Cristina Llanos en Dover

Este James es un ‘malaje’. Si lo que quiere es hacerme de sufrir y que me sienta mal, lleva camino de conseguirlo. Y me pregunto si se puede ser ‘metahumano’ (o lo que sea en lo que me haya convertido yo) y sentimental a la vez. Lo más sorprendente de James Hewitt es que la absurda situación en que nos encontramos no le desazona. Parece, incluso, divertirle. El terranova -’Jamaica’- dormita a sus pies y bosteza ruidosamente. Es un perrazo negro y lustroso que no parece haber pasado grandes penalidades en esta vida. No nos ve ni nos oye (a Hal y a mí) pero nos nota y James se agacha a acariciarlo con el brío de un almirante de la flota de Su Majestad. “Calla, ‘Jamaica’, no seas celoso”. Y prosigue. “Tiempos lamentables estos en los que se puede viajar en tren entre Londres y París. ¿A usted le parece normal, amigo Bowman?" A mí no me parece nada y hago un gesto ambiguo. Él suspira. "El fin de Britania”. Yo me digo que eso fue hace mucho y que lo que está empezando a acabarse a nivel mundial en estos cochambrosos tiempos de principios de siglo es otra cosa (además de mi paciencia). O sea que encuentro a James realmente mayor, a pesar de lo cuál me callo. Con los viejos no cabe discutir, sólo escuchar. Aunque hayamos podido compartir algunos días y francachelas de juventud, por culpa de este lío espacio-temporal, nos separan unos años. El gran momento de su vida fue la II Gran Guerra y yo no nací hasta mucho después: casi podría ser su nieto. Ajeno a mis tristes consideraciones, Hewitt prosigue su discurso de anciano alucinado. “Los continentales ya no necesitan soñar a la vista de los acantilados. Sólo tienen que tomar el tren en Paris Nord”, concluye. “Es todo una mierda” (‘bullshit’, ha dicho exactamente, muy en americano).

Por mi parte, me pregunto si James casaría finalmente con la chavala aquella de las ‘highlands’, MaryMcMary, o si ésta marchó con algún marinero chuleta de San Diego y otra fue la que acabó siendo su elegida (o eligiéndolo a él, más bien: ya se sabe que son ellas las que eligen… y nunca a quién más les conviene). En fin, que el amor es el único gran misterio de la existencia humana.

Sobre las cúpulas de la catedral de Dover, entretanto, Cristina Llanos se desgañita saltando para anunciar su amistad con el diablo.

¿Seré yo?

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6 respuestas a Cristina Llanos en Dover

  1. Siana dijo:

    Comandante: acaso el Almirante, Hal y Usted son etéreos? Tienen una existencia paralela en el tiempo, pero en realidad no existen? Lo digo porque como Jamaica no puede verles… Parece que falta una parte esencial en esta historia que proporcione la respuesta..

  2. Ambrosio dijo:

    La tendrás, hija mía. Tendrás tu respuesta. Y de existencia paralela, nada, reina. Existimos, ya lo creo. Lo que pasa es que Hal y yo (y sólo Hal y yo) lo hacemos dentro y fuera del tiempo (activando y anulando la gravedad, básicamente, merced a un descubrimiento físico que a comienzos del siglo XXI aún no se ha producido y que no detallo aquí para no aburrirte, pero de cuya existencia sabe James Hewitt -y más gente- gracias a que ya en los años 40 se detectaron los extraños movimientos acrobáticos por el espacio-tiempo de la caprichosita de la Princesa, un ser más o menos humano procedente del siglo XXVI con la misión de contactar conmigo, pero que goza enredando dd no debe, como por ejemplo pilotando \’spitfires\’). Todo este secreto del espacio-tiempo y sus posibilidades se me reveló a grandes rasgos en 2001, cuando me caí dentro de la \’Puerta de las Estrellas\’, la réplica gigante en órbita de Júpiter del TMA-1 hallado en la Luna por Heywood Floyd, ese cacho perro. Este mecanismo de entrada y salida en el tiempo (en el que se basa también la célebre \’teletransportation\’ de la \’Enterprise\’, que tan bien conocen los \’trekies\’) lo controla bien Hal, pero a mí me cuesta todavía hacerme a la idea debido a una especie de freno mental, residuo de las convenciones de mi vida anterior incrustada en el tiempo. Pero, paciencia, que ya se verá lo que se verá cuando tenga que verse. Quiero puntualizar, por último, que a mí todo este rollo en el que estoy metido me toca bastante las narices. Vamos, que ya se podían haber buscado a otro para iniciarle en los secretos de la nueva humanidad. Yo, francamente, pertenezco a la vieja y me habría gustado cortejar a una novia, pagar la hipoteca de una casa en las afueras, llenarla de chiquillos gilipollas y, en fin, engordar y envejecer apaciblemente sentado en un sillón de orejas leyendo a Séneca y a Tucídides y también los relatos de los viejos exploradores polares, ya sabes, Peary, Ross, Byrd, Nansen, Cherry-Garrard y gente así. Y, de vez en cuando, ver cine iraní y viejas películas de Kenji Mizoguchi y Angelopoulos. A mí esto de andar dando tumbos por el espacio-tiempo acosado por la CIA, la Princesa y gente así, vivir para siempre y salvar la Humanidad, como que no. Vamos, que ajo y agua.

  3. Siana dijo:

    Comandante! todo eso es muy confuso! Comprendo que eche de menos una vida mortal, salvo por lo del pago de la hipoteca, no sabe Usted cómo andan las cosas en el XXI en la tierra. Saltos temporales, gravedad desactivada, salvar a la humanidad??….Espero que pronto llegue esa respuesta.  

  4. Amalia dijo:

    Vuelvo de visita. Me gusta tu estilo a la hora de escribir. Esperaré la continuación…

  5. Amalia dijo:

    Soy yo otra vez. Me he dado cuenta que en mi anterior comentario salían los datos bastante anticuados. ESe bog que aparece está sin actualizar desde no sé cuándo. En fin, tengo que hacer cambios…
     
    Un beso.

  6. Agualuna dijo:

    Me alegra ver su blog tan animado. Saludos comandante.

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