días, en cambio, los dedos resbalan sin gana sobre el teclado conjurando aires vagamente folklóricos y populares. Y algún día, inspirado, Moncho suspende la vida de la casa con una polonesa o con algún standard de Ellington. Esos días siempre hay alguien que aplaude en algún lugar inidentificado.

‘¡¡¡¡Monchoooo!!! ¡Capullo! Toca algo de los Pistols!’ chilla Bowman, que está intratable. ‘¡La tua porca mamma, Bowman, cabrón!’ responde delicadamente Rossssannna por el patio de luces. Afortunadamente, el piano entona de pronto con aire de blues el ‘God save the queen’ y Bowman sonríe beatífico. Es fácil de contentar el animal.

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3 respuestas a Todo está mu chungo

  1. Siana dijo:

    Sí, ya lo puede Usted decir que nuestro astronauta se encuentra perdido. Dónde demonios están y qué pintan Calvino y Rossandra por allí? Haga Usted algo con el pobre Bowman, por amor de Dios! Debe sentirse muy sólo, ahora que de repente ya no está su amigo Hal.

  2. Agualuna dijo:

    Me gusta el giro que ha dado el blog.Este nuevo narrador con ese punto de cordura y de ironia amarga me parece estupendo. Ánimo.

  3. DAVID dijo:

    ¡Qué lujo tener un vecino que toca el piano medianamente bien, y que encima atiende las peticiones del forzado público! En mi bloque-prisión sólo dan conciertos para martillo y radial, grito pelao y reguetong. Aunque una vez hubo una pareja de cantantes de música clásica que ensayaban, poco y bien, para todos nosotros. Eso era otra cosa.

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