“Rula, Britania, feliz sobre las olas”

‘Rula, Britania, rula sobre las olas.
Nunca, oye, serán los britones esclovas’.

Menuda cursilería de letra, carambas, y perdón por la traducción, algo forzada para no perder la rima. Uno es muy amigo del ripio, como Anibal (no el Bárquida, el otro).

En cuanto a lo de traducir ‘to rule’ (que sería algo así como ‘mandar’, ‘ordenar’, ‘gobernar’, ‘regir’ y hasta ‘dirigir’) por ‘rular’, es porque este último palabro -’rular’- se me antoja expresivo: para gustos, los colores. Por lo visto es un galicismo importado al español -sabe dios cuándo y a cuento de qué- a partir del gabacho ’rouler’, literalmente ‘rodar’. Cierto que yo, una vez puesto en poetastro, podía haber optado directamente por ‘rodar’ (del latin ‘rotare’, según la RAE) o por el marinerísimo ‘rolar’ (del latino ‘rotulare’, siempre según la RAE, y que sería el palabro que entre los francos habría dado -digo yo- precisamente el actual ‘rouler’) pero a mí me gusta que las cosas ‘rulen’, o sea, que marchen (aunque sea la ‘Pérfida Albión’ la cosa). Y oye, al fin al cabo, ‘rular sobre las olas’ es estar sobre ellas, por encima de ellas y, a mi modo de ver, gobernar también sobre ellas.

Y en cuanto al neologismo ‘britones’ (de mi exclusiva invención) pues mira: otro capricho astronaútico.

Dios lo haga como sea: ‘¡traductor! ¡traidor!’ que dicen los italianos.

Una cosa que merece comentario aparte es la letra original de ambos versitos. Pura grandilocuencia decimonónica (que es en lo que se quedan los nacionalismos en el mundo del siglo XXI, un mundo interconectado y que, en la práctica, vive sin fronteras). Y es que la apelación a una patria soberbia y superior a todas las demás patrias posibles en el universo (más allá de la pura e inevitable sentimentalidad: hasta yo tengo un terruño infantil enganchado en una esquinita del corazón) suena a estas alturas un punto optimista -por no decir cerril- y, desde luego, en exceso minimal. Ya un joven don BENITO PÉREZ GALDÓS mostróse dudoso del nacionalismo como concepto en algún pasaje de su “Trafalgar” (primer episodio, paradójicamente, de sus ‘Episodios Nacionales’: paradójico don Benito, motejado de ‘garbancero’ por los airados chicos del 98).

Bueno, vale: pongámonos ahora en la novela. Cuando, tras la batalla, llega la noche y los barcos supervivientes buscan en las aguas de Cádiz a los marineros perdidos, resulta que las naciones y las patrias y las guerras y todas las grandes causas se diluyen en bellísimas disertaciones sobre la artificiosidad de tales divisiones y sentimientos. Es como si la oscuridad borrara estas imaginarias líneas de separación y no quedase más hermandad que la del mar indiviso: marineros franceses, españoles y británicos buscan marineros franceses, españoles y británicos. Indistintamente. Ya no hay distinción de lengua o patria: los barcos de la novela buscan meros naúfragos, como debió ser en realidad. Piénsese que uno de los (muchos) aspectos interesantes de esta novela (y de todos los Episodios Nacionales) es estar escrita desde una relativa proximidad a los acontecimientos. Es decir, que el autor debió contar, digo yo, con testimonios muy vivos y directos. Entre la batalla y la novela no hay ni setenta años, menos -por ejemplo- que entre el 18 julio de 1936 y el 18 de julio de 2008. Leídos hoy, estos fragmentos de la novela ‘Trafalgar’ resultan extraordinaria y sorprendentemente modernos. Y la novela en conjunto, una maravilla de precisión: ‘Galdiós escribía como dos’, que dejó dicho un ganso. En este punto razono para mí que habría que releer los ‘Episodios Nacionales’ desde una óptica nueva y desapasionada, despojados de la profusa y variadísima faramalla que se ha ido adhiriendo a nuestra imagen mental de los mismos durante los cien años -así, a ojo- que llevan escritos (y que se llevan leyendo).

Y tras estas disquisiciones -y después de atender a un chico galés que se ha perdido por la ‘Discovery’ y no sabe encontrar el camino del baño para volver al ‘Emperor of the Sea’- me meto en la cama.

‘Boas noites, Princesa’, me digo. ‘Allí donde te encuentres’.

Y me quedo sopa.

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2 respuestas a “Rula, Britania, feliz sobre las olas”

  1. Agualuna dijo:

    Cuanta sapiencia y buen discurrir, ¡si señor!. Me ha gustado, me ha gustado moito.

  2. Ambrosio dijo:

    Muchas gracias.

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