Pure perfection

Me estoy haciendo viejo aquí arriba yo solo. HAL canta últimamente unas extrañas canciones hawaianas acompañándose de un ridículo "ukelele". Además se me ha caído un huevo. Empezó poniéndose azul, después ennegreció y, finalmente, necrosó. En el siguiente acto desprendióse sin dolor ni alaharacas. Lo he envuelto en plásticos y lo he guardado en la nevera por si en algún momento sirve para algo, siquiera sea a los beneméritos investigadores que en el futuro estudien los dramáticos acontecimientos acaecidos en este pecio. Para entonces puedo haberme convertido en una extraña criatura de luz: una especie de mente consciente alojada en una minúscula radiación. Menudo rollo. Cuando era chico soñaba con vivir para siempre; ahora me da fiebre pensar siquiera en semejante posibilidad. Sólo HAL puede llevar una vida sin muerte, para siempre y soportada en la misma infraestructura que ahora tiene. Aunque, claro, será a costa de su estabilidad mental: ya saben, el desgaste de material. Si de algo me ha servido este viaje es para darme cuenta de que lo perfecto es enemigo de lo bueno: la perfección, simplemente, no existe. Y si no, mirad este curioso personaje fotografiado hace unos meses en las calles de una importante ciudad europea.
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