Hal y Bowman en la Tamborrada

Anoche, el imbécil éste de robot que tengo aquí y un servidor se transmutaron en cocineros y se largaron a la inauguración de las muy ilustres “24 Horas de Tamborrada de Donosti”, fiesta absurda y divertida (como todas las fiestas) que se sustancia en txakoli, bidones a modo de tambores y mucha juerga. Como estaba previsto, y en un clima de lo más cachondo, a las cero horas el señor alcalde, ataviado de cocinero como ordena la tradición, izaba la bandera de la ciudad en la Plaza de la Constitución mientras el mítico Orfeón entonaba la emotiva Marcha de San Sebastián. Nada más concluir, se alzó al cielo un estruendo como el despegue de un cohete en Cabo Cañaveral. Decenas, tal vez centenares, de bandas de música secundadas por la percusión de entusiastas comparsas (“tamborradas” propiamente dichas) que integraban miles de cocineros y soldados napoleónicos armados con tambores y barriles (a modo de tambores) habían comenzado a interpretar por toda la ciudad las célebres marchas de Sarriegui. Cuenta la leyenda que a comienzos del siglo XIX los bravos y comilones donostiarras dispersaron un batallón de franceses que pretendía ocupar su ciudad. Y que no se valieron de más armas que el enloquecedor retumbar de sus ollas, pucheros, marmitas y barriles. Los aterrados invasores no pararon de correr hasta cruzar la cercana frontera asediados por un enfervorizado ejército de cocineros y marmitones armados de cazos, cuchillos jamoneros y morteros y rodillos de cocina. Para conmemorar tan heroica efeméride, hombres, mujeres y niños vestidos de soldados y cocineros de fantasía se dedican durante las veinticuatro horas del día del santo patrón (San Sebastián, como no) a llevar el ritmo de las marchas que compusiera un inspirado profesor de la Academia Municipal de Música, don Raimundo Sarriegui, entre las que se cuenta la celebérrima Marcha de San Sebastián, cuya letra escribió nada menos que don Serafín Baroja, padre del escritor Pío Baroja. Lástima de pancartas que el salvaje nacionalismo pedáneo que se disfruta por aquellas tierras había desplegado por toda la plaza y que enturbiaron la fiesta con siniestras, demenciales y demagógicas peticiones. Ya de vuelta, aquí en la “Discovery”, me pregunto que extrañas propiedades y poderes disfruto desde que en 2001 me caí a través de la Puerta de las Estrellas y que me permiten conculcar todas las leyes conocidas sobre el espacio-tiempo. ¿En qué rayos me estoy conviertiendo?Aquí, la marcha de San Sebastián:

Y unas foticos.
Un abrazo jupiterino

 

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Una respuesta a Hal y Bowman en la Tamborrada

  1. Agualuna dijo:

    Veo Dave, permiteme que te tutee, que tu vida no es tan enclaustrada y monotona como seria de esperar en un "Robison" espacial, no os perdeis ni Hall ni tú, ningún acontencimiento importante.
    Gracias por explicar el origen de la fiesta, y que los de siempre no te amarguen la colorista celebración. Gracias por tus animosos comentarios en mi espacio. Saludos desde este lugar imposible que habito, después de todo, un reflejo lunar en el mar es un refugio muy dificil de habitar para mentes demasiado pragamaticas.

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