La pelotita de Jack

Por aquí arriba, todo bien. Me agrada la compañía de Jack (aunque sea un revoltoso y me ponga la "Discovery" hecha unos zorros). La verdad es que esto empezaba a parecer el apartamento de un soltero maniático y necesitaba vidilla. Y los chiquillos tienen esa virtud… si es que no te vuelven loco en el camino. Con un crío en casa no hay manera de tener el piso en plan "fashion. O sea, tipo" La Maison de Marie Claire". Ya quisiera yo ver esas casas tan periquitinas y tan guay que tienen los que están en la pomada y que enseñan en las revistas. "Hoy, en casa de Mariquita Footcock, arquitecta de interiores". Con un solo chiquillo en casa se va el glamour a freir espárragos. De cualquier modo, le he dicho que para jugar a la pelota es mejor que se baje a la cámara de las cápsulas, que ahora está medio vacía, y que allí juegue todo lo que quiera sin joderme los aparatitos del puente de mando, que son muy finos y los necesito para mantener la orientación con la Tierra, que a esta distancia cuesta un güevo. Se ha enfurruñado un poco, pero se ha bajado y se ha puesto a pelotear. Clonc, clonc, cataclonc, clonc, clonc. Los rebotes de la pelota hacen temblar la chapa y se escuchan en todo la nave. Una musiquilla rítmica y alegre que le da a esto el aire de una casa de vecindad. Hal, que es un robot capullo y cotilla, me nota más feliz. "Es usted un sentimental, Dave".
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