Raro, pero raro, raro

“Hal, por dios. Eso es ridículo. Estamos incrustados en el tiempo como los peces en el mar. No hay vida fuera del tiempo. La eternidad no existe”. Hal suspira. “Qué canso es usted. ¿Va a hacer lo que le diga o no?” Tanto insiste Hal que accedo, más por aburrimiento que por curiosidad. Hal parece satisfecho. “Nadie va a sacarle a usted del agua. O sea, del tiempo. Pero podrá nadar en todas direcciones. Desde las profundidades abisales hasta las plataformas costeras”. Cuando Hal se pone metafórico me da la risa floja y él se mosquea. El robot que la Princesa llevaba en el cráneo debió comunicarle algo espectacular. O espeluznante. La revelación, en cualquier caso, versaba sobre nosotros, sobre Hal y sobre mí. Y la Princesa es una buena prueba.

¡Mira q era rara!

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