Lo más sagrado que hay bajo el cielo y sobre la Tierra

James Hewitt saca una petaca de buen tabaco inglés y una pipa, a la que a simple vista es fácil adjudicar una larga e intensa existencia, ambos de la marca ‘Dunhill’. “Por favor, Bowman, eche un leño al fuego. Aquí, en Kent, la humedad es espantosa. Sobre todo a orillas del Canal”. Yo obedezco sin pensar, pero mi mano resbala de nuevo a través de la dura y tangible materia y el fantasma de la irrealidad y el sueño se apodera de mí otra vez. Es como si la realidad fuera una proyección holográfica, una fantasía, nada. Incapaz de hacer lo que me pide, giro la cabeza aterrado. “¡Es absurdo! ¿Cómo he traído la petaca? ¡Acabo de dársela!” De pie ante mí, James Hewitt me contempla apoyado en su bastón. “Ahora lo verá”. James se acomoda pesadamente en su sillón y se concentra en la pipa. “Hal, por favor”, dice dirigiéndose al equívoco mancebo que ahora encarna al robot, “¿sería usted tan amable?” E indica con la cabeza el escritorio, así como el grueso libraco que reposa encima.  El robot, impasible, asiente. “Como no, almirante Hewitt”. Y en un momento sin tiempo, el grueso tomazo está sobre las rodillas de Hewitt, que carga la cazoleta de la pipa con pequeños pellizcos de tabaco. “¡Por lo más sagrado del cielo y de la Tierra…!” exclamo. James prensa suavemente hebras largas y pálidas valiéndose de un sobado atacador de plata. “Lo más sagrado del cielo y de la Tierra es cargar una pipa como Dios manda. De eso sí que puede usted estar seguro, Bowman: se lo dice alguien que ha arriesgado la vida por Dios, por la Patria y por la Reina”.

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2 respuestas a Lo más sagrado que hay bajo el cielo y sobre la Tierra

  1. Agualuna dijo:

    Te está quedando muy bien esta aventura, me gusta, si me gusta. Besos

  2. Celadus dijo:

    Don Bow:
     es mi obligación hacerte saber que esta entrada, junto con las tres precedentes, me parecen de una exquisitez extraordinaria. Lo digo plenamente en serio. Una vez te comenté cuanto me divertía con tu blog y tus ocurrencias, cosa que sigo manteniendo, pero ahora descuro, además que eres capaz de escribir como los ángeles. Estos cuatro textos son auténtica literatura, me aprecen dignos de cualquier gran novelista y te revelan como un magnífico contador de historias. Al leerlos he sentido cierta calma inquieta, el ambiente cálido de la casa del almirante, con su chimenea, su manta y su perro…y el olor a tabaco de pipa. Pero además, los diálogos me parecen sublimes. Los textos tienen un ritmo que me encandilan, como cuando se mira el crepitar del fuego.
    Un saludo,
    Celadus.

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