Días de tisana y arroz

La herida de la Princesa no es grave. Se limita a una brecha sobre la frente que se hizo al aterrizar contra la esquina de mi mesa de trabajo. Se la he cauterizado con una solución de lejía y la he suturado con sólo tres puntos. Después, con amor de madre, le he preparado un caldito de pollo muy sustancioso que se ha bebido en un decir jesús y se me ha dormido más de trece horas seguidas la tía. Yo, arrobado, la contemplo dormir y me digo que es bueno amar a alguien, así sea alguien tan machote, sudoroso y desapegado como esta princesita de cuento con alma de pirata antillano. Hal refunfuña. “Dave, se me usted usted amariconando”.

Tomo nota: tendré cuidado.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s