Un día de cólera

La princesita espacial aparece con la cabeza hundida en un libro que debe ser apasionante. Al llegar a mi altura levanta el puño, se toca la frente con los nudillos -al modo de los marineros ingleses en las películas de época- y exclama, castiza y flamenca, sin molestarse en mirarme. "Susórdenes". Tanta displicencia me pone de mal café, pero me aguanto. "¿Son amigos tuyos los tíos esos de rojo?" Ella cierra el libro de golpe. "Ay, Bowman, que bruto eres". El robot emite un ruido, pero no dice nada. Yo carraspeo y ella se rie. "Sí, y tuyos. Y del Microcircuitos éste”. Y toca amorosamente la marquetería que rodea el ojo de Hal. Después prosigue. “Son hombres y mujeres santos, amigos de todo el mundo. Y muy majos. Forman una especie de secta. Filosofan y dialogan sobre los temas más peregrinos, aportan grandes conocimientos al Universo y adoran a Alatriste, cuyas andanzas y enseñanzas andan en seis libros sagrados. Reverte es su profeta: no el de la novia. Otro". De la esquina de babor del puente llega un ruido como de cánticos acompañados de chirimías, campanillas y rabeles. “¿Qué es eso?” Y como respondiendo a mi pregunta, una procesión de individuos heterogéneos, ataviados todos ellos con camisetas rojas en las que luce una inscripción enigmática -“no queda sino batirnos”- irrumpe en el amplio compartimento. Hay hombres y mujeres, viejos y jóvenes, rubios y morenos, altos y bajos y todos cantan batiendo alegremente sus instrumentos. “Alatriste, Alatriste, ala, ala, Alatriste. El Reverte, el Reverte, grande, grande el Reverte”. Jack, feliz, me da el libro y se va con ellos tocando los bongos. Cuando la procesión desaparece, parece que camino de la zona de descompresión, me dejo caer abatido en mi sillón de comandante. “Hal, o salimos de la órbita de Júpiter o acabaremos por enloquecer”. Y el robot, con aire siniestro “Enloquecerá usted”, se carcajea. “Yo ya lo hice”. Y se pone a canturrear por todos los altavoces de la cosmonave. “Alatriste, Alatriste, ala, ala…” Entonces reparo en el libro q leía Jack. “Un día de cólera”, se titula.

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