La Puerta de Ajújar

Dejamos atrás ‘Los Doce Espejos’ que, más que una taberna andaluza, es una puritita mixtificación. El ‘Botiha’ camina paciente delante de nosotros -tirando de nosotros, más bien- que le seguimos renqueando y cambiando impresiones en una longitud de onda exclusiva y elegida por Hal para que no pueda sintonizarla, escucharnos y hasta intervenir en la conversación. “Sólo le digo una cosa, Dave: que tuvimos suerte de largarnos de allí justo a tiempo. De la órbita de Júpiter, digo”. El ‘Botiha’, entretanto, señala un arco de piedra de sillería y su voz se cuela en nuestros auriculares por un canal distinto al empleado por Hal y yo. “Bien. Aquí empieza el casco histórico riosecano”, nos explica. “Quiero llamar su atención primeramente sobre este añejo monumento cuyo primer milenario celebramos el año que viene”. Habla con tanta autoridad que no podemos menos que volvernos a mirar el extraño y pesado torreón cuadriculado, perforado por un enorme arco ojival. “La hermosa Puerta de Ajújar, señores”, exclama el ‘Botiha’ con extraordinaria solemnidad. “Trasladada piedra a piedra desde su emplazamiento original hasta Tycho hace ya cien años”. Hal y yo nos miramos con horror. “Hay que hacer algo”, lloriqueo. Hal está de acuerdo. “Hay que encontrar una enciclopedia y enterarnos cuanto antes de lo que ha pasado aquí”.


La sobria Puerta de Ajújar tal como era en el siglo XX.

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Una respuesta a La Puerta de Ajújar

  1. Agualuna dijo:

    Eso, eso, que quermos enterarnos todos.

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