‘Spitfires’ sobre el Sahara

El Sahara es un desierto de unos quince o veinte mll años de antigüedad que hay en la Tierra. Al amanecer, las formaciones de ‘spitfires’ volando hacia el este, en dirección a El Cairo, constituyen uno de los más hermosos espectáculos que es dado disfrutar en África (junto con el apareamiento de las hienas en el Gorongoro y, quizá, la danza ritual de los watussi en Año Nuevo). No me pregunten como, pero la Princesa se ha unido a una escuadrilla de ‘spitfires’ británicos que sobrevuela el desierto en misión de patrulla. Hay que joderse con la que iba a por laurel. Con los dientes apretados y los cinco sentidos en tensión, la Princesa otea la redondez del horizonte buscando a sus enemigos, los temibles “stukas” del llamado ‘zorro del desierto’. ¡Erwin Rommel! La sola mención de este nombre mítico basta para que hombres curtidos encanezcan repentinamente. Pero la Princesita de cuento -que en otra vida fue un pirata de padre y muy señor mío fallecido de muerte natural en la horca del gobernador de La Martinica- aguanta como un macho aferrada (o aferrado, yo ya no sé) a los mandos de su ‘spitfire’. No niego que la situación me desconcierta, pero soy un recio astronauta de la NASA. “Señorita ¿se puede saber a que está jugando?” Y prosigo, haciendo acopio de aplomo. “Tengo la cocina hecha unos zorros”. La Princesa ni siquiera se vuelve a mirarme. “No me jodas, Bowman”. Semejante grosería me deja patidifuso y la sola de idea de joderla, desmadejado. “Señorita, por el amor de Dios: no he recogido una cocina en mi vida”. Una escuadrilla de ‘stukas’ del III Reich aparece por el noroeste, los ‘spitfires’ adoptan la formación de combate y se inicia un rifirrafe del copón. “¡Échate a un lado, Bowman!” chilla la nena. Las explosiones, los disparos y las sendas de las trazadoras estremecen mi alma. “¡Ostras de la China! Pero esto va en serio”. Un ‘stuka’ pica sobre mí. “¿Sabes que para ser un juego de rol parece muy real?” comento maravillado. El ‘stuka’ hace un ruido espantoso y me suelta un pepino. “¡Me cago en tus putos muertos, kartofen de los cojones!” grito. “¿No ves que soi neutral?” Neutral o no, el pelotazo me arranca el mono de astronauta, me tira al suelo y me deja sordo. “¡Por los clavos de Cristo! ¡Me han dado!” La Princesita pasa rasante junto a mí persiguiendo al criminal que ha intentado pasaportarme. “¡No es un juego, Bowman! ¡Estamos en Libia y hoy es 31 de octubre de 1941!”. Aterrado y en calzoncillos, me pongo de pie y salgo de naja llamando al robot. “¡¡¡¡¡Haaaaaal!!!! ¡Sácame de aquí! ¡Y sácame AHORA, me cago en todos tus tornillos!” Pero Hal está de back-up con su disco duro y no me hace ni caso. Afortunadamente se produce un milagro y sólo cinco minutos después me encuentro corriendo en deshabillé por el pasillo de la ‘Discovery’. Hal, sin dejar su back-up, me recrimina tanto desaliño. “¿De dónde sale, Bowman, con esa pinta? Hemos tenido un desajuste cronológico en bucle, pero ya lo he arreglado”. Y añade. “Nunca se entera usted de nada. Menos mal que estoy yo aquí…” Modesto, el cabroncete.
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Una respuesta a ‘Spitfires’ sobre el Sahara

  1. Agualuna dijo:

    Hilarante episodio, veo que con su princesa no se aburre sr. Bowman.Saludos

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