El espíritu del doce de febrero

Hoy ha venido a verme un fantasma. “Hola. Soy el espíritu del doce de febrero”, ha dicho. A mí los fantasmas no me asustan, pero me imponen respeto. “¿Y de donde sale usted?” El espíritu se ha inflado orgulloso. “Yo fuí muy importante en su día”. A mí, la gente, en cuanto empieza a presumir, como que me corta. “Ah ¿y cuándo fue eso?” El fantasma lleva un fino bigotillo entrecano sobre el labio, es chaparro y tiene orejas de soplillo. “Hace treinta y cuatro años. Justos: hoy es mi cumple”. Yo me encojo de hombros. “Ah, pues me parece muy bien. Alé, póngase cómodo y disfrute”. El fantasma se dedica a sembrar el caos por toda la Discovery con el pretexto de mantener el orden. “A ver ¿que hacen ustedes ahí?” Calvo vergonzante, camina muy erguido y tieso, y se dirige a los objetos con mucha autoridad, dándose importancia. “Disuélvanse. Pónganse allí. Esto es intolerable”. A mí, esto de que haya días con espíritu y otros sin él, me encocora. El de hoy parece don Mariano Rajoy. “¿Cómo que no hay problemas? Me parece usted un poco rojo: espere un momento, que me invento unos cuantos. Ya verá como los resuelvo con energía. ¡Aquí lo que hacen falta son hombres!” Este fantasma es un poco fantasma.
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Una respuesta a El espíritu del doce de febrero

  1. Agualuna dijo:

    Ups, que grima no?. Besos

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