Himno a la Alegría (por deferencia de Hal)

Dresde, la capital de Sajonia, vio a Schiller alumbrar su ‘Himno a la Alegría’: “¡Entonemos cantos placenteros, hermanos!” En una sola noche, en febrero de 1945, unos setecientos bombarderos Lancaster de la Royal Air Force redujeron Dresde a escombros. “¡Alegría, hermosa chispa de los dioses, hija del Elíseo!” Para destruir Desde, que el filósofo y pastor protestante Johann Gottfried Herder llamó ‘Florencia del norte’, bastaron unas dos mil toneladas de bombas, en su mayoría incendiarias, que mataron miles de personas en las calles y en las casas. Incluso en los refugios, porque aquella noche de dolor inmemorial se revelaron tan inútiles como los hormigueros en un incendio forestal. “¡Ebrios de ardor penetramos, diosa celeste, en tu santuario!” Una inmensa bola de fuego huracanada fundió el metal, succionó el oxígeno y convirtió la bella ciudad barroca en una sucursal del infierno. Un ensayo del Apocalipsis que deja la bestial descripción bíblica sobre la destrucción de Sodoma y Gomorra en inocente cuentecillo infantil. “¡Hermanos, sobre la bóveda estrellada tiene que vivir un Padre amoroso!” Esperémoslo. Para la canalla humana aún hay esperanzas: después del bombardeo de Dresde se produjo un conato de sublevación entre los miles de aviadores que habían participado en la increíble acción nocturna. Al enterarse de lo que habían hecho realmente aquella noche de pesadilla, de cual era la verdadera naturaleza del objetivo en pos del cuál habían cabalgado jugándose la vida a través del cielo nocturno de Europa, muchos quisieron morir enfrentándose a sus propios jefes. “Quien haya alcanzado la fortuna de poseer la amistad de un amigo, quien haya conquistado a una mujer deliciosa, una su júbilo al nuestro. Sí, quien pueda llamar suya, aunque sólo sea a un alma sobre la faz de la Tierra, que una su canto al nuestro”.

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2 respuestas a Himno a la Alegría (por deferencia de Hal)

  1. Celadus dijo:

    Lo más terrible es que no hemos aprendido nada, seguimos cometiendo las mismas atrocidades.
    Celadus.

  2. Ambrosio dijo:

    Ay, Celadus… Sí, más bien.

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