Inspección

Las cosas que pasan en el espacio no hay un dios que las entienda. Esta mañana había un inspector de Hacienda en el corredor de fijación del rumbo. “Buenos días. Me llamo Juan Callahan. ¿Podría ver sus libros?” Tonto de mí, le he dado carrete. “Buenos días. David Bowman. Encantado. ¿Qué dice usted que quiere ver?” El hombre, de unos treinta y cinco años y cara de grillo, ha sonreído y ha insistido en lo de los libros. “Que si me deja ver sus libros”. Yo, intentando ser amable, le he traído el cuaderno de ruta, que es el único libro que tenemos a bordo, un ladrillo de doce mil páginas, una para cada día desde que salimos de la órbita terrestre. HAL edita cada mañana una página nueva con los pormenores del viaje: posición, estado de los filiburcios, gastos de combustible, situación de las reservas, composición de la atmósfera interior, en fin, esas cosas: un tostón. Pero el inspector lo ha estado hojeando ¡durante cinco horas! Si un día encuentro un windsurfista en el retrete, le deseo buenos días… y me voy al otro cuarto de baño.
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