“En la soledad del vacío cósmico, un suspiro de Dios equivale al nacimiento de mil mundos” (Carl Sagan)

La certeza de no ser más que personajes sin autor -dos sombras en busca de un destino incierto, falso y decididamente utópico- nos coloca a Hal y a mí, en la práctica, al borde del suicidio. “Sólo sé de dos personas a las que tú y yo les importemos algo, Hal”. El robot se pone serio, que en él es ponerse metálico. “Pues dígamelas: a mí no se me ocurre ninguna”. Y suspiro con un subidón metafísico. “Yo y tú, Hal, alma de cántaro. ¿No lo ves?”
Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s