La Princesa Errante

Parece que Jack se nos va. Llevaba días mohíno y retraído y ayer me lo dijo. Para mi sorpresa, me llevé un disgustazo, pero no se lo recriminé. Su audacia sin límites, su espíritu libre y aventurero y su capacidad de iniciativa, que lo hacen adorable, le imposibilitan también seguir aquí. ¡El tío se ha fabricado un extraño artilugio que puede llevarle al límite del Universo! Esta mañana se lo he enseñado a Hal. “¿Qué te parece? Jack se nos va. Fíjate que cápsula tan cuca ha pergeñado el guaje…” El robot, aunque frígido, está programado para aparentar verdaderas emociones. Parece un comercial. “¿Qué me dice? Es monísima. Y también es una verdadera pena que se vaya esa criatura, la verdad. Aquí tiene un hogar, unos padres: yo, que soy un verdadero padre para él, y usted, qué es como su madre: todo el día dándole la brasa. Aunque, si me permite, se veía de venir….” A Hal le encanta hacerse el interesante, lo cuál me repatea bastante, pero me hago el loco. “Ah, ya lo habías notado”. Hal engola la voz. “La nuestra no es vida para un chico. Y menos para Jack: es un jovencito ambicioso, inquieto…” Hal me irrita. ¡Qué sabrá esa montaña de microcircuitos recalentados! Y tamborileo nervioso con los dedos sobre el cuadro de mandos. “Veo que también tú has aprendido a apreciarlo”. El imbécil de Hal suspira como un enamorado. “A ver… Tiene un gran futuro ¿y qué hace aquí, enterrado en la órbita de Júpiter? Aguantándonos a nosotros, encima. Especialmente a usted, que es un plasta”. En eso lleva razón. Y asiento. “Nada. Pero te voy a contar un secreto: no es un chico”. La sorpresa es que a Hal semejante notición no le da frío ni calor. “Ya me le barruntaba yo…” Esta máquina estúpida ya no sabe como hacerse la interesante. Y le corto el rollo: o me tiene aquí hasta mañana. “En realidad es chica, sí, señor: una princesa errante en busca de su reino… se viste de chico y se hace pasar por pirata para disimular”. Hal, a veces, parece mi tía abuela Harriet, la de Arkansas. “¡Jesús, María y José! ¡Qué cosas, Dave! Más que en una novela de Clarke, parece que estemos en Star Wars…” Yo me pongo tierno. “Si lo llego a saber, no lo trato tan duramente”. En el fondo soy un sentimental. Y un blando. Hal lo sabe y, como siempre que me vé blandito, me alza la voz. “Lo que es usted es un cardo. A una princesa hay que contemplarla, adorarla y alabar su belleza. ¡Mira que es fácil!” Yo vuelvo a suspirar. “Y responder siempre a sus preguntas. Y más a Jack, que es periodista”.
A Hal le pone de mal café que yo esté más triste que él. “Ahora no irá a echar de menos al chico. Bueno, a la chica…” Qué pregunta tan idiota. Claro que la voy a echar de menos. “Yo siempre echo de menos a la gente legal, Hal. Jack, además, es sensible, educada…” Ahora es Hal el que me interrumpe. “¡Y muy lista!” Yo jugueteo tontamente con la navecita de Jack. “Claro ¿o no ha fabricado esta nave de propulsión iónica?” Hal tose ruidosamente y apaga las luces de la `Discovery´.”Sí, y en ella se va a largar. ¡Siempre tiene usted que cagarla, jefe! Buenas noches, Dave”. Yo suspiro en la oscuridad. “Buenas noches, Hal”. Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz
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