Bienvenido al espacio-tiempo, Bowman

“Tu mundo es muy primitivo, Bowman”. La Princesa habla como si yo fuera un neanderthal. “En mi mundo, por ejemplo, todo el mundo lleva en el bolsillo un robot como Hal: se venden en los ‘todo a cien’ y son muy prácticos”. Yo evito un bostezo: las fantasías animadas no me van. La Princesa hace como que no me ve y sigue con su rollo pijo. “El mío -mi robot- es un poco especial, te lo juro. O sea, un prototipo experimental que llevo implantado entre el cráneo y el cuero cabelludo”. Y se toca la cabeza. Por un momento creo que lo hace para indicar que está loca y que no me crea una palabra. Pero no. “Un modelo personalizado, que diríais vosotros: hecho a mi medida y tal". Más que del siglo XXVI, a veces parece venir de la calle Goya. "O sea. Lo controlo con las ondas cerebrales: con el pensamiento, literalmente. ¿No lo flipas, tío?”. Yo tengo la boca abierta: nunca había conocido a nadie tan imaginativo. Ella, cariñosa, me la cierra y sigue rajando. “Sabe, Bowman querido, que en mi mundo la utopía ilustrada ya es una realidad”. Con esta chica va uno de asombro en asombro. “Oye, Princesa, no soy más que un astronauta bastante bestia ¿de qué rayos hablas?”

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Una respuesta a Bienvenido al espacio-tiempo, Bowman

  1. Agualuna dijo:

    ¡Que cosas!

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