Consolando a la Princesa

Tras tanta intensidad, mimo a la Princesa. Le cuento cuentos, le canto nanas y le hago la manicura en los pies. Por alguna extraña razón, está obsesionada con sus pies, que son minúsculos, suaves, delicados y como de alabastro de Persia. Auténticos pies principescos de princesa de cuento y no de recio pirata dieciochesco capaz de saltarte media dentadura de una palmada. Yo me preparo todo el instrumental en una bandejita, le tomo el tobillo, le voy recortando las uñitas de gato, las limo cuidadosamente una a una y, por último, separo los dedos minúsculos con algodones y se las pinto mientras ella ríe de vez en cuando porque dice que le hago cosquillas.

Cosquillas, dice.
Eso quisiera yo.

Hacerle cosquillas.

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